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Geopolítica del petróleo: claves para entender el oro negro que mueve al mundo

El posible cierre del estrecho de Ormuz reaviva el temor por el suministro energético global. Cómo funcionan las reservas, rutas y mercados del petróleo.

El Estrecho de Ormuz, clave para el comercio energético, concentra la atención por el riesgo de demoras y cortes en los envíos.

El Estrecho de Ormuz, clave para el comercio energético, concentra la atención por el riesgo de demoras y cortes en los envíos.

Shutterstock

Cada vez que estalla un conflicto en Medio Oriente, la pregunta por el petróleo se impone casi automáticamente. El cierre por parte de Irán del estrecho de Ormuz volvió a poner sobre la mesa la relación entre energía y poder en el debate internacional.

El estrecho de Ormuz no es un paso marítimo más. Es el principal cuello de botella del comercio energético global. Por ahí circularon en 2025 cerca de 20 millones de barriles diarios de petróleo y derivados, una cuarta parte del comercio marítimo mundial de crudo, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA).

El estrecho es, además, la única salida marítima del Golfo Pérsico hacia el océano Índico. Por esa vía pasan las exportaciones energéticas de Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos e Irán.

Circulación detenida en el Estrecho de Ormuz

De ese volumen total, unos 14,9 millones de barriles diarios corresponden a petróleo crudo, mientras que cerca de 4,9 millones son productos refinados. Para dimensionar, cada hora circulan por Ormuz más de 830.000 barriles de petróleo.

Ahora bien, la importancia estratégica del paso no se limita al crudo. También es clave para el comercio de gas natural licuado (GNL): cerca del 19% del comercio global de este combustible atraviesa ese corredor marítimo.

Más del 90% de las exportaciones de GNL de Qatar dependen del estrecho, al igual que una porción relevante de los envíos energéticos de Emiratos Árabes Unidos.

Con ese nivel de dependencia energética, resulta más fácil entender por qué cualquier tensión en la zona sacude a los mercados globales.

Estrecho de Ormuz

Reservas, rutas y poder

Para entender por qué el petróleo sigue siendo un factor central en la política internacional conviene empezar por lo básico: las reservas.

En la industria energética, las reservas son los recursos de hidrocarburos que ya fueron descubiertos y que pueden explotarse de manera rentable con la tecnología disponible.

Sin embargo, no todo el petróleo que existe bajo tierra se considera automáticamente una reserva. Para serlo, el recurso debe ser técnicamente posible de extraer y económicamente viable de producir. Cuando esas dos condiciones coinciden, el petróleo pasa a integrar las reservas contabilizadas de un país o de una empresa.

Reservas mundiales de petróleo

Desde una perspectiva geopolítica, quienes controlan grandes reservas pueden influir sobre la oferta global de petróleo y, en consecuencia, sobre los precios internacionales.

Sin embargo, ese poder tiene límites. Cuando los yacimientos se encuentran en regiones atravesadas por conflictos armados o crisis políticas, como en Medio Oriente, la capacidad real de producir y exportar petróleo puede verse seriamente limitada.

Pero la geopolítica del petróleo no depende únicamente de quién lo produce. También importa cómo y por dónde se transporta.

Los cuellos de botella del petróleo

Más de dos tercios del petróleo que se comercializa en el mundo se transporta por vía marítima, a través de grandes buques petroleros que conectan los centros de producción con las economías consumidoras.

El resto circula principalmente por oleoductos que muchas veces atraviesan fronteras entre distintos países.

En ese sistema existen puntos particularmente sensibles: los llamados cuellos de botella energéticos, o sea, digamos, estrechos o canales donde se concentra gran parte del tránsito marítimo de petróleo.

Entre los más importantes se encuentran el estrecho de Ormuz, el estrecho de Malaca —clave para el comercio entre Medio Oriente y Asia—, el canal de Suez, el estrecho de Bab el-Mandeb, que conecta el mar Rojo con el océano Índico, y el canal de Panamá, que une el Atlántico con el Pacífico.

Rutas comerciales en el Mar Rojo

Comparado con todos ellos, Ormuz sigue siendo el más relevante. Como dijimos, por ese paso circulan cerca de 20 millones de barriles diarios, mientras que el estrecho de Malaca mueve alrededor de 16 millones.

Muy por detrás aparecen el Canal de Suez y el oleoducto SUMED, con cerca de 9 millones de barriles diarios, y Bab el-Mandeb, con unos 6 millones. La diferencia muestra hasta qué punto el Golfo Pérsico continúa siendo el corazón del sistema petrolero mundial.

Quiénes dominan el mercado

El mercado internacional del petróleo está fuertemente influido por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y por su alianza ampliada, conocida como OPEP+, que incluye a grandes productores como Rusia o Kazajistán.

