En medio de la polémica, la industria textil mendocina vive un deja vu que los obliga a reinventarse
Las empresas de Mendoza han ajustado estrategias para poder seguir produciendo y competir con las importaciones.
La industria textil de Mendoza enfrenta serios desafíos para reinventarse ante la crisis.
Con la polémica al rojo vivo, luego de las declaraciones del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, la industria textil argentina vive uno de los momentos más desafiantes. Apertura de las importaciones, caída de la producción, pérdida de puestos de trabajo y alta carga impositiva son algunos de los condicionantes en estos momentos. Sin embargo, no es algo nuevo para este sector, sino más bien un deja vú de ciclos pasados.
En el caso de Mendoza, los textiles no escapan a la lógica nacional y se han visto obligados a repensar sus estrategias para sobrevivir en una industria altamente competitiva, aunque son realistas sobre la magnitud que tiene el sector en la provincia y la necesidad que han tenido de reinventarse y ser eficientes para poder subsistir a las importaciones y sortear los altos costos impositivos.
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Una historia que se repite en la industria textil
Lía Rosso, docente universitaria en la carrera de Diseño de Indumentaria y Textil y referente dentro de la industria en Mendoza, aseguró que este momento no es muy diferente a otros momentos históricos que ya pasó el sector. “Lo que se está viviendo es un golpe similar al de los años 80, cuando comenzó la globalización de la moda y empezaron a ingresar marcas extranjeras que competían con marcas nacionales”, recordó.
La experta, basada en el análisis teórico de la autora Susana Saulquin, explicó que la industria textil mendocina está hoy en día compuesta principalmente por pequeños emprendedores que compiten con algunos casos puntuales de grandes empresas. En ese marco, la aparición de grandes marcas internacionales en la competencia local con una propuesta integral, obliga a mejorar.
“Fue un momento crítico, pero también positivo, porque obligó a la industria local a profesionalizarse y a trabajar en colecciones para poder competir. Ese es el lado positivo. Desde el punto de vista económico, también sucede que cuando no hay competencia, se pueden fijar precios sin demasiados límites. Con competencia, eso se ajusta”, recordó sobre aquel momento.
Según su análisis, tener competencia es algo positivo en cualquier industria, porque eleva los estándares de calidad, mejora precios y amplía la oferta para el consumidor. Sin embargo, durante los años que estuvieron cerradas las importaciones, muchas marcas argentinas no pudieron acceder a insumos de calidad, mientras que empresas proveedoras decidieron abandonar el país.
“Eso explica por qué algunas marcas argentinas tienen precios elevados sin que la calidad sea equivalente a marcas internacionales. Incluso se ven casos en los que una prenda local puede costar más que una de una marca de lujo internacional, con una calidad claramente inferior. Todo eso es consecuencia de restricciones para importar insumos”, contextualizó.
En el escenario actual, Rosso argumentó que la apertura nuevamente de Argentina a las importaciones tiene dos caras: “Por un lado, es positivo porque permite importar insumos de calidad, que en el país son muy caros y no hay mucha variedad. Por el otro, lo negativo es que hasta que la industria local se acomode, compite con productos que ya vienen terminados y a precios muy bajos, como los de plataformas internacionales. Esa competencia es dura, pero es algo que ocurre en todo el mundo”, expresó.
La necesidad de reinventarse
Con este panorama, las empresas mendocinas dedicadas a la industria textil han tenido que tener, una vez más, capacidad camaleónica para subsistir. Andy García, gerente General de Knauer, una marca mendocina que este 2026 cumple 40 años de trayectoria, contó que en su caso, el conocimiento del mercado y justamente cuatro décadas de vida fueron claves para estar mejor parados frente a los desafíos.
“En estos 40 años vimos de todo: crisis, recuperaciones, cambios de reglas, aperturas, cierres. Sabemos que la industria textil argentina siempre se mueve en ciclos, y que las crisis también traen oportunidades para quienes saben leer al consumidor. Supimos ver esto a tiempo, y por eso hace tres años comenzamos a darle mucha fuerza a nuestra unidad de negocio de ropa para el trabajo e institucional. Porque es algo que si o si se tiene que comprar localmente, no se puede importar o traer de China. Este es un ejemplo, de que aun en las crisis, hay oportunidades”, resaltó García.
