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Economía a dos velocidades: ganadores y perdedores del plan Milei

A pesar del crecimiento del PBI, el plan económico de Javier Milei apuesta todas sus fichas a las exportaciones y posterga a la industria.

La industria textil continúa enfrentando una crisis que parece no tocar fondo Foto: Prensa Gobierno
La industria textil continúa enfrentando una crisis que parece no tocar fondo Foto: Prensa Gobierno

La economía argentina crece, no hay ninguna duda. El Indec marcó que en el primer trimestre de 2026 el PBI mejoró un 2,3%, con un récord histórico de exportaciones que crecieron un 9,8%. La pregunta que circula es, entonces, por qué buena parte de la población siente que esa mejora no le llega a los bolsillos. La respuesta es bastante simple. Más allá de las valoraciones políticas sobre lo que implica para el país el plan económico, se realizó un cambio abrupto de modelo sin dar chances a adaptaciones y reconversiones productivas, por lo que se generó una economía que marcha a dos velocidades.

Se trata de una realidad que el Gobierno anticipó cuando decidió el rumbo y que, aunque se ocupa de relativizar en cada oportunidad que puede, es lo que los medios de comunicación retratan para disgusto del presidente Javier Milei.

Cada vez que pueden desde el ministerio de Economía plantean que se trata de un estado de cosas que esperan revertir en el corto plazo a partir de una avalancha de inversiones, pero aún es sólo una promesa.

Algunos sectores favorecidos por el programa de gobierno, que tienen un gran potencial para generar divisas por exportaciones, suman mucho al crecimiento de los números del PBI. Se trata de la energía, la minería, el agro y la intermediación financiera. Si las estadísticas solo midieran estos cuatro sectores, la economía argentina mostraría un crecimiento récord.

Pero, otras actividades deben soportar números muy malos. La industria manufacturera, la construcción, el comercio y los servicios llevan más de dos años con datos negativos, con rebotes que no logran dar vuelta la ecuación. Se trata de rubros que que emplean a la mayor parte los trabajadores en el ámbito privado y los que registran de manera consistente cierres de empresas y aumento de los despidos.

El ajuste sistemático en todos los sectores del Estado como método privilegiado para acceder al objetivo irrenunciable de superávit fiscal, provocó otra masa de desempleados que fueron despedidos de organismos públicos, trabajadores y jubilados con ingresos en franca baja, y una multitud de pequeñas empresas y trabajadores afectados por la parálisis completa y deliberada de la obra pública nacional.

Sin transición

El modelo económico actual tiene historia conocida en la Argentina. Apertura de la economía, liberación de precios, desregulación de la actividad y retiro del Estado del manejo de servicios públicos. Y si bien en esta oportunidad tiene algunas diferencias sustanciales (como un rígido déficit cero) con las anteriores experiencias, comparten con ellas la filosofía de aplicar el modelo sin anestesia, es decir, sin períodos de adaptación o planificación a mediano plazo.

El presidente Milei, incluso, habló de ir mucho más rápido que lo que lo hizo Mauricio Macri durante su mandato, al punto que en más de una oportunidad dejó en claro que su Gobierno no iba a esperar a nadie. "Las empresas que no se adapten quebrarán", aseguró en campaña e instó a los trabajadores que pierdan sus trabajos a bucar alternativas. Claro que sin ofrecer ningún tipo de ayuda transitoria.

Los números duros hablan de un cambio dramático sin opciones de corto plazo. Una transformación que promete una lluvia de dólares, siempre y cuando las elecciones ratifiquen el rumbo, para algunos sectores de la economía, y una lenta, dura y problemática insersión en esta nueva realidad para el resto de los sectores.

Los ganadores

El ránking de sectores beneficiados por un modelo económico volcado a la exportación de materias primas lo lidera claramente el rubro Agricultura, Ganadería y Sivicultura. Tras un 2023 signado por un histórica sequía, la recuperación fue veloz. Según datos del EMAE (Estimador de la Actividad Económica), el crecimiento del sector en 2024 fue del 31,3% y de 6,2% en 2025, con números en todo el período que suman más del 40,4% en esos dos años. A esto hay que sumarle un 17% de suba en el primer trimestre del 2026 y un 9% en diciembre de 2023, para completar la evolución de todo el Gobierno de Milei.

