La industria textil profundiza su crisis, mientras el Gobierno promociona la ropa importada
Los dichos de Caputo y Bullrich sobre la conveniencia de comprar ropa importada recibieron duras críticas de la industria textil, que vive una crisis histórica.
Mientras la industria textil vive una de las crisis más profundas de su historia, desde el Gobierno, lejos de anunciar algún proyecto para desarrollarla, realizar algún plan de salvataje, o al menos propone algún auxilio, responden con una ofensiva reivindicando la ropa importada y acusando a las empresas locales de tener precios demasiado elevados.
A las expresiones del ministro Luis Caputo sobre que él jamás compra ropa en la Argentina, se le sumó la ministra Patricia Bullrich destacando que la ropa que compra en Estados Unidos le sale mucho más barata. Dos referencias que fueron leídas por el sector como ataques a la industria nacional.
Una de las personalidades del rubro más reconocidas, la actriz Marixa Balli, le espetó al ministro por las redes sociales una fuerte crítica: "No podes decir que nunca compraste ropa acá solo porque tenés la posibilidad de viajar, hay gente que no puede ni pagar el boleto de colectivo, es ofensivo", dijo.
El diseñador Benito Fernández calificó las palabras del funcionario como poco constructivas y sostuvo que “no está bueno que nos traten de ladrones”, subrayando la necesidad de diálogo para sostener la producción nacional y el empleo.
Desde la Cámara Argentina de la Indumentaria, su presidente Claudio Drescher se mostró “desilusionado y con tristeza” por los comentarios de Caputo y advirtió que no resolverán los problemas estructurales con sarcasmos. En un tono crítico, señaló que “no compra ropa, pero tampoco autos… porque en Argentina valen el doble”, en referencia a los costos de producción locales frente al mercado.
Desde la FITA, la Federación de Industrias Textiles Argentinas, plantearon la necesidad de analizar la competitividad desde una "mirada integral de las cadenas productivas" y señalaron que "el precio de la indumentaria no se determina a partir del costo industrial textil de manera aislada, sino que surge de la interacción de múltiples eslabones de una cadena productiva extensa, cada uno con estructuras de costos propias, en un contexto macroeconómico que condiciona al conjunto de la economía. La simplificación de estas dinámicas conduce a diagnósticos incompletos que pueden derivar en decisiones que profundicen los desequilibrios existentes".
Además denunciaron que "las rebajas impositivas y los procesos de desburocratización implementados en los últimos años beneficiaron principalmente a las importaciones", pero "la producción nacional continúa enfrentando una elevada carga tributaria, altos costos, deficiencias logísticas y la falta de financiamiento para sostener la inversión y el empleo" y señalaron que "el problema actual no es la falta de competitividad, es la competencia fraudulenta".
Otras voces, como la de Mario Ortiz, referente de Textiles de La Matanza, calificaron de “vergonzosas” las expresiones del ministro y describieron la situación como “terrible”, marcada por la caída de la producción y la falta de ventas. Ortiz subrayó que muchas empresas simplemente están trabajando a muy baja capacidad frente a un mercado que no logra recuperarse.
El conflicto también puso sobre la mesa un reclamo más general: “No queremos que nos regalen nada, queremos competir en igualdad”, una frase que refleja el malestar de muchos empresarios del sector, preocupados por la apertura de importaciones que desplaza la producción nacional sin contrapartidas ni políticas de apoyo claras.
El empresario Mario Galizzi, presidente de APYME Santa Fe, destacó que la industria textil no es poco competitiva por sus procesos de producción, sino por el costo de la energía y el componente impositivo. En tanto, el empresario textil Gustavo Samuelian señaló que el sector está acorralado entre la baja del consumo, el aumento de las importaciones y la falta de reglas clara para competir.
Caídas históricas
La industria textil y de la indumentaria muestra desde hace meses señales de fuerte deterioro. La última medición del mes de noviembre, según un informe de la consultora Analytica, registró una caída mensual del 0,5% sin estacionalidad y acumuló descensos en 10 de los 11 meses con datos disponibles de 2025, lo que lo consolida como la actividad más afectada dentro del Índice de Producción Industrial (IPI).
En paralelo, prendas de vestir y calzado exhibió en noviembre un crecimiento mensual del 4,7% sin estacionalidad, la segunda suba de todo el año, aunque sin revertir un desempeño anual marcadamente negativo.
