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Reforma laboral: entre la modernización necesaria y el riesgo de repetir errores

La reforma laboral puede ser una herramienta poderosa o un error costoso. No depende del título del proyecto, sino de su contenido y de su espíritu.

Cada vez que la Argentina discute una reforma laboral, el debate se polariza.

Cada vez que la Argentina discute una reforma laboral, el debate se polariza.

Archivo MDZ

Cada vez que la Argentina discute una reforma laboral, el debate se polariza: para algunos es la llave del crecimiento; para otros, una amenaza a derechos históricos. Esa simplificación no ayuda. El problema —y la solución— son bastante más complejos.

El mercado de trabajo argentino arrastra déficits estructurales: alta informalidad, litigiosidad excesiva, costos que desalientan la contratación y normas pensadas para un mundo productivo que ya no existe. Negarlo es cerrar los ojos. En ese punto, la reforma aparece como una oportunidad necesaria y en algunos casos, imaginaria.

La reforma laboral vuelve al centro del debate público. Entre sus potenciales ventajas, hay tres claras:

  • La posibilidad de reducir el alto índice de litigiosidad, que hoy estamos en promedio en 70 mil juicios laborales por año (casi 5.800 juicios por mes), achicar la brecha dispar entre empleador y dependiente con la incorporación de la cuarta revolución industrial de la mano de la tecnológica hará una relación más apacible reduciendo a consecuencia los juicios en nuestro país. reducir.

  • Dar previsibilidad al empleador, especialmente a las pymes, motor de la economía, que enfrentan un sistema en el que invertir y producir suele percibirse como un costo enorme en nuestro país.

  • Actualizar instituciones laborales para un mercado atravesado por la tecnología, las plataformas y nuevas formas de organización del trabajo, acompañando de la justicia laboral renovada y ágil.
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La posibilidad de reducir el alto índice de litigiosidad, que hoy estamos en promedio en 70 mil juicios laborales por año.

La posibilidad de reducir el alto índice de litigiosidad, que hoy estamos en promedio en 70 mil juicios laborales por año.

Los riesgos latentes

Hasta ahí, el diagnóstico es correcto. El riesgo aparece cuando la reforma se transforma en un eslogan o en un atajo. La experiencia argentina muestra que flexibilizar por sí solo no crea empleo, y que debilitar derechos sin una política económica consistente solo genera mayor precariedad y conflicto judicial.

Entre las desventajas posibles, hay que señalar algunas con claridad: trasladar el riesgo empresario al dependiente, erosionar la protección sin generar incentivos reales para contratar y diseñar normas ambiguas que terminan multiplicando los juicios en lugar de reducirlos. Y lo peor, eliminar una institución, como la indemnización por despido, por un seguro que detrae 100 años de luchas laborales.

Una reforma laboral eficaz no se mide por la cantidad de artículos que elimina, sino por su capacidad de crear un mejor vínculo entre las únicas dos partes del contrato laboral, dependiente y empleador. Para eso se necesita técnica legislativa, diálogo social y realismo económico. No alcanza con consignas ni con soluciones importadas sin adaptación local.

¿Parte de la solución o error repetido?

Todo depende de si se la piensa como una política de empleo o como una bandera ideológica. Modernizar no es destruir el derecho del trabajo, sino actualizarlo sin perder su razón de ser: equilibrar una relación desigual. Si solo promete resultados rápidos, el mercado laboral —una vez más— terminará pagando el costo.

Lo que, si dejamos claro es que una reforma laboral, en cualquier parte del mundo, no genera empleo, para nada. Si se quiere aumentar el empleo genuino en nuestro país, que hace 20 años que no crece, se necesitan reformas del sistema impositivo que enfrentan los empleadores a la hora de contratar. Con una reforma laboral, aplacas el vínculo y lo modernizar a lo que el futuro del trabajo exige al trabajo.

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Con una reforma laboral, aplacas el vínculo y lo modernizar a lo que el futuro del trabajo exige al trabajo.

Con una reforma laboral, aplacas el vínculo y lo modernizar a lo que el futuro del trabajo exige al trabajo.

La reforma laboral puede ser una herramienta poderosa o un error costoso. No depende del título del proyecto, sino de su contenido y de su espíritu. En este tema, la prudencia no es conservadurismo: es responsabilidad.

* Dr. Juan Pablo ChiesaEspecialista en empleo e IA aplicada al mercado laboral