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Dólar en baja y reservas en alza: veranito cambiario con alertas fiscales para el Gobierno

El BCRA encadena compras, el dólar retrocede y las reservas aumentan en un escenario que entusiasma. Sin embargo, el FMI advierte por la caída real de la recaudación y el atraso cambiario, dos factores que podrían tensionar el acuerdo.

El ministro de Economía, Luis Caputo, y el titular del Banco Central, Santiago Bausili.

El ministro de Economía, Luis Caputo, y el titular del Banco Central, Santiago Bausili.

Para el Gobierno, son tiempos dulces en el mercado cambiario. El Banco Central pudo profundizar la semana pasada su política de compras de divisas, incorporando el viernes unos 167 millones de dólares y elevando la cantidad de reservas por arriba de los 46.000 millones, con la ayuda inestimable también del giro de dólares provenientes desde Santa Fe, desde donde su gobernador, Máximo Pullaro, aceptó depositar sus divisas en la entidad que maneja Santiago Bausilli.

Si todo sigue como se piensa, esta semana el Banco Central completaría otro mes de compras, con un promedio diario que podría pelear los US$80 millones. Teniendo en cuenta que aún no comenzó la temporada de liquidación sojera (sucederá desde la última quincena de marzo hasta la primera de junio), el panorama es más que alentador e impulsa al optimismo de lograr durante el 2026 un incremento en las reservas de hasta 10.000 millones de dólares.

Por su parte, el dólar (tomando su versión oficial Banco Nación) comenzó su carrera en el 2026 cotizando a 1495 pesos. El viernes 20 de febrero cerró a 1.395 pesos, exactamente 100 pesos menos que el primer día de cotización del 2026, lo que implica una caída de 6,7%. Y si el dato se cruza contra la inflación, muestra que el dólar tuvo una contracción real de más del 10% en el año.

En principio, para cualquier gobierno, la situación ideal: compra de dólares por parte del Banco Central y la divisa cayéndose a mínimos del 2025. Más si se tiene en cuenta que son tiempos en los que los encargados del caso argentino en el Fondo Monetario Internacional (FMI) se encuentran en la sede del organismo en Washington, cerrando con armonía y buena predisposición los números argentinos del 2025.

dolares
El dólar se encuentra a la baja.

El dólar se encuentra a la baja.

En los próximos días, los técnicos que acompañan al venezolano Luis Cubeddu le girarán al Board del organismo la recomendación de aprobación de metas y objetivos, lo que estará acompañado de un giro de US$1.005 millones, correspondientes al pago del Facilidades Extendidas firmado por Argentina ante el FMI en abril del año pasado. Obviamente, waiver mediante, por no haber cumplido con la meta de incremento de las reservas del Banco Central durante el ejercicio 2025. Sin embargo, el haber conseguido un superávit fiscal primario de más de 1,4% y no haber emitido pesos para financiar gasto público corriente son buenas razones para que el FMI no ponga trabas en seguir adelante con el acuerdo de Facilidades Extendidas vigente.

Más que reproches por el capítulo deuda, lo que se espera desde Washington son aplausos, más si se tiene en cuenta que la mayoría accionaria del directorio decisor está en manos de Estados Unidos y los países occidentales, en su mayoría fans de la política fiscal que lleva adelante Javier Milei, y que el Gobierno torció el rumbo autofijado el año pasado y, en el 2026, comenzó su gestión de compra de divisas por parte de la entidad que maneja Santiago Bausilli, y mucho más con la aprobación de la ley de reforma laboral que está en gateras en el Congreso.

Lo que no quiere decir que el FMI en general, y Cubeddu en particular, no planteen, quizá desde la prudencia y por ahora con cierto silencio, al menos dos cuestiones a corregir, y de la rama de las importantes. La primera, y más importante, la tenaz resistencia de la recaudación a superar la inflación. En enero se registró el sexto mes consecutivo de aumento de los ingresos tributarios por debajo del incremento del Índice de Precios al Consumidor (IPC), algo que se sabe irrita, y mucho, a los técnicos del organismo, que por manual interno siempre esperan que la recaudación sea positiva y real contra el alza de los precios.

La sede del Banco Central de la República Argentina
El Banco Central sigue aumentando sus reservas.

El Banco Central sigue aumentando sus reservas.

La variable se sostiene en un peligroso rojo de entre 5 y 7% desde noviembre, resultado que parece continuará hasta, al menos, marzo, para luego comenzar a corregirse, o al menos eso es lo que se espera. En principio, el FMI fue prudente en tiempos difíciles para plantear el problema. Básicamente, no se lo mencionó en el 2025, sobre todo en los primeros días de este año, cuando los números de ingresos tributarios correspondientes al ejercicio anterior manifestaban preocupación. El problema se agravó al conocerse también el resultado final de la inflación de diciembre del 2025, que se ubicó en un muy molesto 2,8%, nivel que en un porcentaje algo menor se repetiría en enero (dato que se conocerá el próximo martes).

Este nivel porcentual, lejos de favorecer la corrección de la recaudación contra la inflación, profundiza el problema y lo coloca en un nivel que retrasa la recuperación. Y para que quede en claro, para el FMI, así como debe haber superávit fiscal, también la recaudación deberá estar por arriba del IPC y con la mayor brecha posible. Obviamente, es una orden que no se está cumpliendo y que parece que en febrero tampoco se cumplirá, más si se tiene en cuenta que la ya casi aprobada ley de Modernización Laboral incluye un costo fiscal aproximado de unos 0,4% del PBI, lo que implica entre 2.500 y 3.000 millones de dólares, dinero que aún no tiene cuenta de recupero incluida, con lo que se está incumpliendo además con una máxima de la gestión Milei: cada gasto que el Congreso aumenta o cada afectación al superávit fiscal debe venir acompañado por la explicación sobre de dónde saldrá el dinero que los financiará.

Se sabe que el FMI siempre es celoso de las cuestiones fiscales, aunque pondere que el Gobierno esté a punto de lograr un avance siempre reclamado por el organismo, como una reforma laboral. Hay algo que parece seguro: con este panorama recaudatorio y el costo fiscal de la ley que aprobaría esta semana el Congreso Nacional, no habría espacio para plantear una reforma impositiva seria y profunda.

El segundo problema que se percibe claramente desde el FMI son las causas no queridas del fortalecimiento del peso que, como se contó más arriba, muestra una revaluación de casi 10% en el año. El problema es que, para el Fondo, el panorama debería ser al revés. El FMI ve desde el mismo momento de la firma del Facilidades Extendidas que Argentina debe tener un peso más competitivo, que el dólar debería estar más caro y que, en definitiva, el Gobierno debería tomar medidas para llevar el tipo de cambio a un nivel más realista, en criterio de Washington. Incluso, el año pasado, el FMI puso porcentaje a ese nivel.

En la firma del Facilidades Extendidas se habló concretamente de una revaluación en el año de 20% para el dólar y finalmente fue de 8%. Sumando porcentajes, Argentina debería devaluar su moneda este año en un 28%, y lleva ya un retraso de más de 30% para alcanzar esa meta. Un panorama cambiario más complejo que el del 2025. Pero todos coinciden: no es el momento de plantear estos problemas. Será capítulo de debate para el segundo semestre.