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Economía: nubarrones y viento en contra

Aumentan las probabilidades de una suba de tasas a medida que el presidente de la Fed adopta una postura más restrictiva. Cuestionan el momento oportuno para que se refleje la productividad de la IA.


Desde un remoto pueblo del Wyoming profundo, Jackson, el banquero central más poderoso del planeta, habló y todos los mercados acusaron recibo. Fue en el tradicional seminario de Jackson Hole, donde, convocados por la Fed de Kansas City, se reúnen los principales banqueros centrales del mundo y todo el mundillo financiero global. Allí hizo su debut Kevin Warsh, dejando en claro que había más probabilidades de que subieran las tasas de interés a que bajaran, como pretende el presidente Donald Trump.

El discurso fue, en esencia, de tono agresivo. Warsh presentó la inflación como la prioridad clara, dijo que las condiciones financieras no son restrictivas y estableció una vara alta: “Confío en que la inflación subyacente se está moviendo hacia nuestro objetivo, de forma clara y a una velocidad suficiente”, al tiempo que se negó a comprometerse de antemano con una suba de tasas en septiembre. Sin embargo, ya en los sitios de predicciones las probabilidades de una suba de tasas de interés están aumentando rápidamente.

Por otro lado, las primeras reacciones reflejan que el mercado sigue confundido o, simplemente, selecciona lo que quiere oír: el oro baja tras los comentarios restrictivos de Warsh; los bonos del Tesoro de EE.UU. y el bitcoin se mantienen estables tras sus comentarios neutrales, y las acciones suben hasta el máximo del día tras sus declaraciones moderadas.

Claro que el accionar de Warsh hacia una estrategia agresiva en el corto plazo y, por su parte, la postura del secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, favorable a estrategias de largo plazo, impactarán en los rendimientos de los bonos del Tesoro, que, dicho sea de paso, treparon a niveles máximos en décadas.

Impacto en emergentes

Pero algo que luce tan lejano, desde las Montañas Rocosas del oeste norteamericano, tiene sin duda, implicaciones no solo para la economía y los mercados mundiales, sino para los mercados emergentes, como el argentino.

¿Por qué? Ocurre que la tasa de referencia de la Fed es la guía para el resto de las tasas del mercado financiero estadounidense y global. En tal sentido, hay que recordar que la prima de riesgo país se construye sumando a la tasa de interés de EE.UU., según el plazo en cuestión, el diferencial de riesgo.

De modo que, de partida, el país que vaya al mercado de capitales internacional a buscar financiamiento parte de un costo financiero base determinado por esa tasa. Por ejemplo, si un país quiere colocar un bono a 10 años en dólares, de partida debe ofrecer a los inversores un plus sobre esa tasa a 10 años, hoy del 4,7%. Si fuera una emisión de más largo plazo, a 30 años, hoy la tasa supera el 5,2%.

Entonces, sobre estos niveles de rendimiento parte el costo de financiarse en los mercados de deuda internacionales. Por ende, cada vez que las expectativas apuntan a una suba de tasas, se encarece el crédito internacional, y viceversa.

El Gobierno de Milei logró recientemente que las calificadoras mejoraran la nota de la deuda argentina hasta niveles de B-. Así, el riesgo país bajó a niveles de 400 puntos básicos (4%) tras el pago del cupón de julio, pero ahora nuevamente trepó por encima de los 500 puntos, por factores externos y locales.

Los inversores toman como referencia el rendimiento de los bonos corporativos de EE.UU. para tener un espejo para Argentina. Hoy esos bonos rinden entre 7% y 7,5%. Se especulaba con que el equipo económico aspiraba a un riesgo país de 300 puntos para volver a los mercados, aunque los analistas aconsejaban aprovechar la ventana de los 400-450 puntos. Sin embargo, el equipo del “Toto” Caputo habría acusado recibo de que Wall Street aún no estaba tan bien predispuesto a aceptar una colocación de deuda argentina y, por eso, habría dilatado la decisión.