La organización fue fundada en 1960 en Bagdad, en plena Guerra Fría, por cinco países: Irak, Kuwait, Arabia Saudita, Irán y Venezuela. El objetivo era coordinar las políticas petroleras de los países productores y fortalecer su poder de negociación frente a las grandes compañías internacionales.

Con el paso del tiempo, la OPEP evolucionó hacia un sistema de coordinación que busca influir en el equilibrio entre oferta y demanda del mercado global.

En la actualidad, los países del grupo concentran cerca del 80% de las reservas probadas de petróleo del planeta, mientras que la alianza ampliada OPEP+ representa una porción significativa de la producción mundial de crudo.

Una de las herramientas centrales de este sistema son las cuotas de producción. Los países miembros acuerdan límites o metas de extracción para estabilizar los precios.

Así, cuando el mercado enfrenta un exceso de oferta, pueden reducir la producción para sostener los precios; cuando ocurre lo contrario, pueden aumentar el bombeo para evitar subas excesivas.

Discurso de Donald Trump de cara a las legislativas

Sin embargo, en las últimas dos décadas apareció un actor que modificó parte de ese equilibrio: Estados Unidos. Gracias al desarrollo del petróleo conocido como shale oil, Estados Unidos se convirtió en el principal productor mundial de petróleo, incluso sin formar parte de la OPEP.

Detrás de Estados Unidos aparecen Arabia Saudita y Rusia, dos gigantes petroleros que históricamente han tenido un rol central en la estabilidad del mercado energético.

Junto a ellos se destacan otros productores relevantes como Canadá, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Brasil e Irán, aunque este último ve limitada parte de su producción por las sanciones internacionales.

Un caso particular es Venezuela. Aunque posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, su producción actual es muy inferior a su potencial debido a años de crisis económica, problemas de infraestructura y sanciones internacionales.

Cómo funciona el mercado del petróleo

En términos generales, existen dos grandes modalidades de comercialización.

La primera es el mercado físico o “spot”, donde el crudo se compra y se vende para entrega inmediata. En este mercado, el precio se determina por el equilibrio entre la oferta —proveniente de las empresas productoras— y la demanda, encabezada principalmente por las refinerías que transforman el crudo en combustibles como nafta, diésel o insumos petroquímicos.

La segunda modalidad es el mercado de futuros. Se negocian contratos que fijan hoy el precio al que se va a comprar o vender petróleo en una fecha futura.

Estas operaciones se realizan en bolsas especializadas como el New York Mercantile Exchange (NYMEX) en Nueva York o el International Petroleum Exchange (IPE) en Londres.

Este sistema permite que productores, refinadores e inversores se atajen frente a las fluctuaciones del mercado, ya que pueden asegurar con anticipación el precio al que venderán o comprarán petróleo.

Dentro de este entramado también existen precios de referencia, conocidos como benchmarks, que sirven como base para fijar el valor del crudo en distintas regiones del mundo.

Los más usados son el West Texas Intermediate (WTI) —referencia para el petróleo producido en Estados Unidos— y el Brent, que funciona como marcador global para gran parte del crudo comercializado en Europa, África y Medio Oriente.

Por qué Ormuz importa tanto

Todo este sistema —reservas, rutas, productores y mercados— explica por qué los conflictos que afectan a puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz generan preocupación inmediata en los mercados internacionales.

Mencionamos la particularidad de Venezuela. Es probable que dada la circunstancia actual en Medio Oriente y las consecuencias energéticas y económicas, Donald Trump mirara a Ormuz mientras detenía a Nicolás Maduro.

Impacto del cierre del Estrecho de Ormuz

Los mercados petroleros reaccionaron con fuerza a la escalada del conflicto en Medio Oriente. Este miércoles, las cotizaciones internacionales del crudo registraron subas cercanas al 3%, impulsadas por el temor de los inversores a una posible interrupción en el suministro proveniente de la región del Golfo Pérsico, uno de los principales centros de producción energética del mundo.

En ese contexto, el Brent, referencia para gran parte del petróleo comercializado a nivel global, trepó 2,67 dólares por barril, lo que representa un incremento del 3,3%, y se ubicó en torno a 84,07 dólares. La suba se produjo luego de que el martes el contrato ya hubiera alcanzado su nivel más alto desde enero de 2025, reflejando la creciente preocupación del mercado ante la posibilidad de que el conflicto afecte las rutas energéticas de la región.

Un movimiento similar se observó en el West Texas Intermediate (WTI), el crudo de referencia en Estados Unidos. En este caso, el precio avanzó 2,24 dólares, equivalente a un aumento cercano al 3%, hasta situarse en 76,80 dólares por barril. Con este nuevo repunte, ambos indicadores acumulan subas cercanas al 5% en apenas dos jornadas, una señal de la sensibilidad del mercado petrolero ante cualquier tensión que ponga en riesgo el flujo de crudo desde Medio Oriente.