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El desafío de Caputo y Bausili: cómo acumular reservas sin descuidar la inflación y la actividad

El ministro de Economía, Luis Caputo, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, se enfrentan a un trilema.


El programa económico del Gobierno se enfrenta a un "trilema" entre el proceso de acumulación de reservas, bajar la inflación y fomentar un crecimiento de la actividad económica. El ministro de Economía, Luis Caputo, deberá elegir en dos de tres y cual descuidar en el corto plazo.

El Gobierno parece que ya eligió al menos una variable. El Banco Central (BCRA) comenzó el año con el proceso de engrosar sus arcas, algo demandado tanto por el mercado como por el Fondo Monetario Internacional (FMI). La entidad monetaria presidida por Santiago Bausili compró el miércoles US$107 millones en el MULC y, en lo que va del año, adquirió US$823 millones.

En este escenario, un informe de PxQ sostuvo: "No es posible, al mismo tiempo, acumular reservas, reducir la inflación y promover el crecimiento económico. Se debe elegir dos de tres".

De acuerdo a la consultora del economista y exviceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, la estrategia del oficialismo para fortalecer la posición externa del país modificó el esquema monetario y, en lugar de utilizar el tipo de cambio como ancla antiinflacionaria, el foco pasó a estar puesto en la acumulación de reservas.

El nivel de reservas del Banco Central mejoró en los últimos meses, gracias a la política de compras diarias. Foto: Noticias Argentinas
El nivel de reservas del Banco Central mejoró en los últimos meses, gracias a la política de compras diarias. Foto: Noticias Argentinas

Esta postura encarece el financiamiento del Tesoro y limita la recuperación del crédito. De esta manera, retorna el histórico trilema macroeconómico argentino entre reservas, desinflación y crecimiento económico. Los tres objetivos que no pueden resolverse al mismo tiempo en el corto plazo. Una decisión de política económica que favorece uno de esos objetivos tiende a afectar negativamente a alguno de los otros dos en el corto plazo. Es decir, cualquier combinación deja al menos una de las tres variables tensionada. Si sube el dólar, hay más inflación y baja la actividad. Si el tipo de cambio se mantiene en estos niveles, se pierden reservas, pero la inflación no se descontrola e incluso puede haber tener algo de actividad.

Aunque algunos economistas señalan que el impacto inflacionario se podría ver amortiguado ya que el BCRA adquiere las divisas mediante block trades o compras en bloque, lo que significa que le compra a operadores que venden montos muy grandes, como exportadores de granos y a compañías que realizaron emisiones de deuda. Es decir, frente a demanda de pesos, la incógnita es si esa demanda se sostendrá en el corto plazo.

Inflación

El IPC de diciembre le permitió al Gobierno celebrar el dato anual más bajo en los últimos ocho años. Pero también dejó algunas advertencias: hilvanó el séptimo mes consecutivo al alza y la inflación del 2,8% dejó un nivel alto y complica las aspiraciones del presidente Javier Milei de converger a un número por debajo del 1% para mitad de año o agosto.

Los economistas aclaran que suele ser relativamente más rápido reducir la inflación de tres a dos dígitos anuales, mientras que pasar de esa zona a niveles de un dígito es mucho más desafiante.

inflacion

Inflación. El INDEC dará a conocer la inflación de diciembre.

A su vez, el Indec debutó este mes con la nueva canasta de medición, un cambio que podría poner algo más de presión al dato general al darle mayor peso relativo a los servicios (que vienen corriendo por encima de los bienes) y frente al inminente poda de subsidios en transporte y energía. Así, el IPC se enfrenta a una presión extra que difícilmente dé tregua en el corto plazo.

La Fundación Libertad y Progreso (LyP) estima que enero finalizaría con una inflación en torno al 2,6%, apenas unas décimas por debajo de diciembre y recién para fin de año podría observarse un IPC que rompa la barrera del 1%.

Actividad

Para 2026 se estima que el PBI tenga un crecimiento cercano al 2,4%, frente a un 2025 que terminaría en torno al 4,4%, pero casi en su totalidad debido al efecto de arrastre estadístico del año anterior, según señaló LCG.

La clave de este año respecto a la actividad pasará por si el Gobierno puede estimular el crédito. Las tasas volvieron a subir y en el corto plazo merma un poco la demanda de préstamos, que los especialistas advierten lejos estará en los niveles y el rol que ocupó en 2024 para traccionar la actividad económica.

Si se bajan las tasas de interés y mejora el crédito, podría mejorar el consumo y la inversión, y con ello fomentar un impulso a la actividad. Pero aumentaría la demanda de importaciones y de dólares, lo que presionaría a las reservas y a la inflación.