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Del oficio a la inteligencia artificial: cómo Mendoza redefine su política de empleo

Con un mercado cada vez más cambiante y con un desempleo que alcanza a 33.000 mendocinos, Emilce Vega Espinoza habló sobre el trabajo que realizan para enfrentar esta realidad.

Emilce Vega Espinoza, subsecretaria de Empleo y Capacitación del Ministerio de Producción de Mendoza. 

Emilce Vega Espinoza, subsecretaria de Empleo y Capacitación del Ministerio de Producción de Mendoza. 

Milagros Lostes - MDZ

En un contexto marcado por los cambios acelerados del mercado laboral, la necesidad de formación continua y el desafío de generar empleo genuino, la articulación del sector público, las instituciones y los privados es fundamental. ¿Cómo sanear el 6,2% de desempleo que tiene la provincia, el equivalente a unas 33.000 personas? Esa es una de las preguntas con las que trabaja Emilce Vega Espinoza, subsecretaria de Empleo y Capacitación del Ministerio de Producción de Mendoza.

Así lo comentó la funcionaria en una entrevista con MDZ Online, donde analizó los principales ejes de esa agenda: la continuidad de los programas de empleo, la formación orientada a la demanda real del mercado, la revalorización de los oficios, la incorporación de la inteligencia artificial, el empleo joven y la inclusión de mujeres en sectores históricamente masculinizado.

Además, habló del impacto de programas como Enlace, Enlazados y Enlace Joven, apuntados a personas entre 18 y 65 años que han logrado emplear a casi 38.000 mendocinos en diversos rubros y del caso puntual de los talleres de costura donde mujeres en situación de vulnerabilidad hoy confeccionan prendas para marcas nacionales e internacionales muy populares.

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Entrevista Emilce Espinoza subsecretaria de empleo

-Empecemos por lo bueno, ¿qué consideras que es lo más positivo de la situación del empleo hoy en Mendoza?

-Siempre hay cuestiones positivas, Mendoza viene con una batería de políticas públicas que se vienen sosteniendo a lo largo de estos más de ocho años y eso hace que haya oportunidades para conseguir empleo. No quiere decir que sea fácil, quiere decir que están esas herramientas.

En ese sentido, programas como Enlace, Enlazados y Preenlace Plus son espacios que cuentan con presupuesto propio aprobado por leyes provinciales. Eso les da una envergadura y una relevancia que permiten que cada persona que hoy nos escucha entienda que se trata de derechos que tenemos. Y ese derecho no solo implica conocerlos, sino también poder ejercerlos y participar activamente de la política pública. Ese es el lado positivo.

Hay herramientas, tienen continuidad, hay presupuesto, que es mucho más importante para que eso funcione, y hay una mirada clara en este caso de nuestro gobernador Alfredo Cornejo, pero también del ministro Rodolfo Vargas Arizu, de poner como punta de lanza la temática del empleo, de la empleabilidad y sobre todo de la creación de empleo para poner el tema, en el centro de la mesa del debate y también la generación de oportunidades.

-¿En qué grupos hacen los mayores esfuerzos?

-Es importante destacar cuáles son los grupos más afectados por la desocupación. Mendoza hoy en el tercer trimestre del 2025 tenemos 6,2% de personas desocupadas. Esto en criollo lo que quiere decir que hay 33.000 personas que buscan empleo. ¿Qué es lo que se ofrece? Hablamos de estas herramientas para mejorar la empleabilidad, que tengas herramientas para salir a buscar empleo, que se van a dar a través de los entrenamientos, que se dan a través de las capacitaciones, de la reconversión del perfil laboral y después programas como Enlazados que permiten con incentivos económicos que accedan a un trabajo formal.

Ese es el correlato del porqué de la política pública atendiendo a los a los grupos que son más afectados por la desocupación, los jóvenes, dentro de esos jóvenes las mujeres y después los mayores de 45.

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-Si nos quedamos con los números, nos quedamos con una parte fría, pero detrás de esto hay personas. ¿Con qué tipo de historias se encuentran en estos programas?

-Lo más importante para mí, desde mi función y desde mi rol, es poder conocer a las personas y entender qué les pasa cuando acceden a un trabajo digno, cómo eso les cambia la vida. En ese sentido, las mujeres son un grupo con el que estamos muy cerca, porque es uno de los más golpeados por la desocupación. Hay historias de mujeres que no solo accedieron a un oficio aprendiendo desde cero, algo que hemos hecho con, por ejemplo, talleres textiles en Ciudad, en Junín y en Tupungato. Mujeres que no sabían coser o que vivían en contextos de ruralidad y que hoy están trabajando, viven de eso y sostienen a sus familias.

Hay historias muy lindas que muestran cómo una herramienta puede transformar una vida, cómo abre una puerta y cómo el Estado acompaña ese proceso. No se trata solo de brindar la herramienta, sino de acompañar a la persona hasta que ese proceso se consolida. El Estado no puede ser una muleta de apoyo, debe cumplir ese rol durante un tiempo, pero luego la persona tiene que poder caminar sola. No puede ser indefinida.

