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Javier Milei, Mises y Hazlitt: la crítica austríaca que desafía a Keynes

El legado de Keynes enfrenta nuevos cuestionamientos desde la Escuela Austríaca, con Mises, Hazlitt y el presidente Javier Milei como referencias clave.


Siempre vuelve a escena una figura central del pensamiento económico moderno: Maynard Keynes. Su legado, consolidado tras la publicación de La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, sigue siendo la base de buena parte de las políticas económicas actuales. Sin embargo, a casi ocho décadas de su muerte, también se hace cada vez más evidente que sus críticos no sólo no desaparecieron, sino que están ganando terreno.

En el centro de esa crítica se encuentra la Escuela Austríaca, representada por Ludwig von Mises, quien desde el inicio advirtió que el enfoque keynesiano contenía un error fundamental: confundir las causas con las consecuencias de las crisis económicas. Para Keynes, el problema era la insuficiencia de demanda agregada. Para Mises, en cambio, las crisis eran el resultado inevitable de expansiones artificiales del crédito. Mientras Keynes propone gastar más, Mises advierte que ese gasto es justamente lo que genera el problema. Desde la perspectiva austríaca, cuando los bancos centrales reducen artificialmente las tasas de interés, envían señales falsas al mercado. Los empresarios interpretan que hay más ahorro disponible del que realmente existe y emprenden proyectos que, en condiciones normales, no serían viables. Así se gestan las burbujas. El auge no es crecimiento genuino: es una ilusión financiada por crédito barato.

Keynes

Maynard Keynes.

Cuando esa ilusión se rompe, llega la crisis

Y ahí es donde el keynesianismo propone su receta clásica: más gasto público, más déficit y más emisión monetaria. Pero, como advirtió Mises, no se puede resolver una crisis causada por el exceso de crédito con más crédito. El resultado no es la recuperación, sino la prolongación del problema. Esta crítica fue desarrollada con precisión quirúrgica por Henry Hazlitt en The Failure of the New Economics. A diferencia de otras críticas más generales, Hazlitt se dedicó a desmontar la obra de Keynes punto por punto. Su conclusión fue contundente: la “Teoría General” no era una revolución científica sólida, sino una construcción llena de inconsistencias.

Uno de los aspectos más cuestionados por Hazlitt fue el multiplicador keynesiano. Según Keynes, el gasto público genera un efecto expansivo que multiplica la actividad económica. Pero Hazlitt mostró que esta idea ignora un hecho básico: el Estado no crea recursos, los redistribuye. Cada peso que gasta proviene del sector privado, ya sea mediante impuestos, deuda o inflación. No hay creación de riqueza, hay transferencia. Además, tanto Mises como Hazlitt coincidieron en que Keynes despreciaba el ahorro porque podía ser perjudicial en contextos de recesión. Para la tradición austríaca, en cambio, el ahorro es la base del crecimiento sostenible. Sin ahorro no hay inversión genuina, y sin inversión no hay desarrollo a largo plazo.

Keynes despreciaba el ahorro

A la luz de la experiencia histórica, estas advertencias cobran una relevancia particular. Las economías que han seguido recetas keynesianas de manera sistemática han enfrentado problemas recurrentes: inflación, endeudamiento crónico y ciclos de auge y caída cada vez más pronunciados. Lejos de estabilizar, la intervención constante ha generado una dependencia estructural. En este contexto, la figura de Javier Milei emerge como una expresión contemporánea de estas ideas. Formado en la tradición austríaca, Milei ha llevado al terreno político las críticas de Mises y Hazlitt, cuestionando abiertamente el intervencionismo estatal y las políticas de estímulo.

Mises

Ludwig von Mises

Su diagnóstico es claro: el problema no es la falta de gasto, sino el exceso de Estado. La inflación no es un fenómeno misterioso ni una falla del mercado, sino una consecuencia directa de la emisión monetaria. Del mismo modo, el déficit fiscal no es una herramienta neutral, sino una carga que tarde o temprano recae sobre la sociedad. La relevancia de Milei no radica solo en sus propuestas, sino en el hecho de que estas ideas, durante mucho tiempo relegadas al ámbito académico, hoy forman parte del debate político central. Lo que antes era una crítica marginal, hoy se presenta como una alternativa concreta.

El problema el exceso de Estado

En el aniversario de la muerte de Keynes, este contraste se vuelve inevitable. Por un lado, un modelo que apuesta a la intervención constante como solución. Por otro lado, una tradición que advierte sobre los límites de esa intervención y defiende el funcionamiento del mercado. Pero lo importante sería reconocer que las críticas de Mises y Hazlitt no eran meramente teóricas. Eran advertencias. Y hoy, a casi ochenta años de la muerte de Keynes, esas advertencias resuenan más fuerte que nunca.

* Jeremías Rucci. Project Manager de la Fundación Internacional Bases.