Inflación global y crisis logística: el impacto del conflicto con Irán y los problemas en Argentina
La combinación de tensiones globales y problemas internos agrava los costos y retrasa el ingreso de divisas a la Argentina.
Uno de los problemas que atraviesa el país es el conflicto con el traslado de buques de carga por cuestiones fluviales. Foto: Noticias Argentinas
Mientras el conflicto con Irán sigue sin definirse, los aumentos de los costos y los conflictos en la logística del transporte continúan creciendo exponencialmente en el mundo, provocando lo que más temen los gobernantes, y más sufre la gente: la inflación.
Argentina, además, le agrega su cuota propia, como el conflicto con un sector mínimo de camioneros, los autoconvocados del sudeste bonaerense (más exactamente de Quequén), que a pesar de los acuerdos logrados por el resto, mantuvieron el problema a lo largo de 15 días más, con costos inauditos para todo el país, y sin que ninguna autoridad (nacional, ni provincial) detuviera el daño.
Como se sabe, los puertos bonaerenses son la principal salida del trigo (este año con cosecha récord), y de completamiento de los buques de ultramar que van a Rosario, pero que no pueden salir de allí con carga total por la falta de dragado y por la bajante del Paraná desde hace varios ciclos.
Ahora, en plena cosecha gruesa, con el agravante de las lluvias (que ya impusieron un atraso a la soja de más de 30 puntos), la falta de una operatoria camionera normal, agudiza las pérdidas en producción, y también en mayores costos.
A esta altura, se conoció que más de una docena de buques prefirieron volverse hacia los puertos brasileños, antes de seguir acumulando costos (que se estiman entre US$70.000 y 100.000 por cada día de espera), además de la cola de al menos 30 buques, que aún esperaban en Quequén.
Según la entidad que nuclea a los Puertos Privados, podría haber hasta más de 1,5 millón de toneladas retenidas, lo que implica al menos US$450 millones menos de ingresos demorados en llegar al país por el conflicto.
Las pérdidas, sin embargo, son mucho mayores. Así- mientras el presidente Javier Milei estaba en Israel, y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, con gran comitiva, invitado por Pedro Sánchez asistía a la Movilización Global Progresista, en Barcelona, España-, media provincia de Buenos Aires se mantiene bajo el agua (por las lluvias excesivas), y los principales puertos (solo hay dos de aguas profundas, Necochea y Quequén) estuvieron inoperables por medidas de fuerza, que llegaron a "acciones intimidatorias y exigencias tarifarias desproporcionadas, incluyendo amenazas de represalias físicas (…), algunas ya registradas y en manos de la Justicia", alerta la CPPC (Cámara de Puertos Privados Comerciales).
¿Quién paga?
Aunque los funcionarios nacionales insisten con que "la motosierra no se detiene", o que "las licitaciones de la Hidrovía, los trenes, y los caminos, que ya están en marcha, apuntan a bajar el costo argentino", como dijeron , respectivamente, Javier Milei y el titular de Agricultura, Sergio Iraeta, en la cumbre anual de la AmCham (la cámara de empresas estadounidenses), esos avances necesitan tiempo para materializarse, y con este tipo de pérdidas los beneficios se siguen licuando, y por adelantado.
Iraeta también contribuyó a la inquietud de varios al asegurar que “semillas y propiedad intelectual son temas muy viejos”. "La investigación tiene un costo, y hay que pagarlo", dijo al tiempo que reconoció que "el Gobierno, ya tiene posición tomada, aunque los temas deben pasar por el Congreso". Esto incluye las leyes de Tierras, Manejo del Fuego y Semillas, además de la adhesión a UPOV '91, "que es un marco. Hay que aplicarlo lo más racional y equilibrado posible", explicó.
Pero el malestar comienza a hacer mella en el corazón de las entidades que, en general, se suelen mantener al margen de los problemas del comercio, la industria o la exportación (y hasta del Congreso). Sin embargo, ahora parecen percatarse que, finalmente, mientras algunas medidas inciden en decisiones de producción, los costos van en detrimento de lo que los productores perciben por sus ventas, y el tema cambia.
Aunque todavía con sordina, el costo de las vacunas, los entes, las caravanas electrónicas, fundaciones, el Fondo Hídrico, etc. están siendo cuestionados (muchos de ellos por primera vez), en el seno de las principales entidades, y "los dirigentes nacionales serán las primeras víctimas en este caso", reconoció un exdirigente del campo, en pleno congreso de girasol en Mar del Plata.
La vedette de la temporada
"Ahora apuntamos a duplicar las exportaciones en el complejo de girasol, sobre todo en aceite. Pasar de US$ 2.400 millones a US$ 4.800 millones no es chiste", dijo en "La Feliz", el titular del Congreso de Girasol, el economista Jorge Ingaramo.
En ese marco, insistió en un cambio de enfoque. "También apuntamos a lograr que se trate al girasol como una economía regional que tienen 0% de retenciones" y, simultáneamente, relativizó el impacto fiscal . "El año pasado, con 4,5% de retenciones, la recaudación fue de (apenas) US$ 90 millones. Es el 2% de la recaudación de retenciones de exportaciones", señaló para magnificar el impacto.
Sin embargo, su colega de la Bolsa de Rosario, Emilce Terré, puso blanco sobre negro en este cultivo que fue perdiendo terreno, que ahora parece querer recuperar, y la Argentina es uno de los pocos países que lo está produciendo, así como su cada vez más demandado aceite para consumo humano.
En término de divisas, detalló: "Tenemos previsto un récord de exportación para esta campaña: 1,1 millón de toneladas como semilla, pero casi dos millones de toneladas de aceite y 1,9 millón de pellets".
Y precisó que "en valor estamos por encima de los US$3.000 millones, con unos US$500 millones por la exportación de semillas, casi US$ 2.500 millones con la exportación de aceites y unos US$ 260 millones por la exportación de pellets y harina".
Toda una promesa, en especial si, como dijo Ramiro Costa, de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la tasa de crecimiento de girasol "puede pasar del 6% actual, al 20% anual", solo por el incentivo de la baja de las retenciones a 0%.

