Milei y Caputo aguardan una señal del FMI en medio de la presión por las reservas
El Board del FMI trataría en la segunda quincena de mayo la revisión del acuerdo con Argentina, que podría liberar US$1.003 millones para reforzar reservas y cubrir vencimientos.
Javier Milei y Luis Caputo con Kristalina Georgieva.
Arrancan 15 días clave para que llegue una buena noticia desde Washington. En las próximas horas debería confirmarse en el cronograma del Fondo Monetario Internacional (FMI) la reunión del Board del organismo en la que se tratará el caso argentino, luego de que en el encuentro del 30 de abril el directorio se concentrara en las consecuencias de la guerra en Medio Oriente.
Según los datos que llegan a Buenos Aires desde la capital de los Estados Unidos, el caso por la aprobación de la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado en abril del año pasado, y que debería liberar unos US$1.003 millones por haber aprobado (con waiver) el ejercicio 2025, sería el próximo tema para tratar desde la repartición de máxima autoridad dentro del organismo. Y, teóricamente, en la segunda quincena del mes el encuentro debería concretarse. No sería esta semana, pero sí la próxima. Al menos en principio.
Para el país, de alguna manera, es una buena noticia, si se tiene en cuenta que para el próximo jueves 14 se espera que se anuncie la inflación de abril de 2026, que debería llegar con una mejora en cuanto al porcentaje de incremento de los precios en comparación con marzo pasado. Según las estimaciones previas, estaría rondando el 2,5%, casi un punto porcentual menos que marzo pasado. Número alto, pero suficiente para que el Board vea que la principal variable de la economía real está volviendo a niveles de control.
El caso argentino ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) iba a ser tratado por el directorio del organismo que maneja Kristalina Georgieva el pasado miércoles 30 de abril. Para ese día estaba programada la última reunión del máximo tribunal del gran prestamista y auditor mundial, donde se iba a tratar un problema extremo: la guerra en Medio Oriente y sus consecuencias en la economía mundial, con especial foco en los efectos inflacionarios y recesivos por el incremento del precio de los combustibles. Si bien en la agenda de apertura el Facilidades Extendidas no era parte del cronograma, había cierta expectativa de que el caso se tratara como apéndice, dado que la dirección para el Hemisferio Occidental ya había recomendado a comienzos del mes pasado la aprobación de la segunda revisión. Sin embargo, los temas por el incremento del petróleo y el gas cubrieron todo el debate de la reunión y el caso argentino se pospuso sin fecha fija. Por esto hay expectativa de que, ahora sí, la recomendación para la aprobación de la revisión al país llegue al directorio.
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La tardanza no resultó gratis para el país. Argentina tuvo que pagar, con la ayuda de Estados Unidos (que le vendió DEGs, la moneda del Fondo, más barata), el vencimiento de los US$830 millones correspondientes al cumplimiento de los compromisos financieros fijados por el Facilidades Extendidas. Originalmente, la intención del Quinto Piso del Palacio de Hacienda era la de enfrentar este compromiso con el pago de los US$1.003 millones que el FMI tenía comprometidos con el país por haber cumplido con las metas y objetivos del ejercicio 2025. El aval al ejercicio del año pasado fue otorgado waiver mediante (Argentina no cumplió, ni cerca, con la obligación de recuperar unos US$8.000 millones en reservas), durante los encuentros que en la segunda semana de abril mantuvo en Washington el ministro Luis “Toto” Caputo con los embajadores del Gran Hermano.
El encargado del caso argentino, Luis Cubeddu; el gerente para el Hemisferio Occidental, Nigel Chalk; y la propia Kristalina Georgieva cerraron (algo tardíamente) con el equipo económico el 2025 y le dejaron preparado al Board el paper para la aprobación final de esta segunda revisión general. La que, una vez aprobada por el directorio, liberaría el dinero correspondiente para la Argentina. Como se dijo, esos algo más de 1.000 millones de dólares servirían para cubrir el pago correspondiente al último día hábil de abril. Y, además, quedarían unos dólares para la gran meta del mes pasado para el Quinto Piso: llegar a un nivel de reservas por arriba de los 46.000 millones, acompañando el ritmo de compras de dólares del Banco Central. Era una de las noticias más esperadas por el equipo de Caputo, en momentos en los que los datos que llegan, especialmente de la economía real, son chúcaros para mostrar que todo marcha de acuerdo al plan. Cree firmemente el Quinto Piso que, cuando la información de mayo empiece a funcionar, el optimismo volverá.
Mientras tanto, el FMI espera que desde mayo mejore una variable que mantiene la preocupación. La recaudación real sigue sin funcionar. Argentina se comprometió ante el Fondo Monetario Internacional a continuar durante el 2026 sosteniendo una de las metas básicas del acuerdo de Facilidades Extendidas, comenzando con un superávit fiscal primario de 1,4% del PBI. Serían unos 6.200 millones de dólares de ahorro primario durante todo el ejercicio; cuando, según informó el Ministerio de Economía, durante los primeros tres meses del año se acumuló un superávit primario de aproximadamente 0,5% del PIB y un superávit financiero de aproximadamente 0,2% del PIB.
La velocidad de ahorro parece conveniente. Sin embargo, la evolución negativa de la recaudación impositiva contra la inflación pone en duda la meta. El Quinto Piso del Palacio de Hacienda debe trabajar en la aplicación durante el 2026 del esquema del 2024, basado en el símbolo “Licuadora y Motosierra”. Esto es, bajar el gasto con una doble combinación. Aplicar, primero, una reducción directa del gasto público cercana al 2% en cada área de gestión administrativa, instrucción que el propio Luis “Toto” Caputo difundió entre sus colegas ministros con el aval personal de Javier Milei. Es la llamada “Motosierra”. Sin embargo, también se está aplicando una licuación de parte del gasto al congelar el nivel de erogaciones (fundamentalmente salarios) en un esquema inflacionario que, necesariamente, implica una contracción del gasto ante una mejora de la recaudación (aunque sea nominal) por el incremento de los precios. Es la denominada “licuadora”. Solo así se podrá llegar a ese nivel de superávit. Salvo que la actividad de la economía real reaccione, el consumo crezca, la construcción levante y la industria manufacturera vuelva a prender las máquinas.

