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Pago mínimo o refinanciación de la tarjeta de crédito: la decisión que puede hundir o salvar la economía familiar

El mínimo que sale carísimo: pagar poco de la tarjeta de crédito o refinanciar la deuda, qué conviene en la Argentina de la mora récord.

Pagar el mínimo, mes tras mes, no es una estrategia.

Pagar el mínimo, mes tras mes, no es una estrategia.

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Cada mes, millones de argentinos se paran frente al resumen de la tarjeta de crédito y toman la misma decisión sin saber que están tomando una decisión: pago mínimo y seguir, o llamar al banco y conseguir una refinanciación. Parece un trámite meno, pero no lo es. La diferencia entre una y otra alternativa, sostenida en el tiempo, puede ser la diferencia entre salir del pozo o quedarse ahí durante años.

El contexto no ayuda. Según el Banco Central, la morosidad de las familias pasó del 2,5% en octubre de 2024 al 11,2% en febrero de 2026, se cuadruplicó en dieciséis meses y tocó el nivel más alto desde 2004, de acuerdo con la consultora 1816. Dentro de esa mora, las tarjetas de crédito acumulan una irregularidad del 11,6% en el sistema bancario. Fuera del sistema bancario, el número asusta: Tarjeta Naranja registra 35,7% de mora, Cencosud 25,5%, Credicuotas Consumo 25,4%. No es un problema de algunos pocos desordenados, es un problema estructural; y la pregunta “¿Pago el mínimo o refinancio?” dejó de ser una curiosidad de manual de finanzas personales para convertirse en una decisión cotidiana de la clase media argentina.

¿Qué pasa si pago el mínimo de la tarjeta de crédito?

Empecemos por lo que casi nadie calcula: cuánto cuesta realmente pagar solo el mínimo. Ese número que suele rondar entre el 5% y el 10% del saldo da la sensación de estar al día, porque la tarjeta no se bloquea y el resumen figura como pagado. Pero el resto de la deuda queda financiado a una tasa que, según la entidad, ronda entre el 90% y el 105% de Tasa Nominal Anual, con una Tasa Efectiva Anual que en muchos bancos supera el 150%. Si sumamos IVA y comisiones, el Costo Financiero Total (El CFT que todos deben mirar) puede llegar al 200% o 300% anual. Y si ni siquiera se llega a pagar el mínimo, se activa un interés punitorio adicional de alrededor del 20%. Pagar el mínimo, mes tras mes, no es una estrategia, es dejar que la deuda crezca en piloto automático mientras uno tiene la ilusión de estar cumpliendo.

Empecemos por lo que casi nadie calcula, cuánto cuesta realmente pagar solo el mínimo.

Empecemos por lo que casi nadie calcula, cuánto cuesta realmente pagar solo el mínimo.

¿Qué implica la refinanciación?

La refinanciación es otra cosa, aunque tampoco es magia. Consiste en tomar el saldo impago y convertirlo en un plan de cuotas fijas, generalmente entre 24 y 60 según el banco, con una tasa que, aunque también es alta, suele ser bastante más baja que la del revolving de la tarjeta. El Banco Nación, por ejemplo, ofrece tasa fija durante todo el plan para clientes con atrasos de entre 7 y 85 días. El Banco Provincia informa una Tasa Nominal Anual Vencida del 81,48% y un Costo Financiero Total del 119,97% para sus líneas de refinanciación, sensiblemente por debajo del CFT de una tarjeta impaga.

La ventaja es clara, porque se ordena la deuda, se sabe exactamente cuánto se paga cada mes y se corta la bola de nieve de intereses sobre intereses. La desventaja, que muchos no leen en la letra chica, es que el límite de compra disponible se reduce, y que refinanciar no borra un peso de deuda, solo la reacomoda a un costo total que, si no se compara bien, puede terminar siendo mayor al que se tenía.

¿Qué es mejor: refinanciar o pagar el mínimo?

Ahí está mi primera recomendación como abogado que además liquida sueldos todos los meses en la consultora que dirijo con mi esposa: antes de aceptar cualquier refinanciación, no mires la cuota, mirá el monto final. Un banco te va a ofrecer la cuota que entra en tu bolsillo, no necesariamente la que más te conviene. Y compará siempre esa oferta con un préstamo personal o un crédito prendario, que en la mayoría de los casos tienen una tasa más baja que la financiación de tarjeta, aunque exijan más trámite.

Hay un escalón más, para quien ya está en mora de dos o tres meses y la refinanciación del homebanking ya no le sirve, la reestructuración. Ahí no se negocia cómo pagar, sino cuánto de esa deuda es realmente pagable, con quitas y esquemas nuevos, generalmente negociados directamente con el banco o con el estudio jurídico al que se derivó la cobranza. Es un borrón y cuenta nueva más agresivo, pero deja una marca en el Banco Central durante 24 meses que complica acceder a nuevo crédito. Nada es gratis.

Un banco te va a ofrecer la cuota que entra en tu bolsillo, no necesariamente la que más te conviene

Un banco te va a ofrecer la cuota que entra en tu bolsillo, no necesariamente la que más te conviene

Mi opinión, con los números en la mesa, es que pagar solo el mínimo como plan de largo plazo es la peor decisión posible, porque a esas tasas la deuda no se licúa, como sí pasaba en las décadas de alta inflación, cuando el paso del tiempo le hacía el trabajo al deudor sino que crece en términos reales, porque hoy la tasa de interés le gana a la inflación.

Refinanciar, en cambio, tiene sentido, pero solo si se hace temprano, antes de los 30 días de atraso, cuando las condiciones son mejores, si se compara el costo total contra otras alternativas de crédito, y sobre todo si viene acompañado de un cambio real en el uso de la tarjeta. Refinanciar sin dejar de gastar con el plástico no es una solución, es realidad es patear el problema unos meses, con intereses de regalo.

Cada mes veo mas la otra cara de esta estadística, gente que llega a fin de mes gracias a la tarjeta, no a pesar de ella. Para esas familias, la pregunta no es teórica, sino es la pregunta que decide si en dos años están más livianas o más hundidas las cosas.

* Juan Pablo Chiesa. Economista.