Las contracciones acumuladas siguen siendo profundas. En comparación con diciembre de 2024, la producción de confecciones y calzado se ubicó 18,5% por debajo, mientras que los productos textiles mostraron un retroceso del 31,2%. Frente a noviembre de 2023, las caídas resultan aún más pronunciadas: 47,6% en productos textiles y 19,3% en confecciones y calzado. Al contrastar con el promedio histórico del período 2016–2023, excluyendo la pandemia, la producción de noviembre fue 40% menor en textiles y 18,1% inferior en confecciones y calzado.
Dentro del complejo, los subsectores más afectados son el curtido y la fabricación de artículos de cuero, con una baja del 44,1% en 2025 respecto del promedio 2016–2023, seguidos por tejidos y acabados de productos textiles, con una caída del 34,7%, y el preparado de fibras de uso textil, que retrocedió 33,7% en igual comparación.
El impacto sobre la actividad también se refleja en el uso de la capacidad instalada. En noviembre, la utilización en productos textiles se ubicó en apenas 29%, el valor más bajo de toda la serie histórica, con la única excepción de abril y mayo de 2020.
El factor importaciones
De acuerdo con Analytica, este deterioro responde a una combinación de demanda interna débil y, principalmente, a un crecimiento acelerado de las importaciones.
En 2025, las compras externas acumularon un aumento interanual del 97,3% en indumentaria, equivalente a US$336 millones adicionales, del 121,2% en otros textiles, con US$94 millones más, y del 25,2% en calzado y sus partes, lo que implicó un incremento de US$166 millones frente al año previo. A este fenómeno se suman las importaciones vía courier, que, si bien no se concentran exclusivamente en indumentaria, ganaron un rol cada vez más relevante a través de plataformas como Shein y Temu, con un crecimiento interanual acumulado del 274,2% en 2025.
Como resultado, las importaciones de indumentaria alcanzaron los US$ 681 millones en 2025, el nivel más alto de toda la serie histórica en moneda constante. En el caso del calzado y sus partes, totalizaron US$825 millones, apenas por debajo del máximo histórico registrado en 2017, cuando se ubicaron en US$ 857 millones.
Cambio profundo
Estos movimientos reflejan un cambio profundo en la estructura del mercado local de indumentaria y calzado, caracterizado por un desplazamiento de la producción nacional por bienes importados. El impacto se observa con claridad en dos variables clave: precios y empleo.
En términos de precios, el nivel de la indumentaria y el calzado se encuentra en su mínimo relativo desde 2016 frente al resto de la economía. Desde noviembre de 2023, el sector registró un abaratamiento relativo del 30,6% respecto del promedio general de precios. En el acumulado, mientras la inflación general alcanzó el 259,4% desde el inicio de la gestión, la inflación de indumentaria y calzado fue de 149,4%.
Pese a representar solo el 9,9% de la ponderación del Índice de Precios al Consumidor, la indumentaria y el calzado se ubicaron entre los rubros que más contribuyeron a la desaceleración inflacionaria. En contraste, los servicios, como hoteles, restaurantes y servicios públicos, menos expuestos a la competencia importada, continuaron explicando buena parte de la rigidez a la baja del nivel general de precios. Los precios del rubro pasaron de crecer muy por encima del promedio de la economía antes de noviembre de 2023 a ubicarse actualmente, en términos relativos, por debajo del promedio del primer semestre de 2019.
La evolución de los precios también se refleja en la relación con los salarios. Según el informe, el precio en dólares oficiales de un jean promedio de primera marca se redujo 39% desde noviembre de 2023. En paralelo, con el salario promedio del sector privado registrado en la actualidad es posible adquirir 13 jeans, frente a 9 en noviembre de 2023, lo que implica una mejora significativa del poder adquisitivo relativo en este rubro.
La contracara de este alivio para los consumidores es el fuerte impacto sobre el empleo. Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025, último dato disponible, se perdieron 18.333 puestos de trabajo registrados en el sector de textiles, confecciones, cuero y calzado, lo que representa una caída del 15,1% y marca el nivel mínimo de toda la serie que se inicia en 2009. A este dato se suma la elevada informalidad del sector, especialmente en el segmento de confecciones, donde se estima que alcanza alrededor del 72%.