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Estados Unidos - Irán: los posibles escenarios económicos y geopolíticos

Hoy ya no es un conflicto en Irán, sino que se ha propagado a toda la región y más allá de sus fronteras. Escenarios que evalúan los analistas europeos.

El mar Arábigo y el estrecho de Ormuz son puntos clave en el comercio global de petróleo y GNL, con cerca del 20% total del comercio global, que podría verse afectado por una drástica decisión del gobierno de Irán.

El mar Arábigo y el estrecho de Ormuz son puntos clave en el comercio global de petróleo y GNL, con cerca del 20% total del comercio global, que podría verse afectado por una drástica decisión del gobierno de Irán.

El ataque de Estados Unidos e Israel a Irán ha elevado la tensión en Medio Oriente, sobre todo, tras la eliminación del líder supremo Ali Jamenei, junto con otros 48 dirigentes políticos y militares. Aunque el mundo ha presenciado numerosas fases de tensión entre ambas partes desde 1979, esta escalada sin precedentes tiene consecuencias profundas y duraderas en la región.

Los analistas señalan que los escenarios que pueden darse con el petróleo dependen de lo que pase en Irán. Así lo creen, por ejemplo, los estrategas de la gestora alemana Berenberg, que explican que el conflicto que se ha abierto en el país islámico tras el ataque de EE.UU. e Israel genera importantes incertidumbres para los mercados y los productores de energía.

Y dado que la situación en Irán sigue siendo cambiante y susceptible de evolucionar rápidamente, proyectaron tres posibles escenarios para los precios del petróleo que los inversores deben tener en cuenta a partir de ahora.

Un escenario sería la reanudación de las negociaciones con daños limitados a la infraestructura: se trata de un escenario benigno donde ambas partes avanzarían hacia una negociación y los daños a las principales infraestructuras energéticas de la región serían limitados. Además, el transporte de crudo se reanudaría en pocas semanas a través del Estrecho de Ormuz y las exportaciones iraníes solo se verían modestamente afectadas.

En este contexto, los analistas de Berenberg esperan que el precio del Brent vuelva gradualmente a niveles más acordes con los fundamentales, posiblemente manteniéndose en el rango de 60-70 dólares por barril, porque creen que el petróleo de calidad Brent ya ha incorporado parte del riesgo geopolítico, superando nuevamente los 70 dólares por barril la semana pasada.

Explican que, el mercado petrolero registraría un exceso de oferta de alrededor de 2 millones de barriles diarios en 2026, por lo que una disrupción limitada podría absorberse con relativa comodidad si la situación se resuelve. Al respecto, recuerdan que el presidente Trump afirmó en repetidas ocasiones que desea precios bajos del petróleo, y creen que tiene incentivos para evitar escenarios en los que la infraestructura energética se vea amenazada y los precios del crudo se disparen, especialmente de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos previstas para finales de este año.

Exportaciones iraníes

Otro escenario contempla la interrupción significativa de las exportaciones iraníes: en este caso las exportaciones iraníes se verían significativamente afectadas durante un tiempo, mientras que otras infraestructuras y exportaciones energéticas no sufrirían daños graves, retomándose las operaciones normales en pocas semanas.

Recuerdan que Irán producía alrededor de 4,8 millones de barriles diarios en enero y exportó cerca de 2 millones de barriles diarios durante 2025, destinando la mayoría de estas exportaciones a China. Si estos envíos se interrumpieran debido a daños sustanciales en infraestructuras u otras circunstancias, eso bastaría para dejar el mercado mundial de petróleo aproximadamente equilibrado, eliminando el actual exceso de oferta.

Entonces, tras un posible repunte a corto plazo, anticipan que el Brent podría estabilizarse en el rango de 70-85 dólares por barril bajo este escenario. Este sería, por tanto, un escenario de equilibrio ya que creen que el mercado petrolero quedaría en términos generales equilibrado durante 2026.

La OPEP podría aumentar la producción para aliviar los temores de suministro, aunque estiman que solo alrededor de 1 millón de barriles diarios adicionales estarían cómodamente disponibles, dejando una capacidad muy limitada ante cualquier otra interrupción del suministro.

Además, con las exportaciones iraníes limitadas, el costo para Irán de afectar el tránsito marítimo por el Estrecho de Ormuz sería muy bajo (mientras que actualmente depende de ese tránsito para su propio petróleo), por lo tanto, el temor a una disrupción prolongada probablemente persistiría, incorporando una prima de riesgo significativa en los precios del crudo durante el resto del año.

En este escenario también prevén que el crecimiento de la oferta de petróleo fuera de la OPEP se desacelere a partir de 2027 y así el equilibrio del mercado dependerá entonces del crecimiento de la demanda y de otros factores, pero los precios podrían seguir aumentando el año que viene y más allá para incentivar una mayor inversión y crecimiento de la oferta, ya que el mercado tardaría tiempo en compensar la pérdida de las exportaciones iraníes.

