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Documento: el interés de Estados Unidos por el uranio y la energía nuclear en Argentina

Hay un rebrote del interés en recursos estratégicos que tiene Argentina. Pero documentos de la década de los 70 ya mencionaban ese potencial y el "camino" que debía seguir el país. Uranio, tierras raras y reactores nucleares.


El uranio, un mineral que en Mendoza tiene una larga historia de explotación y, en ese camino, un hito negativo por los pasivos ambientales sin resolver que quedaron abandonados. Ahora, con la tensión y la atención mundial alrededor de los recursos estratégicos para generar energía, hay un rebrote del interés: nuevos proyectos de exploración, atención internacional en la industria del enriquecimiento de uranio como fuente de combustible y movimientos empresarios alrededor de los yacimientos con potencial.

Una empresa norteamericana tiene proyectado invertir 200 millones de dólares para terminar la planta de Dioxitek en Formosa; una minera de Canadá quiere explorar un antiguo yacimiento de Mendoza y hay sondeos sobre cuál es la posibilidad de reabrir Sierra Pintada en el futuro. De empresas norteamericanas surgió interés por las sofisticadas piezas de reactores modulares que se diseñaron en Impsa y sobre todo la licencia ASME N o ASME III, que le permite fabricar componentes de reactores nucleares y cuyos nuevos dueños usan como llave de entrada a ese negocio exclusivo.

El contexto internacional potencia el interés por esos recursos estratégicos, pero no es tan novedoso: desde hace décadas hay informes internos que ponen el acento en el potencial energético de Argentina y en particular de Mendoza. “Argentina es un país enormemente subexplorado con respecto a sus depósitos de uranio. Una indicación de esto es la cantidad de metros lineales de perforación realizados por tonelada de uranio medida, que, en números redondos, es diez veces menor que en países como Estados Unidos o Australia. En unos pocos años, un aumento en la exploración a niveles similares a los alcanzados en otros países productores de uranio puede llevar a descubrimientos de tamaño espectacular. El consenso entre los expertos es que esto es muy probable que suceda”, dice un extenso documento al que accedió MDZ. El informe tiene una actualidad enorme. Pero es de 1979 y forma parte de los documentos secretos desclasificados por el Departamento de Estado.

portada informe EEUU uranio

La portada del informe sobre energía nuclear en el mundo, donde hay un detallado capítulo sobre Argentina.

El Gobierno de Estados Unidos y el de Argentina acordaron desclasificar documentos secretos, informes y datos relacionados al país en la década de los 70. La mayor parte del foco estuvo puesto en los derechos humanos y cuánto sabía o intervenía Estados Unidos durante la dictadura. Pero el interés de ese país iba más allá: muchos de los documentos están relacionados con recursos naturales estratégicos, como el petróleo y lo que hoy se llaman minerales críticos, como el uranio y el grupo que hoy se denomina “tierras raras”.

El interés tenía un contexto que hoy recobra actualidad. En 1979 Estados Unidos era gobernado por Jimmy Carter ese país enfrentó una seria crisis energética porque había estallado una crisis en Irán. La revolución islámica generó una caída en la producción y comercialización de petróleo, alza en los precios e incertidumbre. Por eso también creció el interés por fuentes alternativas de energía y mayor desarrollo. En 2026 la crisis en Irán surgió con otro detonante, pero hay consecuencias similares.

Un antecedente clave

Una empresa canadiense, Jaguar, comenzó los trámites preliminares para explorar en la búsqueda de uranio, una tarea con muchos antecedentes y una enorme cantidad de datos sobre las reservas de ese mineral en Mendoza. No es la única empresa, pues firmas argentinas, como Corporación América, también avanzan en la exploración, pero en la Patagonia.

A fines de la década de los 70 los especialistas norteamericanos, basados en informes locales, proyectaban un crecimiento enorme de la energía atómica, incluso con combustibles más eficientes para las centrales. Ese camino se cumplió hasta que cambió el enfoque por la mala fama de esa energía generada tras la tragedia de Chernobyl, entre otros hechos. Y volvió a cambiar: la crisis energética generada por la invasión de Rusia a Ucrania, la nueva crisis en Irán y hasta recomendaciones de sectores progresistas que amenguaron la demonización de esa fuente de energía crearon un contexto favorable. Por eso el interés en los recursos estratégico y la tecnología en reactores modernos, como los modulares.

Sierra Pintada (foto archivos Mediamza.com) Foto: CNEA

El Complejo Fabril Sierra Pintada dejó de producir en los 90 por el bajo precio del mineral. Pero la CNEA no saneó los pasivos ambientales.

Desde Estados Unidos consideraban que Argentina debía abrirse a la inversión extranjera para aprovechar el potencial. “Dentro de la metodología de la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica), estas centrales ahora requieren la certificación de nuevas reservas minerales con un grado de confiabilidad y costo similar al de las reservas probadas actuales. Esto significa inversiones y tecnología minera a una escala mucho mayor y más efectiva que la que ha estado disponible hasta ahora”, advierte el informe. “Ese capital y esa tecnología no pueden provenir, como en el pasado, del presupuesto y la capacidad de la CNEA. Para entrar plenamente en el "negocio nuclear" en las mismas condiciones que los países que producen uranio en la actualidad, Argentina debe estar a la par con las reglas del juego en el mercado mundial y para ello también debe aprovechar los factores que ofrece este mercado”, advertían.

“Sin renunciar a su soberanía ni dejar sus reservas desprotegidas, Argentina debe abrir el juego para potenciar al máximo sus recursos de uranio”, concluye el informe secreto.

