Presenta:

La economía entra en una etapa clave: señales y dudas del segundo trimestre

El presidente admitió la dureza del inicio de año y confía en un repunte, en un contexto atravesado por tensiones monetarias y expectativas del mercado.

Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo.

Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo.

X @jmilei

En un extenso mensaje en la red X, Javier Milei reconoció la dureza de los tiempos económicos vividos durante el primer trimestre del año. El presidente mencionó que "los últimos meses fueron duros" y pronosticó que "la economía está empezando a levantar vuelo con fuerza". Culpó al kirchnerismo por la mala hora, asegurando que la crisis "es el costo de las bombas que dejaron los irresponsables psicópatas kirchneristas que intentaron hacer volar la economía por los aires el año pasado. Eso no sale gratis: implicó tasas más altas, menor actividad y más inflación".

En definitiva, para el jefe de Estado, lo que viene es la recuperación. Javier Milei coincide en algo fundamental con la mayoría de sus excolegas economistas, analistas de la realidad: la clave quizá de 2026 se encuentre en lo que suceda en este segundo trimestre del año. Será la vara para medir si hay o no recuperación y si este ejercicio será de crecimiento, leve mejora o estancamiento.

Luego, cuando llegue el segundo semestre del año, en lo que habrá que trabajar es en lo que se consiga en este período que comenzó en abril. Como para determinar la afirmación, hay que recordar que estos meses son los de mayor liquidación sojera, con una expectativa no menor: confirmar que el campo liquide unos US$30.000 millones este ejercicio y que para fin de junio las reservas estén ya coqueteando en los US$50.000 millones; cuando en estos días se están superando los US$45.000, con un ritmo de compras del Banco Central para esta semana superior a los 100 millones. Se verá.

Producción de soja. Foto: Noticias Argentinas
La actividad económica mejoró en el tercer trimestre

La actividad económica mejoró en el tercer trimestre

La situación fue analizada en el último informe de la Fundación Mediterránea, titulado “El desafío del segundo trimestre: neutralizar los riesgos y potenciar las oportunidades”, firmado por Jorge Vasconcelos. El economista afirma en el paper que lo que se viene es un incremento en la oferta de dólares, pero que aún no hay pistas sobre cuál será la política monetaria del Gobierno, en el sentido de si será expansiva o restrictiva. Y, en consecuencia, si se favorecerá una aceleración de la actividad vía más pesos en el mercado, o si continuarán los frenos a la cantidad de moneda doméstica. En definitiva, según menciona el informe, Argentina sigue viviendo en un bimonetarismo que solo parece profundizarse en el tiempo.

banco central
Burgueño marcó la buena noticia económica: baja de tasas impulsada por el Banco Central, más crédito y crecimiento del PBI.

Burgueño marcó la buena noticia económica: baja de tasas impulsada por el Banco Central, más crédito y crecimiento del PBI.

Los principales argumentos del informe

  • Durante el primer trimestre, el Banco Central fue exitoso en acumular adquisiciones netas de dólares en el mercado por 4,5 mil millones de dólares, pero, como la demanda de dinero no se recuperó, los pesos emitidos por esas compras fueron esterilizados por diversos instrumentos administrados por el Tesoro y el BCRA, por lo que el crédito al sector privado experimentó una modesta mejora, insuficiente para lograr dinamismo en los sectores que más empleo generan.

  • El escenario del segundo trimestre promete un significativo salto en la oferta de dólares por la vertiente del comercio exterior (tanto del segmento energético como del agroindustrial). Pero todavía no hay señales claras respecto a cuál habrá de ser la política en el plano monetario: si se mantendrán los mecanismos de esterilización, con el freno de mano para el crédito, o si el gobierno se animará a dejar que fluyan los pesos derivados de la compra de dólares.

  • Este segundo escenario es consistente con algunas de las últimas señales, caso de una parcial reducción de encajes bancarios (todavía muy modesta), y también el sendero de tasas de interés que se sostiene desde hace algunas semanas, en torno al 20,0 % anual para las operaciones por las cuales el Central toma los excedentes de liquidez de los bancos.

