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El mendocino pionero en software que ahora apuesta por autos eléctricos e IA en medicina

Tras la venta de Belatrix, Luis Robbio inició una nueva etapa en su vida como empresario donde combina la tecnología con sectores tradicionales.

Luis Robbio, referente de la tecnología en Mendoza se sigue renovando a los 75 años con proyectos claves que combinan la tecnología y el desarrollo regional. 

Luis Robbio, referente de la tecnología en Mendoza se sigue renovando a los 75 años con proyectos claves que combinan la tecnología y el desarrollo regional. 

Milagros Lostes - MDZ

Hablar de Luis Robbio es hablar de un antes y un después en el ecosistema emprendedor de Mendoza y la economía naranja. Co-fundador de Belatrix, la empresa que demostró que desde estas latitudes se podían exportar “cubitos a los esquimales” -como él suele bromear sobre vender software a los Estados Unidos-, su nombre quedó sellado en la historia grande de los negocios locales tras la exitosa venta de la compañía al gigante Globant.

Sin embargo, lejos de los laureles del retiro, a sus 75 años, y fiel a un estilo de reinvención constante, Robbio sigue marcando el ritmo de la vanguardia en los negocios en la provincia. Hoy, su mirada no solo está puesta en las líneas de código, sino en la convergencia de la tecnología con sectores tradicionales y críticos para el desarrollo regional: la construcción sustentable, la movilidad eléctrica y la salud.

En una entrevista con MDZ Online, el ingeniero electrónico repasó el camino recorrido junto a sus hijos en el desarrollo de Belatrix y detalló como evolucionan sus proyectos actuales. Desde un innovador edificio inteligente desarrollado junto a Hugo Pincolini en Mendoza, equipado con domótica y preparado para la transición energética, hasta su participación en sistemas de carga inalámbrica para vehículos eléctricos en el mercado estadounidense.

Pero quizás lo más inquietante y fascinante de su visión actual es el desembarco de la Inteligencia Artificial en la práctica médica local. Robbio compartió los resultados de las pruebas realizadas en la Clínica de Cuyo con un asistente de diagnóstico que promete revolucionar la precisión en la atención sanitaria.

Mirá la entrevista completa

Entrevista Luis Robbio Belatrix

-¿Cómo fue ese arranque en la tecnología con el desarrollo de Belatrix?

-Fue un emprendimiento que hicimos con mis dos hijos; algo netamente familiar que terminó teniendo un tamaño muy importante. Tuvimos el gusto de trabajar en familia y llegamos a tener más de 800 personas con filiales alrededor del mundo. Nuestra primera sucursal fue en China y no nos fue bien, pero después abrimos en Buenos Aires y en Lima de forma simultánea. En Lima nos fue fantástico y luego seguimos por Bogotá; en el ínterin abrimos también una pequeña oficina en Silicon Valley. Fue un hermoso proyecto basado en el conocimiento de los ingenieros mendocinos; teníamos la confianza de que había talento para trabajar con empresas de Estados Unidos. Siempre hacía el chiste de que salimos a venderles "cubitos a los esquimales", porque fuimos a la cuna del software y nos fue muy bien. Fue un desafío impulsado por la fe en la materia prima local.

-Antes de Belatrix, ¿a qué se dedicaba? ¿Cómo era su vida profesional?

-Yo soy ingeniero electrónico y tenía una empresa que llamo "Belatrix 0.0", donde hacíamos proyectos de electrónica. De ahí surgió la idea de meternos en el mundo del software y la verdad es que fue un rubro que nos explotó; dejamos lo otro de lado porque la proporción del negocio fue de 100 a 1. Antes de eso, trabajé varios años en IMPSA en temas de tecnología, así que el área no era ajena a mi trayectoria.

-Para el ecosistema mendocino, Belatrix fue un punto de inflexión: una compañía local que se vendió a una multinacional como Globant. Recibieron muchas ofertas antes, ¿por qué decidieron que ese era el momento de vender?

-Nosotros somos miembros de Endeavor y esa organización siempre nos inculcó algo que va contra las reglas del empresario argentino tradicional: no te enamores de tus empresas. Si ves una oportunidad y la transacción vale la pena, vendela y seguí haciendo otras cosas. Eso hicimos; cada uno de nosotros ha seguido activo, no nos retiramos a Hawaii a tomar sol.

Lo que nos convenció fue un libro que trajo uno de mis hijos sobre cómo organizar una empresa. Decía: “Organice su empresa pensando que la va a vender mañana”. Eso significa tener todo ordenado, sin nada bajo la alfombra, porque el día que vendas van a revisarte todo. Fue una linda manera de enfocarnos en la prolijidad: nunca tuvimos una persona en negro ni prácticamente deudas; estábamos al día con todas las obligaciones fiscales. Entonces apareció un "enamorado" que empezó a perseguirnos. Contratamos a una consultora en Estados Unidos y ellos nos advirtieron que la curva de compra de estas empresas estaba en un pico máximo. Fue el momento justo.

Luis Robbio Belatrix

-Usted sigue muy activo con proyectos de vanguardia. ¿En qué está trabajando hoy?