Cierre de Ormuz

Un tercer escenario sería el cierre prolongado del Estrecho de Ormuz: si el Estrecho de Ormuz permaneciera cerrado durante un período prolongado (por ejemplo, varios meses o más), ya sea por minas o por la amenaza de ataques con drones, y una parte sustancial del petróleo que transita por él quedara bloqueada, el mundo afrontaría un fuerte shock de precios del crudo.

Explican que una escasez significativa de oferta obligaría a un ajuste vía precios para racionar la demanda, lo que probablemente impulsaría el Brent muy por encima de los 100 dólares por barril, con potencial de picos hasta o incluso por encima de máximos históricos previos.

Además, no hay que soslayar que Qatar y Emiratos Árabes Unidos también exportan gas natural licuado (GNL) a través del Estrecho de Ormuz, lo que representa alrededor del 20% de las exportaciones mundiales de GNL, si estos flujos también se vieran afectados, el mercado de GNL podría tensionarse, ejerciendo presión al alza sobre los precios del GNL y del gas en Europa.

Escenarios potenciales

En esta línea los expertos de gestora Edmond de Rothschild delinearon tres escenarios geopolíticos con sus respectivas probabilidades.

El escenario más temido es el del caos (20%), similar a la situación de Libia tras la caída de Gadafi. Incluso si el régimen actual colapsa, las alternativas no son evidentes y el vacío institucional podría desembocar en una guerra civil entre las distintas facciones de la sociedad iraní.

En este caso, explican que la inestabilidad podría durar muchos años, con consecuencias significativas dada la importancia estratégica de Irán en la región. Si surgieran milicias, tendrían una capacidad considerable para generar disrupción, ya sea perturbando de forma permanente el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz o atacando regularmente instalaciones petroleras en la región, siendo además muy difíciles de eliminar, como ilustra el caso de los rebeldes hutíes.

En este escenario, la prima de riesgo geopolítico se mantendría muy elevada y persistente en los precios del crudo, con un riesgo significativo de una nueva espiral inflacionaria, lo que justificaría una cautela más prolongada respecto a los activos de riesgo y los bonos soberanos a largo plazo.

Por lo tanto, los efectos de segunda ronda sobre la deuda privada estadounidense, vinculados al aumento del costo del capital, serían entonces motivo de preocupación, y también podrían surgir dudas en torno a las emisiones de deuda de las empresas de IA, que aumentarán significativamente en los próximos dos años para financiar su capex.

El segundo escenario es el de una guerra de desgaste (50%) que se prolongaría durante varios meses antes de una desescalada iniciada por Trump. Es probable que el régimen iraní demuestre ser más resistente de lo que EE.UU. e Israel anticipaban.

La historia muestra que es extremadamente difícil derrocar a un régimen sin una intervención terrestre, algo que Trump descarta categóricamente debido al elevado riesgo de bajas humanas. Si el conflicto se estanca, incluso si la estructura del régimen permanece en pie, Trump podría verse tentado a poner fin a las hostilidades declarando igualmente la victoria, destacando la eliminación del Líder Supremo y la destrucción de las capacidades militares de Irán.

En efecto, Trump no querrá arriesgarse a un nuevo repunte de los precios de la gasolina en vísperas de las elecciones de mitad de mandato y favorecerá un retorno al statu quo, con la continuación del pulso con Irán, pero a menor intensidad. En este escenario, los precios del crudo retrocederían sin volver a los niveles previos a la crisis, lo que aun así sería suficiente para reavivar el apetito por el riesgo en los mercados financieros.

¿Cambio de régimen?

El escenario que finalmente esperan EE.UU. e Israel sería el cambio de régimen (30%), ya sea hacia una transición democrática o hacia otro régimen autoritario más conciliador con Washington. En esta fase, es imposible imaginar qué forma podría adoptar, pero si Washington lograra sus objetivos, ello marcaría un punto de inflexión histórico en la región, poniendo fin a un ciclo de más de 40 años iniciado con la Revolución Islámica de 1979.

EE.UU. habría obtenido una victoria importante, al lograr aislar a Irán del resto de los países del Golfo Pérsico y consolidar aún más los Acuerdos de Abraham, con el proyecto de un arco panárabe favorable a la inversión directa. En este escenario, podría seguir considerándose que se está en un boom inflacionario impulsado por políticas monetarias y fiscales que continúan siendo muy acomodaticias en todas las grandes regiones (EE.UU., Europa, China, Japón, Reino Unido).

Este escenario favorecería la búsqueda de oportunidades en renta variable y crédito, con una preferencia continuada por la rotación internacional en favor de Japón y los mercados emergentes.