Lo cierto es que, según comentan en el mundillo financiero de la Gran Manzana, todavía hay mucha gente con memoria de la experiencia de la gestión Cambiemos y prefiere esperar para volver a apostar en Argentina. Por lo tanto, si las expectativas ahora son más proclives a que la Fed vaya camino a subir las tasas, más que a bajarlas, como esperaba sobre todo Trump, el financiamiento externo se encarece no solo para el Tesoro argentino, sino también para las empresas.

Además, aquella deuda que está a tasa flotante sufre el impacto de una probable suba de tasas, lo que implica una mayor carga financiera para las arcas públicas argentinas. A esto se suma que el contexto electoral en nada colabora. Hoy, los gestores de deuda emergente manifiestan dudas sobre la continuidad de las políticas del Gobierno libertario y, por ello, algunos exigen más premio para invertir en bonos soberanos argentinos, mientras que otros prefieren esperar hasta 2027.

Está claro que el clima político electoral empezó a jugar y que la reciente trepada del riesgo país tiene vinculación directa con las encuestas y el panorama político local. Entonces, todo movimiento de la Fed en lo que resta del año será monitoreado muy de cerca por el Gobierno para evaluar las chances de volver a los mercados de deuda.

Opinan los que saben

Para los especialistas, el discurso de Warsh dejó una tendencia belicista, aunque con la certeza de que las palabras se las lleva el viento. Warsh adoptó un tono pragmático, aunque ligeramente restrictivo, lo que impulsó a los inversores a prever un endurecimiento de la política monetaria de 53 puntos básicos (0,53%) en los próximos 12 meses, frente a los 45 puntos básicos (0,45%) previstos anteriormente. Hoy, la tasa de referencia de corto plazo (Fed funds) está entre 3,50% y 3,75%. Mientras que las tasas largas, a 10 y 30 años, referencias para los mercados de deuda, treparon por encima del 4,5% y el 5%, respectivamente.

¿Qué dijo Warsh? A partir de los datos recopilados desde la reunión de julio, infirió que el desempeño general de la economía parecía haberse fortalecido y concluyó que “los mercados laborales son compatibles con el pleno empleo”. Sin embargo, señaló que “en lo que respecta a la estabilidad de precios, las cifras son más preocupantes”.

En concreto, destacó los indicios de una inflación elevada y generalizada. Subrayó que, en los últimos 12 meses, el 54% de los bienes y servicios de la cesta del índice PCE registraron aumentos de precios superiores al 3%, muy por debajo de los máximos posteriores a la pandemia, que rondaban el 77%, pero muy por encima del 32% registrado durante las dos décadas anteriores a la pandemia.

Su opinión de que “le resultaría difícil describir las condiciones financieras generales como restrictivas” implica que sería necesario aumentar las tasas de interés para que la inflación volviera de forma sostenible al 2%. No obstante, se abstuvo de ofrecer directrices sobre la trayectoria de la política monetaria a corto plazo y argumentó, en cambio, que su discurso debía considerarse un “esquema” o una “hoja de ruta”.

Algunos comentarios también sugirieron que mantener las políticas sin cambios sigue siendo una opción viable. Reiteró que las políticas no deben basarse en datos obsoletos: “Las noticias de ayer suelen confundirse con la realidad actual”. Además, destacó que el 49% de los bienes y servicios de la cesta del PCE registraron aumentos de precios anualizados superiores al 3% en los últimos seis meses. Si bien esta cifra sigue siendo elevada en comparación con el pasado, representa una tendencia positiva respecto de los seis meses anteriores.

En definitiva, la hipótesis principal de que la Fed mantendrá la política monetaria sin cambios durante el resto del año se ve algo más presionada tras el discurso de Warsh. Por lo tanto, el mercado no descarta una suba puntual de 25 puntos básicos (0,25%) en la tasa de interés de referencia para diciembre.