Inversiones: cada vez más latinoamericanos fugan capitales a Miami
Argentina, entre los principales países cuyos millonarios envían sus fondos a EE.UU. Cerca de un billón de dólares pertenecen a inversiones latinoamericanas.
América Latina se mantiene como una de las regiones con mayor proporción de riqueza privada colocada “offshore” en relación con su patrimonio total.
Archivo.El último informe global de riqueza de Boston Consulting Group (BCG) da cuenta que el patrimonio financiero mundial fuera de sus países de origen alcanzó 14,4 billones de dólares, lo que implica un aumento de casi el 9% anual que, según la consultora global, fue impulsado por la demanda de diversificación geográfica y la búsqueda de paraísos financieros (“safe havens”).
Ahora bien, a nivel regional, según diversas estimaciones privadas, Argentina se destaca entre los países que más fugan capitales al exterior. Por ejemplo, de acuerdo con datos cálculos de Cerulli Associates, Latin Asset Management e incluso de BCG entre los montos de las fortunas fugadas en algunas de las naciones más representativas de Latinoamérica se destacan Brasil con 250.000 a 350.000 millones de dólares, Argentina con más de 300.000 millones de dólares, México entre 180.000 y 250.000 millones, Colombia entre 80.000 y 120.000 millones, Chile alrededor de 100.000 millones y si bien la cifra de Venezuela no aparece disponible se calcula que no menos de 30.000 millones de dólares.
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Los informes procuran bucear entre los motivos que explican este drenaje de capitales al exterior, y detrás de este movimiento consideran que no solo existe una búsqueda de diversificación global o sofisticación patrimonial.
Inestabilidad
Explican que también influye, y cada vez más, la percepción de inestabilidad política, incertidumbre regulatoria, volatilidad cambiaria y presión fiscal en varios mercados de la región. Por ello, una porción significativa del ahorro privado latinoamericano que podría financiar fondos locales, proyectos productivos o inversiones estratégicas dentro de sus propias economías, hoy encuentra refugio en jurisdicciones consideradas más predecibles y estables, según Funds Society (FS).
Los analistas de FS señalan que el fenómeno refleja además un cambio profundo en la mentalidad de las familias de alto patrimonio y los inversores institucionales latinoamericanos, que priorizan acceso a mercados globales, protección patrimonial y flexibilidad internacional por encima de la concentración doméstica de sus activos.
En tal sentido, de acuerdo con reportes globales de BCG, América Latina se mantiene como una de las regiones con mayor proporción de riqueza privada colocada “offshore” en relación con su patrimonio total. Estudios históricos de la consultora estiman que cerca de una cuarta parte de la riqueza financiera latinoamericana se encuentra fuera de la región, un porcentaje considerablemente superior al de mercados desarrollados como Estados Unidos, Europa Occidental o Japón.
Miami en foco
Y en ese aspecto, la ciudad de Miami se consolidó en los últimos años como el principal “hub” de recepción de capital latinoamericano fuera de la región. Desde allí operan bancos internacionales, RIAs, multifamily offices, firmas de private equity y plataformas de wealth management que atienden principalmente a inversionistas de Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile y Venezuela.
Incluso, no solo se han mudado varios jugadores de la región para atender estas demandas sino también muchos de Wall Street y de otros mercados internacionales con el fin de captar esos capitales que van hacia Florida.
Vale destacar que este fenómeno se intensificó después de la pandemia, en paralelo con el aumento de tensiones políticas, cambios fiscales, procesos electorales polarizados y depreciaciones cambiarias en varios países latinoamericanos. A lo que además se sumó el crecimiento de la industria de banca privada internacional y la expansión de plataformas estadounidenses especializadas en clientes latinoamericanos de alto patrimonio.
Salida de capitales
Pero la sofisticación del fenómeno también cambió: dos décadas, buena parte de la salida de capitales latinoamericanos respondía principalmente a protección patrimonial y dolarización defensiva, en cambio, hoy, el movimiento incorpora además estrategias de “global asset allocation”, inversiones alternativas, “private credit”, “venture capital”, bienes raíces internacionales (real estate) y planificación sucesoria global.
Los analistas de FS explican que, para América Latina, el problema trasciende el ámbito financiero y comienza a convertirse en un desafío estructural de crecimiento económico.
Diversos analistas señalan que una parte importante de estos recursos podría estar financiando proyectos de infraestructura, deuda corporativa, capital emprendedor, expansión industrial o mercados locales de capitales. En países con bajos niveles de profundidad bursátil como México, Colombia o Perú, el retorno parcial de estos capitales tendría potencial para transformar el tamaño de sus mercados financieros, aumentar liquidez y ampliar las fuentes de financiamiento empresarial.
El caso argentino, destacan, es probablemente el ejemplo más extremo: distintas estimaciones privadas sostienen que los activos de argentinos fuera del sistema financiero local superan ampliamente las reservas internacionales del país y equivalen a una proporción significativa de su PIB.
Crisis permanentes
Consideran que la persistencia de controles cambiarios, inflación elevada y crisis recurrentes consolidó durante décadas una cultura estructural de dolarización y externalización patrimonial. Por su parte, en Brasil y México, aunque el fenómeno tiene un componente defensivo, también responde a una creciente internacionalización de las familias empresarias y de los “family offices”.
Muchas de estas estructuras ya operan bajo una lógica global, con inversiones simultáneas en América Latina, Estados Unidos, Europa y Asia.
Sin embargo, especialistas del sector advierten que la salida sostenida de patrimonio privado limita la capacidad de la región para construir ecosistemas financieros más profundos y sofisticados. También restringe el desarrollo de mercados alternativos locales como private equity, venture capital, infraestructura o financiamiento de innovación tecnológica.
Por ende, la paradoja regional es evidente: mientras América Latina enfrenta necesidades históricas de inversión en infraestructura, transición energética, digitalización, vivienda y productividad, una porción significativa de su ahorro privado financia activos internacionales fuera de sus economías, al mismo tiempo, la migración patrimonial parece lejos de revertirse en el corto plazo.
Según FS, la estabilidad jurídica estadounidense, la profundidad de sus mercados financieros, el acceso a productos sofisticados y la percepción de mayor previsibilidad institucional continúan posicionando a EE.UU. como el principal receptor de riqueza latinoamericana “offshore”.