La morosidad afecta a más de 2,6 millones de personas, la mayoría por montos bajos
La morosidad bancaria rompe récords y afecta mucho más a las familias pobres y a las pymes.
La morosidad promedio del sistema subió a niveles récord.
La morosidad en el sistema financiero argentino alcanzó un nuevo máximo en enero de 2026. Fueron 2.663.953 personas las que presentaron atrasos de tres meses o más en sus obligaciones al inicio del año. El fenómeno no solo marca un récord, sino que también revela un rasgo central del deterioro financiero: la mayoría de los deudores en problemas son por montos bajos, lo que refleja la fragilidad en los ingresos de los hogares, sobre todo de los más pobres.
Según el informe del Instituto Argentina Grande (IAG), elaborado en base a datos de la Central de Deudores (Cendeu) del Banco Central de la República Argentina, la cantidad de personas en situación irregular creció un 79% interanual. En términos absolutos, son 1.181.718 deudores más que en enero de 2025.
La expansión de la morosidad supera ampliamente el crecimiento del total de deudores, lo que implica que cada vez más personas caen en incumplimiento. En enero de 2026, los morosos representaban el 17% del total del sistema, frente al 10% registrado un año atrás.
Morosos que deben menos de $500.000
Uno de los datos más significativos del informe es la composición de esa mora. Lejos de tratarse de grandes deudas impagas, el 50% de las personas en situación irregular debe $484.295 o menos. Es decir, la mitad de los morosos está atrapada en compromisos relativamente bajos, pero que resultan impagables en el actual contexto económico.
Este fenómeno expone con claridad el impacto de la pérdida de poder adquisitivo: aunque los montos sean reducidos, el peso de las cuotas crece frente a salarios que no logran seguir el ritmo de la inflación y de las tasas de interés. Además, el informe advierte que esos montos vienen aumentando en los últimos meses, lo que agrava la carga financiera sobre los hogares.
El segmento más golpeado es el de los préstamos a familias. La morosidad en este rubro se cuadruplicó en apenas un año: pasó del 2,67% en enero de 2025 al 10,6% en el mismo mes de 2026, el nivel más alto en casi dos décadas.
En términos generales, la mora del financiamiento al sector privado alcanzó el 6,4% en enero, con subas tanto mensuales como interanuales. Sin embargo, el deterioro es especialmente marcado en los créditos personales y de consumo:
- Préstamos personales: 13,2% de irregularidad
- Tarjetas de crédito: 11%
- Prendarios: 6,3%
- Hipotecarios: 1,3%
Este último segmento continúa mostrando niveles relativamente bajos de mora, en contraste con el resto del crédito al consumo.
La trampa de pagar el mínimo en la tarjeta de crédito
El aumento de la morosidad está estrechamente vinculado al costo del crédito. Según la consultora LCG, las tasas activas se mantienen elevadas —con préstamos personales que promediaron una TNA del 69% en febrero— en un contexto de ingresos estancados o en retroceso.
En paralelo, el uso del pago mínimo en tarjetas de crédito se volvió una práctica cada vez más extendida. Si bien permite evitar la mora inmediata, implica tasas cercanas al 4% mensual sobre los saldos refinanciados, lo que genera una acumulación de intereses que dificulta cancelar la deuda original.
El problema se amplifica fuera del sistema bancario tradicional. En billeteras virtuales y financieras no bancarias, la morosidad ya ronda el 25%, lo que evidencia una presión aún mayor en los segmentos que dependen de microcréditos para sostener el consumo cotidiano.
Pymes en mora
En el caso de las empresas, el deterioro es más moderado, aunque también visible. La irregularidad alcanzó el 2,8% en enero, con un aumento interanual de dos puntos porcentuales.
Sin embargo, detrás del promedio se esconde una fuerte disparidad: mientras las grandes compañías mantienen niveles de mora cercanos al 0,9%, las pymes enfrentan tasas que rondan el 4% y que pueden escalar hasta el 10% en créditos de menor cuantía.
Algunos sectores muestran situaciones particularmente críticas, como hoteles y restaurantes, donde el 17% de las firmas presenta atrasos, o la actividad pesquera, que registró un salto significativo en el último año. A nivel geográfico, provincias como Santa Cruz, Formosa, San Juan y San Luis exhiben niveles de mora empresarial superiores al promedio.