Sobre el impacto de la importación, el referente de Knauer argumentó que se dio sobre todo en los precios, pero también ha dejado un escenario interesante. “En épocas de crisis, las primeras marcas suelen perder, porque una parte del consumidor deja de pagar solo marca. En cambio, las segundas marcas fuertes, donde el cliente no resigna calidad pero busca mejor precio, suelen ganar participación. Ahí es donde Knauer se fortalece”, rescató.
Otro de los puntos claves es la carga impositiva, uno de los puntos pendientes para todas las industrias en Argentina. En el caso de los textiles, el productor local paga impuestos en cada etapa: desde la materia prima hasta la venta final, llegando a un valor total que supera el 50% de la prenda.
“Muchas veces se señala al precio de la ropa, pero no se explica que una parte muy importante del valor final son impuestos y costos que no controla el fabricante. Mientras tanto, parte de la mercadería importada entra con esquemas impositivos más livianos, lo que genera una competencia desigual”, reconoció
Una situación similar a la que vive Muro, empresa dedicada principalmente a la fabricación de indumentaria empresarial, escolar y deportiva. En su caso, la apertura de las importaciones ha cambiado un poco la lógica de la demanda de las empresas. Alejandra Soriano, propietaria del proyecto, mientras en otras épocas complejas en materia económica las empresas optaban por bajar la cantidad de prendas que elaboraban con confección integral en su local, hoy eligen importar las prendas en paquetes cerrados y solo concretar el bordado o la estampa.
“Lamentablemente no podemos competir en nada: ni en costos ni en precios”, reconoció Soriano. Aunque también reconoció que en Argentina la materia prima es muy cara y eso se convierte en un problema. “Además, estuvo muy monopolizada durante mucho tiempo: eran dos, tres o cuatro fábricas grandes, y no tenías muchas chances de elegir otras opciones. Hoy hay más variedad, pero muchas quedaron en manos de capital extranjero”, advirtió.
De todas maneras, dentro de estos desafíos, desde Muro encontraron los nichos para haber pasado un 2025 que “no fue malo”, aunque los llevó optimizar sus números resignando cada vez más márgenes de ganancia.
“Trabajamos de manera muy personalizada y no tenemos limitantes con los volúmenes. Eso hace que las empresas que quieren mantener su línea de indumentaria puedan venir a nosotros, porque trabajamos con muchos detalles y no algo promocional o masivo”, destacó.
Números que alarman
A nivel nacional, los números del sector textil son más que preocupantes. Según la consultora Analytica, durante el último mes del año pasado, comparada con diciembre de 2024, la producción de confecciones y calzado disminuyó 18,5%, mientras que los productos textiles retrocedieron 31,2%.
Si la comparativa se hace con noviembre de 2023, la caída alcanza 47,6% en textiles y 19,3% en confecciones y calzado. En el desglosado, subsectores como el curtido y la fabricación de artículos de cuero registraron caídas del 44,1%, y tejidos y acabados de productos textiles bajaron 34,7%.
Además, el uso de la capacidad instalada apenas estaba al 29% para la producción textil, el valor más bajo de la serie histórica. Asimismo, entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 se destruyeron 18.333 puestos de trabajo registrados, un retroceso del 15,1% en el sector de textiles, confecciones, cuero y calzado, mientras que la informalidad, especialmente en confecciones, alcanza el 72%.
En ese contexto, en 2025 se dio un fuerte crecimiento de las importaciones con compras externas de indumentaria que aumentaron 97,3%, equivalentes a US$ 336 millones adicionales, mientras que otros textiles subieron 121,2% y calzado 25,2%. Plataformas como de compras vía courier, como Shein o Temu, crecieron 274,2%, impulsando el nivel de importaciones de indumentaria a US$ 681 millones, un récord histórico.

