El costo oculto de calefaccionar mal: cómo impacta en la factura y en el consumo energético
Con las bajas temperaturas, la calefacción es uno de los mayores desafíos económicos del hogar. Cómo cuidar el consumo y evitar pagar de más.
En un contexto de consumo, las tarifas que pesan cada vez más en el presupuesto familiar, mantener el hogar cálido dejó de ser una acción automática.
Archivo.En un contexto de inflación, el consumo energético y las tarifas pesan cada vez más en el presupuesto familiar para mantener el hogar cálido, y ya dejaron de ser una acción automática. Hoy el desafío no es solo generar calor, sino hacerlo de manera eficiente.
La calefacción concentra el mayor consumo energético en el hogar de los argentinos, por lo que una parte importante del gasto mensual depende del uso que se haga de estos sistemas. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA) una vivienda tipo destina alrededor del 35% de energía (electricidad y gas) a este fin.
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Foco en el consumo
Por eso, hoy la clave no es cuánto se consume, sino cómo se consume. En Argentina, el 47% de los hogares cuenta con aire acondicionado, mientras que el 40,9% utiliza estufas a gas como sistema de calefacción. Sin embargo, esa disponibilidad no siempre se traduce en un uso eficiente.
Mientras el gas suele operar como fuente principal, el aire acondicionado en modo calor queda relegado por la percepción de que "consume demasiado". Esa idea no refleja el funcionamiento de la tecnología actual. Los equipos con tecnología inverter en lugar de generar calor, lo capturan del exterior y lo transfieren al interior, con niveles de eficiencia superiores y ahorros que pueden superar el 50% frente a equipos tradicionales.
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En la práctica, son una alternativa eficaz para calefaccionar ambientes específicos o en momentos puntuales. El problema aparece cuando se usan sin criterio: temperaturas muy altas, uso continuo o mala aislación hacen que cualquier sistema, ya sea gas o eléctrico, pierda eficiencia.
Uso eficiente
El mayor riesgo es el uso ineficiente. Más que elegir entre gas o electricidad, la clave está en combinarlos de forma inteligente: usar el gas como base en espacios amplios y el aire acondicionado para ajustar el consumo según el ambiente y el momento.
Mantener temperaturas moderadas, evitar calefaccionar ambientes vacíos, reducir el uso continuo durante la noche y mejorar la aislación son decisiones simples con impacto directo en la factura. En muchos casos, el ahorro no está en cambiar de equipo, sino en usar mejor el que ya se tiene.
Este tema trasciende lo doméstico. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), la cantidad de equipos de aire acondicionado a nivel global podría pasar de 2.400 millones a 5.600 millones hacia 2050, y hoy ya representan cerca del 7% del consumo eléctrico mundial. El desafío es sostener el confort sin que el consumo se vuelva cada vez más costoso.
La calefacción concentra el mayor consumo energético. La forma en que consumimos energía impacta no solo en el gasto mensual, sino también en la presión sobre los sistemas energéticos en su conjunto.
En un contexto de tarifas más altas, la eficiencia deja de ser una cuestión técnica para convertirse en una decisión económica. Porque el mayor costo no siempre está en consumir más, sino en consumir mal.
* Maximiliano Magariños, Managing Director Cono Sur de Daikin.