En esa época estaba en funcionamiento la primera central nuclear, Atucha I, y en desarrollo la segunda, Embalse. Y estaban en proyecto otras 4. Según los informes de EEUU, que se basaban en información de la CNEA, el pico debía producirse entre 1997 y el inicio del nuevo siglo. En ese contexto, se destacaba el potencial del país. “Argentina se convertirá en una parte privilegiada en las negociaciones con países exportadores de tecnología nuclear, que dependen en gran medida de las importaciones para satisfacer sus necesidades… Para Argentina, aumentar sus reservas de uranio no significa simplemente garantizarse combustible para sus reactores…También significa un paso cualitativo hacia una posición como país nuclear de pleno derecho”, pronosticaban. “Esta posición se complementa con el desarrollo de una capacidad de ingeniería, construcción y ensamblaje adecuada para reactores y sus instalaciones auxiliares, y con el conocimiento técnico para la fabricación de combustible y agua pesada”, concluye el informe.

Otro pronóstico que se cumplió fue el desarrollo de la planta Sierra Pintada, que produjo uranio hasta mediados de la década de los 70 en San Rafael. Esa planta, aseguran allegados a la industria, “podría producir uranio” nuevamente y esa intención la tuvo Néstor Kirchner en 2003; y también allegados a Milei. Claro, con modelos distintos. El intento del kirchnrerismo se topó con los malos antecedentes ambientales, pues quedaron almacenados allí los pasivos de la propia mina y también desechos de Dioxitek que aún no son saneados. La Justicia y le Gobierno de Mendoza condicionaron cualquier actividad a que antes la CNEA solucione los problemas ambientales. Luego, además, se sancionó la ley 7722 que prohíbe el uso de sustancias necesarias para la lixiviación y producción de uranio.

El plan de remediación fue aprobado por Mendoza, pero no prosperó. Peor aún, el gobierno de Javier Milei recortó fondos de la CNEA y asignaciones específicas del plan de remediación de pasivos.

mapa reservas uranio informe EEUU

Parte del informe de EEUU sobre el potencial de Argentina, con los yacimientos indicados en el mapa.

Argentina tiene potencial en toda la cadena de valor de esa industria, incluida la tecnología y el recurso más complejo: los profesionales, formados en su mayoría en el Instituto Balseiro que depende de la Universidad Nacional de Cuyo. A nivel industrial, quedó paralizada la cuarta central (Atucha III) y la geopolítica entró en juego porque iba a desarrollarse a través de un acuerdo con China. El otro gran proyecta era el desarrollo de centrales nucleares modulares, como el CAREM, que estaba avanzado en un 70%, y el ACR-300 desarrollado y patentado por INVAP.

El reactor CAREM incluye tecnología y desarrollo realizado en Mendoza. Foto: IMPSA
El reactor CAREM incluye tecnología y desarrollo realizado en Mendoza. Foto: IMPSA

Esa tecnología permite dar energía a zonas alejadas y “desconectadas”, como pueblos, industrias y, sobre todo, polos tecnológicos como centros de Inteligencia Artificial. El CAREM fue abandonado por el Gobierno. La empresa IMPSA desarrolló el blindaje térmico del reactor y otros componentes críticos. Para ello desarrolló tecnología propia en su planta de Mendoza. Con el CAREM desmantelado, ese recorrido podría ser “exportable” gracias, además, a las certificaciones que tiene. IMPSA es propiedad del Acquisitions Fund LLC (IAF) de Estados Unidos y según ellos mismos explican tienen intenciones de incorporar a IMPSA en sus negocios relacionados con las fuerzas armadas, los puertos y, sobre todo, incorporarse a la industria de la energía nuclear.

En el norte del país hay intereses similares. La CNEA construye en Formosa la nueva planta de Dioxitek para producir combustible para los reactores nucleares. La firma estatal está radicada en Córdoba pero el plan es mudar las operaciones a Formosa. La construcción comenzó en 2014, pero tuvo parates y abandonos. El año pasado el Gobierno recibió una iniciativa privada de parte de la empresa Nano Energy para terminar la planta y “asociarse” con Dioxitek. La inversión sería de 230 millones de dólares y la empresa podría exportar parte de la producción, pues tendría una capacidad mucho mayor a la demanda de las tres centrales nucleares argentinas. Incluso, como explicó el medio especializado Econojournal, prevén producir hexafluoruro de uranio para exportar.

En esa industria los “cerebros” de quienes planifican están algunos pasos adelante. Por eso por ejemplo, en 1979 especulaban con la teoría que el uranio comenzaría a bajar de valor porque habría fuentes de energía mucho más potentes, menos riesgosas y más eficientes. Ponían a los reactores de fusión nuclear como una posibilidad porque “se considera la gran esperanza energética de la humanidad” gracias a que utilizan “un combustible prácticamente infinito, el hidrógeno, y son absolutamente "limpios" desde el punto de vista de los residuos radiactivos”.

Pero ponían el foco en otros minerales como posibles combustibles del futuro. Allí aparecen algunos elementos que hoy se conocen en el grupo de “tierras raras”, pero que tienen nombre y potencial en Argentina. Uno de ellos es el torio. “Una fuente alternativa de material fisionable es el torio, un mineral poco conocido en la actualidad, pero que se supone existe en proporciones al menos iguales a las del uranio”, explicaban. Ese mineral tiene como característica que no sirve para explosivos atómicos y por eso lo consideran “una solución más fiable para el desarrollo pacífico de la energía nuclear”.