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La morosidad bajo la lupa: ¿es culpa del BCRA o de la economía?

Analistas hacen hincapié en los retrasos en los pagos de los créditos otorgados a las familias, pero la morosidad alcanza también a las empresas.

En los últimos meses vino subiendo el índice de morosidad de los bancos llegó en diciembre al 9,3% para individuos y al 2,5% para empresas.

En los últimos meses vino subiendo el índice de morosidad de los bancos llegó en diciembre al 9,3% para individuos y al 2,5% para empresas.

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Día a día crece el debate por la morosidad en préstamos bancarios y entidades no bancarias, muy sesgado hacia lo que ocurre entre las familias y se soslaya otros sectores. Los datos públicos y sintetizados por el Banco Central (BCRA) muestran que, a diciembre de 2025, el ratio de irregularidad de préstamos a familias ascendió a 9,3%.

Esto representa casi 12% en préstamos personales y casi 9% en tarjetas de crédito, lo cual es un máximo en este segmento. Sin embargo, la irregularidad de las empresas mostró un valor significativamente menor (2,5%, sobresaliendo el 4,7% de los préstamos al sector construcción).

“Este número relativamente bajo contrasta con lo que referentes de distintas entidades bancarias comentan: les está intranquilizando mucho los problemas de repago de las empresas, fundamentalmente en febrero y marzo”, comentan desde la consultora LCG.

Al respecto, hay dos opciones para explicar esta discordancia: la primera es que las dificultades de repago corporativo aparecieran abruptamente durante 2026 (y todavía no se ven en los datos); y la segunda es que el ratio de informalidad, por algunas cuestiones no esté reflejando cabalmente las dificultades.

En ese sentido, hay dos cuestiones que suelen disimular las dificultades de repago en los cocientes de irregularidad: son el ritmo de los nuevos préstamos (que se registran inmediatamente en situación normal), y la presencia de empresas grandes con gran participación en el total de préstamos comerciales (asumiendo que tienen menos dificultades de repago que las chicas).

“En relación con lo segundo, no parece ser un factor importante, ya que el ratio de irregularidad en los mayores 100 deudores (que representan el 34% de las financiaciones a empresas) alcanzó en diciembre de 2025 un valor de 4,2%, mayor al total del segmento”, dice LCG.

Matriz de transición

Por lo tanto, para “limpiar” el efecto de los nuevos préstamos en situación normal se suele mirar, entre otras cosas, la denominada “matriz de transición”, explica la consultora, ya que muestra la evolución de la clasificación crediticia (del 1 al 5, siendo la 1 la situación normal) para un mismo universo de deudores.

¿Qué es esta matriz? Para aquellas asistencias crediticias que ya existían un año atrás se muestra cómo evolucionaron (mejoraron, empeoraron o mantuvieron la clasificación) en un cuadro de doble entrada y así permite ver la evolución en la cantidad de asistencias o deudores y no sólo la evolución de las deudas valorizadas.

¿Cuáles fueron los resultados y conclusiones? En primer lugar, se observa que incluso a diciembre de 2025, en donde el ratio de irregularidad de las empresas sumaba sólo 2,5%, casi un 15% de las asistencias de la cartera comercial que ya existían un año atrás empeoraron de situación (y menos de 1% mejoró).

“Es un número sustancialmente más alto que otros episodios de alta morosidad corporativa, como fueron los diciembres de 2018 y 2019 (que mostraron incluso ratios de informalidad más altos en empresas) o mayo de 2009 (irregularidad total también cercana a 5%)”, destaca la consultora.

Pero, además, hay un dato importante y es que gran parte (más de un 80%) de ese 15% de desmejora fue la consecuencia de asistencias que estaban en situación 1 en diciembre de 2024, y pasaron a situación 2, 3, 4 y 5 en sólo un año. O sea, fue un deterioro rápido.

Deudores morosos

“Ese número parece ser más consistente con lo que están viendo los bancos, y habrá que ver cómo evoluciona en los primeros meses de 2026. Seguramente veamos una desmejora pronunciada en los índices de irregularidad corporativa”, anticipa LCG.

En cuanto a la cartera de consumo se ve un deterioro mayor, pero eso en parte ya estaba registrado en los ratios de irregularidad clásicos. En este caso, un 17% de los deudores desmejoraron de situación, y del universo de deudores que se mantuvo desde diciembre de 2024 (dejando de lado los nuevos tomadores), un 30% está en situación irregular.

Si bien los analistas de LCG fueron críticos de las medidas de política monetaria y su comunicación (la eliminación de una “tasa de política monetaria” que surge del fin de las LEFI, como herramienta para administrar mejor la liquidez del sistema y ayudar a dar más certidumbre, y la “profundización del esquema de agregados monetarios”) consideran que el aumento de la mora tiene poco que ver con el fin de las LEFI.

“No creemos que la mora actual provenga significativamente de dichos desaciertos. Hoy la política monetaria no es particularmente contractiva (tasas de corto en 2,4% e inflación en 2,9%) y la no existencia de una tasa de política monetaria desde el fin de las LEFI, con impacto en la volatilidad de tasas de cauciones y pases, tampoco repercute mucho en la definición de tasas de los ALCO de los bancos y en la mora; las entidades no son tan “marginalistas” como se supone, y miran más de reojo captaciones promedio o al menos las tasas del fondeo más habitual”, afirman.

Crédito a hogares

Para la consultora, la realidad es más primaria: la misma recesión, en conjunto con cierto deterioro del poder adquisitivo y las dificultades crecientes en varios sectores productivos, está generando problemas de repago de préstamos, luego de un aumento fuerte en los montos otorgados varios meses atrás. Parece, entonces, haber cierto consenso en el impacto de la caída del nivel de actividad, junto con otras causas, en lo que está pasando en el sistema financiero local.

Vale recordar que el crédito a los hogares ha crecido en términos nominales, pero la capacidad de repago se deteriora. En enero de 2026, la tasa de mora bancaria en el segmento de hogares alcanzó el 10,6%, el nivel más alto en más de dos décadas. Este indicador es relevante no solo para las entidades financieras, sino para cualquier empresa con ventas a crédito a consumidores finales.

En ese contexto, el Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella a nivel nacional cayó 5,3% respecto a febrero, que a su vez había caído el 4,7% respecto a enero. ¿Qué factores que explican el deterioro? Por un lado, la deuda bancaria equivale al 23% de los ingresos totales de los hogares; por otro lado, el endeudamiento promedio pasó de 1,5 a 2,5 salarios en un año; y el Costo Financiero Total (CFT) en el segmento no bancario supera el 400% anual en algunos operadores.

Por otro lado, según datos de Fidelitas, más de 20,5 millones de adultos poseen financiamiento activo: en el sector no bancario, la irregularidad de cartera oscila entre el 24% y el 27,4%.

Algunas cadenas de retail con financiamiento propio reportan índices de mora superiores al 45%, lo que señala un deterioro que ya supera al sistema financiero.