Hay que recordar que entre las principales medidas del gobierno respecto al sector sobresale la baja del impuesto a las exportaciones (retenciones).

El segundo sector con números sorprendentes es el de Intermediación Financiera. En un contexto de baja del 1,7% del PBI en 2024, el sector arrancó el periodo con una baja de 4,3%, pero en 2025 lo recuperó con una mejora del 24,7%, consolidando una suba de 18,9% en esos dos años. Para este caso, es necesario destacar los esfuerzos de desregulación que realizó el gobierno, además del dinamismo que le aportaron las fintech y el sector financiero no bancario.

El tercer sector clave fue la minería, que le aportó a la economía un 16% entre 2024 y 2025. Junto con la explotación de hidrocarburos, este segmento es la principal apuesta del gobierno. Las medidas para impulsar este rubro incluyen la puesta en marcha del RIGI, el régimen de incentivos para las grandes inversiones que prometen la llegada de miles de millones de dólares en proyectos de litio, cobre, oro y plata. Se trata de fortalecer el sesgo exportador de materias primas que le quiere dar el Gobierno al país.

El petróleo solapa los números de la industria

Al hablar del sector de la energía debemos hacer una salvedad. Las mediciones del Indec incluyen dentro del rubro "Industria manufacturera" a la producción y refinación de petróleo. Es, por lo tanto, en este indicador donde mejor se visualiza la marcha de la economía a dos velocidades.

La evolución de la actividad manufacturera en general fue de las más pobres del periodo. En 2024 la caída fue del 9,4% y en 2025 logró un pequeño rebote del 0,8%. Sin embargo, estos datos no reflejan la dispersión que existe al interior del sector.

Con Vaca Muerta a la cabeza, la producción de petróleo trepó un 11% en 2024 y otro 13% en 2025, con una proyección de crecimiento sostenido en 2026 y en los años siguientes.

Este sector es casi el único que recibe atención del Estado, en parte porque es socio en la empresa YPF y en otra medida porque es la que mayores divisas de exportaciones promete aportar a la causa. La liberación del precio de los combustibles, que ya poco tienen de regulados, y los anuncios millonarios de inversiones de la empresa estatal de petróleo, sólo lo confirman.

La incidencia de este segmento, además, logra solapar la crisis que atraviesa el resto de los sectores de la industria. Algunos de los cuales registran cifras cercanas a la quiebra total.

Entre las más perjudicadas figuran la industria textil (-9,4% en 2024 y -5,7% en 2025); el rubro automotores ( -10,4% y 1,9%) y muebles (-18,6% y 14%). Aunque el año 2025 hubo rebotes, los números de abril de 2026 muestran nuevas caídas, con -18,2% para textiles (en el acumulado interanual); -11,7% para automotores y -4,4% para muebles.

El patrón se repite en la mayor parte de los rubros industriales manufectureros que se dedican al mercado interno, con caídas fuertes en 2024, alguna recuperación en 2025 y nuevas bajas en 2026.

El Estado nacional no sólo no acudió en ayuda de estos sectores de mano de obra intensiva, sino que con la apertura total de importaciones sin red puso a las empresas con bajos niveles de tecnología a competir con las factorías chinas sin política alguna de reconversión planificada.

El freno total de la obra pública nacional, además, puso en jaque a la industria de la construcción que debió conformarse con la obra privada y con obras financiadas por municipios y provincias cada vez más faltos de recursos.

Finalmente, la crisis de empleo y las caída del ingreso disponible (el que queda tras pagar los servicios públicos), abonan la caída del consumo que marcan todas las estadísticas y ponen blanco sobre negro el por qué la población siente que no le alcanza el dinero, aunque cada mes el Gobierno cante victoria al mirar los números del PBI.