  • Subsisten dudas y el temor a que el gobierno reintroduzca la política de extrema volatilidad para las tasas de interés, tal como ocurrió en la primera parte del año. Esa precaución tiene que ver con el hecho de que la tasa de inflación apunta a situarse en torno a un incómodo 3,0 % mensual en marzo y en abril. Este podría ser un riesgo en la visión del Ejecutivo, ya que hasta hace poco tiempo se enfatizaba que acumular reservas y emitir pesos sería contraindicado para las expectativas de inflación.

  • La Argentina es una economía bimonetaria y, asumiendo esa peculiaridad, sería conveniente que el gobierno se incline por el segundo escenario, sosteniendo tasas de interés del 20 % anual para las operaciones de cortísimo plazo dentro del sistema financiero, apostando a que:
  1. Sea considerado un rendimiento de todos modos atractivo para los inversores que “traducen” a dólar cada operación financiera,
  2. y también a que la inflación mensual retome tendencia descendente después de los picos de marzo y abril, por las razones que se detallan más abajo,
  3. mientras el crédito al sector privado comienza a despegar, de la mano de tasas de interés de corto plazo que han vuelto a terreno de neutralidad, medidas contra la inflación, caso de los adelantos en cuenta corriente, como se observa en el gráfico adjunto.
  • De no asumir ese camino, se corre el riesgo de no aprovechar plenamente las oportunidades que surgen del cambio del escenario internacional, y que la diferencia de 3,5 puntos porcentuales entre el rendimiento de los bonos soberanos que vencen en 2028 y los que se cancelan en 2027 sea una brecha que no pueda reducirse, lo cual, obviamente, complicaría sobremanera la transición del año electoral venidero, por aquello de la “profecía autocumplida”.

  • Respecto de las peculiaridades del bimonetarismo y su vínculo con los desafíos de la coyuntura, vale subrayar que, para la población y su comportamiento en términos de demanda de pesos, seguramente es relevante la percepción de “abundancia de dólares” por incremento de exportaciones sustentables y/o ingreso genuino de capitales (no confundir con los meses en los que se bajaban retenciones a la soja). Y este año la balanza comercial de bienes podría llegar a 20 mil millones de dólares, de la mano de mayores volúmenes exportados y también de precios de materias primas que, en el comienzo de abril, se encuentran un 22,7 % por encima del promedio de 2025, con impacto positivo en la recaudación impositiva por retenciones y regalías provinciales.

  • Justamente, el bimonetarismo se caracteriza por el hecho de que un buen número de inversores calcula los rendimientos financieros en dólares, por lo que una tasa de interés baja en relación con la inflación puede ser considerada atractiva en términos de moneda dura, de acuerdo con las expectativas de devaluación; y aun en caso de que el precio del dólar rebote por mayor liquidez, ¿ese sería un disparador automático de más billetes requeridos por personas físicas? Obviamente, habrá de depender de si este es considerado un movimiento “por única vez” o el inicio de un ciclo alcista sostenido; desde fines de 2023, pese a que se contabilizan cuatro experiencias distintas en el régimen monetario-cambiario (hasta llegar a las bandas indexadas del presente), lo que ha predominado es la utilización del “ancla cambiaria” como instrumento de estabilización.

  • Pero la demanda de divisas por parte de individuos se mantiene, desde noviembre (estimación de marzo incluida), relativamente estable en el andarivel de los 1,9 mil millones de dólares/mes. Es una cifra todavía elevada y sería conveniente ir a un andarivel más acotado, pero, de todos modos, es un número que implica una reducción equivalente a 1,8 % del PIB (datos anualizados) respecto de las compras de dólares por personas físicas efectuadas en 2025, que alcanzaron nada menos que 4,8 % del PIB; a su vez, en el contrafáctico, ¿qué garantías hay de poder reducir la demanda de dólares por parte de los individuos mediante el recurso de una suba significativa de las tasas de interés? Esto por los efectos colaterales que tendría esa política, incluidos los elevados índices de morosidad crediticia y la percepción de insustentabilidad del instrumento.