-Entré en un negocio no tradicional para mí, que es la construcción de un edificio, pero le pusimos la impronta tecnológica. Lo estamos terminando en un mes o mes y medio, hecho totalmente con capital propio en sociedad con Hugo Pincolini, un empresario de mucha trayectoria. Hemos instalado calefones y paneles solares, domótica en todos los departamentos y enchufes para autos eléctricos en los estacionamientos. Es un proyecto para hoy, pero pensando en el futuro, porque uno es fanático de la tecnología.

-También sabemos que está involucrado con el tema de los autos eléctricos.

-Tengo una participación más pasiva, con un pequeño aporte de capital que me permite interactuar con la compañía. Es un proyecto hermosísimo que creo que este año explota: un sistema de carga de batería inalámbrico. Es el mismo proceso con el que cargás un celular moderno, sin contacto, mediante transferencia magnética. Esto es clave, por ejemplo, para los taxis sin chofer que están explotando en Estados Unidos; hoy es ridículo que el taxi circule solo pero necesite que una persona vaya a conectarlo. Con esta tecnología, el auto solo tiene que pararse sobre una plataforma empotrada en el piso. Además, estamos probando que la comunicación sea reversible: el auto carga en la madrugada con tarifa barata, pero en las horas pico de consumo —cuando la energía es más cara— el sistema puede sacar energía de la batería del auto e inyectarla a la red de la casa. En algunos lugares, la carga podría terminar siendo gratis por ese juego de oferta y demanda.

-¿Y qué proyectos o tendencias tecnológicas ve para Mendoza?

-En el edificio ya estamos dejando los cargadores. Se viene una "avalancha" con los autos chinos, que en su mayoría son híbridos enchufables. Estamos tratando de que la gente que venga a vivir al edificio tenga autos eléctricos y que cargarlos no sea una molestia. Por otro lado, la Inteligencia Artificial (IA) aplicada a la medicina me vuela la cabeza. Uno de mis hijos vive en Estados Unidos y junto a un grupo de profesionales desarrollaron una aplicación de IA para diagnóstico médico que es brillante.

Hicimos una demo en la Clínica de Cuyo simulando un paciente con problemas cardíacos. La IA graba la entrevista, analiza la historia clínica y el diálogo con el paciente, y le presenta al médico alternativas de diagnóstico basadas en las bases de datos de cardiología de Estados Unidos. Es un asistente: el médico valida y decide. Incluso en patologías que se diagnostican con rayos X, la IA ha demostrado ser más precisa que los radiólogos. En la Clínica de Cuyo les gustó mucho y el próximo paso es habilitarles el sistema en forma provisoria para que lo prueben ellos mismos. En la IA o te subís al tren o te quedás afuera; es así de cruel.

El empresario Luis Robbio junto a Cornejo. Foto: Prensa Gobierno de Mendoza.
El empresario Luis Robbio junto a Cornejo. Foto: Prensa Gobierno de Mendoza.
El empresario Luis Robbio junto a Cornejo. Foto: Prensa Gobierno de Mendoza.

-¿Cree que sociedades como la de Mendoza pueden adoptar estas tecnologías pronto?

-Estoy seguro. El impacto es tan fuerte que no podés quedarte afuera; el que lo hace, retrocede en el tiempo. No digo que todo sea perfecto, es un proceso con ganadores y perdedores, y los perdedores serán quienes no se adapten a las nuevas reglas. Ya hay gente trabajando en esto aquí; ayer leí sobre un proyecto en San Juan que usa máquinas entre las hileras de viñedos para detectar enfermedades y aplicar remedios solo donde es necesario. Es inevitable.

-Muchas ideas abundan, pero no todas logran financiamiento. ¿Cómo fue su experiencia buscando inversores?

-Somos un “bicho raro” porque nunca tuvimos inversores. Siempre fuimos muy severos y conservadores con el manejo de la plata, lo que nos permitió crecer con fondos propios. Eso te da una libertad adicional, aunque como empresarios siempre teníamos los bolsillos secos porque reinvertíamos todo. Hoy, para elegir proyectos, hay que saber que en Silicon Valley de cada diez proyectos, en seis o siete se pierde todo. Aquí en Argentina tenemos el culto al ganador, pero en Estados Unidos se respeta mucho al que lo intentó y no le fue bien, porque ya aprendió.

En este mundo tan dinámico, se valora al tipo que se atreve. Ideas sobran, el tema es la combinación de idea y ejecución. Ahí es donde muchos fracasan, creyendo que la idea se defiende sola. Para ejecutar hace falta mucha pasión. Una vez hicimos una encuesta en Belatrix sobre qué caracterizaba a los empleados y la palabra que salió gigante fue "pasión". De eso se trata: si sos emprendedor vas a trabajar el doble que un empleado y es probable que te vaya mal, pero con pasión la vas a pelear. También hay que buscar la calidad de primer nivel en todo lo que uno haga, ya sea producir cerezas o software, y no enfocarse absurdamente en la plata; el dinero llega cuando hacés las cosas bien.