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El sello de calidad que puede cambiar el negocio para un producto icónico de Mendoza

Con un trabajo articulado del sector público y privado que lleva más de tres años, productores de San Carlos encontraron un diferencial en el valor agregado.

El orégano de San Carlos busca ganar mercados de la mano de su IG y el valor agregado. 

El orégano de San Carlos busca ganar mercados de la mano de su IG y el valor agregado. 

Cuando se habla de productos emblemáticos de Mendoza, el vino suele ocupar todo el protagonismo. Sin embargo, dentro de la geografía mendocina hay otra producción regional que también encontró en el origen su principal fortaleza y ahora busca convertir esa característica en una ventaja comercial.

Se trata del orégano de San Carlos, un cultivo con más de 80 años de historia en el Valle de Uco que desde hace unos meses dio un paso clave con la consolidación de la Indicación Geográfica (IG), una certificación que garantiza que ese producto fue cultivado, procesado y fraccionado dentro de una zona específica y bajo estrictos estándares de calidad.

Este caso puede convertirse en una referencia para el agro mendocino, en un ejemplo en cómo el valor agregado puede transformar la producción. El objetivo es dejar atrás un modelo en el que el orégano salía de Mendoza a granel, era fraccionado en otras provincias y llegaba al consumidor sin ninguna referencia sobre su origen.

“El proceso de certificación llevó más de tres años y después pasó casi un año más hasta que pudimos tener la etiqueta impresa. Recién hace unos seis meses empezamos a utilizarla”, contó Gonzalo Appiolaza, uno de los propietarios de Mardegan y referente en la producción de orégano.

Qué distingue al orégano de San Carlos

Así como ocurre con el vino, el origen tiene mucho que ver con la calidad del producto, pero no es lo único. La amplitud térmica característica del Valle de Uco, los suelos, el manejo del agua y la experiencia acumulada durante décadas permiten obtener un orégano con una elevada concentración de aceites esenciales, responsables de su aroma intenso.

"Tenemos una amplitud térmica muy marcada, suelos que se adaptan muy bien al cultivo y más de 80 años de experiencia produciendo orégano. Todo eso termina haciendo un producto distinto", explicó Appiolaza.

Pero el diferencial no termina allí. La certificación también exige un protocolo de producción muy preciso. El orégano debe elaborarse con una combinación determinada de variedades, presentar hojas enteras, color verde brillante, escasa presencia de polvo y tallos y superar análisis físicos, químicos y sensoriales realizados por especialistas del INTA, el INTI, la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo y la Sociedad Rural del Valle de Uco.

Del campo al paquete

El recorrido del producto comienza en otoño, cuando se implantan nuevos cultivos mediante esquejes obtenidos de plantas madre. Después de varios meses de cuidados, la cosecha llega en diciembre y actualmente se realiza de forma mecánica.

Uno de los aspectos que más distingue al orégano sancarlino aparece inmediatamente después: el secado al sol. Las condiciones naturales de San Carlos -con alta radiación solar, baja humedad y vientos constantes- permiten conservar mejor los aceites esenciales que le aportan aroma y sabor.

Luego llegan los procesos de trillado y zarandeo, que eliminan tallos, polvo e impurezas antes del fraccionamiento. “Hoy tenemos máquinas que dejan un producto impecable. Eso también forma parte de cuidar la calidad”, aseguró Appiolaza.

El problema que busca resolver

Además del valor agregado, la Indicación Geográfica apunta a combatir uno de los mayores problemas históricos del sector: la adulteración. Durante años, parte del orégano comercializado contenía mezclas con otros materiales vegetales, una práctica que perjudicaba tanto a los productores como a los consumidores.

“Cuando hay un 20%, un 30% o hasta un 50% de adulteración, aparecen muchos miles de kilos que se venden como orégano y terminan perjudicando a todo el sector”, advirtió Appiolaza.

Para evitarlo, el sistema incorpora auditorías, controles de trazabilidad y análisis físico-químicos que permiten garantizar el origen y la autenticidad del producto.

La apuesta que viene

Hoy San Carlos reúne entre 1.100 y 1.200 hectáreas cultivadas con orégano y más de un centenar de productores, en su mayoría pequeños establecimientos familiares. Hasta ahora, buena parte de las exportaciones se realizan a granel hacia mercados como Brasil, Paraguay y Uruguay.

La intención es que la Indicación Geográfica permita cambiar ese esquema y vender un producto fraccionado, identificado con su lugar de origen y con mayor valor agregado. “La certificación es el inicio de un desarrollo económico mucho más importante. Nos permite pensar en nuevos mercados, en turismo vinculado a la producción y en exportar con valor agregado”, afirmó Appiolaza.

Asimismo, desde la Sociedad Rural del Valle de Uco, Lucila Portela, referente de la entidad, anticipó que esta experiencia es apenas el primer paso de un proyecto más amplio, denominado Camino de Indias, que busca aplicar el mismo modelo a otras aromáticas y plantas medicinales de la región.