Pymes: duro informe de una cámara empresaria sobre la situación de las empresas
La pérdida de competitividad, la suba de costos y la caída de la demanda ya está provocando serios problemas en el sector de las pymes.
Durante años la pyme argentina fue una sobreviviente profesional, produjo sin crédito y resistió crisis recurrentes.
El presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, denunció este jueves que desde el inicio de la actual gestión de gobierno de Javier Milei cerraron más de 30.000 empresas en sectores considerados de calidad, responsables de generar empleo privado registrado.
Advirtió además que, si no se abre un diálogo orientado a mejorar las condiciones de competitividad industrial, se consolidará “una segunda etapa de extinción de fábricas, que ya se desató, pero que se sostendrá durante todo el 2026”, como consecuencia de lo que definió como la profundización de un plan antiindustrial aplicado por la administración económica.
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Rosato expresó una “fuerte preocupación” tras analizar las últimas estadísticas elaboradas por el Observatorio IPA. Según esas cifras, “el industricidio que las pymes habían denunciado entre 2019 y 2023 quedó apenas como una anécdota”, ya que las 25.000 fábricas que cerraron en esos cuatro años fueron superadas en apenas dos años de gestión actual, con casi 30.000 empresas cerradas hasta noviembre pasado, a las que se sumarían muchas otras que bajaron sus persianas durante el verano.
Cierre de empresas
De acuerdo con el dirigente, las perspectivas a futuro son aún más negativas. Señaló que, según el diálogo que mantienen con empresarios de todo el país, numerosas fábricas sostuvieron su actividad hasta donde pudieron, confiando en los resultados prometidos por el Gobierno, pero quedaron sin margen ante la caída del consumo, la apertura indiscriminada de importaciones y una presión impositiva que “hunde a quienes invertimos día a día en el país”.
El titular de IPA subrayó además que el cierre de una empresa excede cualquier lectura numérica: “Para el dueño de una pyme, bajar la persiana no es el resultado de un frío análisis financiero, sino el quiebre de un proyecto de vida. Adentro de las fábricas hay horas de esfuerzo, sueños, familias y colaboradores que crecieron a la par de la producción. Perder esto es la resignación absoluta de tener que esperar la hora de un cierre inevitable ante la falta de un Estado que promueva la industria”.
Rosato alertó sobre el crítico estado que atraviesa la actividad productiva y atribuyó la inacción oficial a “un modelo económico que asfixia deliberadamente al entramado nacional y provoca una destrucción sistemática de pymes” con el objetivo de reemplazarlas por productos y mano de obra extranjeros.
Industricidio
Aseguró que el país enfrenta “una etapa superior al industricidio ya atravesado” y afirmó que, si no ocurre un cambio en la orientación del Gobierno, “vamos a comprobar que no hay inoperancia, ni tampoco un programa de transición destinado a equilibrar las variables económicas para poner a todos en la misma línea de competitividad; por el contrario, se está aplicando lisa y llanamente un plan para matar a las pymes industriales, provocando el derrumbe del empleo y atentando contra el trabajo de los argentinos”.
El dirigente agregó que la historia de las fábricas argentinas, muchas originadas en el esfuerzo de generaciones anteriores, se encuentra bajo una “amenaza letal”. Cada día sin medidas de contención estatal implica la desaparición de una nueva pyme “que debería ser el futuro de nuestros hijos”.
El panorama descrito por el sector encuentra sustento en el último informe del Observatorio IPA, dirigido por el economista Federico Vaccarezza. El documento señala una creciente disociación en la economía, donde el superávit comercial y la acumulación de reservas conviven con una recesión estructural que golpea de lleno al núcleo productivo. En los últimos 24 meses, el número de empresas retrocedió en 29.180, confirmando una tendencia contractiva persistente.
Capacidad instalada
La desarticulación del tejido industrial se evidencia también en el uso de la capacidad instalada (UCI), que cayó al 53,8% en diciembre, situando a la industria en niveles de subutilización comparables a los de la cuarentena de 2020.
El informe señala que sectores clave operan por debajo de su nivel de eficiencia y advierte que este escenario de “plantas vacías” anticipa un riesgo inminente de cierres definitivos y pérdida de empleo calificado, dado que la escala actual de producción resulta insuficiente para sostener estructuras intensivas en capital frente a la competencia importada.
A esto se suma la debilidad del mercado interno, afectado por la inflación impulsada por alimentos y servicios, lo que expone una subestimación de las proyecciones oficiales y sitúa el “piso real en la zona del 35%”.
El análisis de Vaccarezza indica que el consumo se encuentra un 9% por debajo de sus niveles históricos y que el escenario de 2026 apunta hacia un estancamiento crónico, consolidando un mercado más pequeño, más empobrecido y sin capacidad de reacción.