Recuerdo, por ejemplo, al primer participante del programa, Matías. Me escribía por redes sociales porque estaba buscando trabajo, lo consiguió y luego pudo comprar un vehículo. Y eso también tiene que ver con tener empleo. No se trata solo de acceder a una obra social, sino también a la movilidad, ya sea un auto, una bicicleta o una moto; al acceso al crédito y a ciertas seguridades que muchos tenemos naturalizadas, pero que para otros no son habituales. En todo ese proceso es el Gobierno de Mendoza el que viene acompañando. Hay muchísimas historias detrás, personas que transformaron su realidad y que, de esa manera, hacen que Mendoza crezca.

-Otro punto es el impacto que tiene ese empleo y hasta dónde puede llegar…

-En el caso de los talleres textiles, se trata de mujeres que estaban en situaciones de vulnerabilidad. Algunas estaban recuperando su libertad o atravesaban un arresto domiciliario.

A través de distintas vinculaciones, también trabajamos en derribar el mito de que el Estado funciona en compartimentos estancos, como si cada área hiciera algo aislado y sin relación con las demás. En este proceso nos vinculamos fuertemente con el Servicio Penitenciario, con los procuradores, con la Dirección de Promoción del Liberado y con los municipios, que son quienes están presentes cuando esas personas llegan a una etapa de su vida completamente distinta.

Son mujeres que ya cumplieron su condena ante la sociedad y que necesitan reinsertarse. Hoy están produciendo y vendiendo para marcas deportivas muy reconocidas, para indumentaria de bebés, para marcas provinciales. Esto también refleja un compromiso muy fuerte del sector empresarial en ser parte de estos procesos y en acompañarlos.

No quiere decir que todo sea perfecto o que siempre sea sencillo. En el camino aparecen muchas dificultades y tensiones. Pero hay socios estratégicos que nos ayudan a fortalecer la política pública y a sostener estos procesos de inclusión y reinserción laboral.

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-Entiendo que en esos talleres textiles se hacen prendas para una de las marcas deportivas del país…

-Tal cual. Eso pasa y quiero que lo sepan: sucede de verdad y nos pasa. Por ejemplo, vamos a una farmacia y encontramos un producto para bebés que se está produciendo acá, en la ciudad de Mendoza.

-En el caso de los jóvenes, ¿cómo trabajan para la inserción laboral y el primer empleo?

-Mendoza viene consolidando, insisto, un camino sostenido a través de las políticas públicas. ¿Por qué digo esto? Porque existe un respaldo claro desde una visión que entiende la importancia de contar con herramientas que se sostengan en el tiempo.

Esto refleja criterios vinculados a los derechos que tenemos, como el de inclusión, de políticas progresivas y de equidad. También implica comprender que los jóvenes no son el futuro: son el presente, son nuestra realidad, y ahí es donde tenemos que apuntar.

Hay dos cuestiones muy importantes. Por un lado, la vinculación con el mundo de la educación. Trabajamos mucho con la DGE en ese paso clave que va de la escuela al mundo laboral. Y, por otro lado, la necesidad de escuchar no solo a los jóvenes, sino también al sector empresarial. ¿Qué demanda el sector privado de ese joven? ¿En qué debe formarse? Pero también, cuáles son las necesidades y las capacidades de los propios jóvenes, que son sumamente creativos. La pregunta es cómo aprovechamos esa creatividad para el mercado laboral. A partir de ese diálogo se van generando capacitaciones y también las primeras experiencias laborales a través del programa Enlace.

En la gestión del ministro Rodolfo Vargas Arizu creamos el año pasado el programa Enlace Joven, destinado a estudiantes universitarios que tienen aprobado al menos el 50% de su carrera, ya sea de universidades públicas o privadas, o de institutos de educación superior. Nos encontramos con una situación que a muchos nos pasó: en tercer o cuarto año ya querés trabajar, tener tu propio ingreso, y terminás aceptando cualquier empleo que muchas veces no tiene relación con tu perfil profesional.

Después te recibís y el mercado laboral te exige experiencia, y ahí aparece el meme de los tres superpoderes. Entonces nos preguntamos qué podíamos hacer para que ese joven adquiera la experiencia laboral que necesita para convertirse en un buen profesional. Enlace Joven tiene justamente ese objetivo: que la persona se forme y se entrene en aquello que va a ejercer. Si sos contador, por ejemplo, tenés que empezar a trabajar en un estudio contable, porque hay muchas cosas que solo se aprenden con el hacer, con el ruedo, con la práctica cotidiana.

Ese objetivo lo tenemos muy claro y es uno de nuestros ejes centrales. De hecho, hoy la legislación nacional está mirando a Mendoza en materia de empleo joven. El gobernador Alfredo Cornejo ha impulsado esta agenda y actualmente hay funcionarios nacionales en la provincia analizando estas políticas, reconociendo que desde Mendoza se vienen haciendo cosas desde hace tiempo. No quiere decir que hayamos descubierto nada extraordinario, sino que hay un camino recorrido y una experiencia concreta que respalda estas políticas públicas.

-¿Cómo llega el mendocino a esos programas?

-Acá no hace falta tener contactos, lo que hace falta es contar con la información, y esa información está al alcance de todos desde el celular. También es importante tomar conciencia de eso. Cuando hablo de las leyes, lo hago porque toda esta información está disponible, por ejemplo, en la página web del Gobierno de Mendoza, del Ministerio de Producción, en los sitios de cada municipio y en las redes sociales, que son los espacios donde hoy nos encontramos la mayoría. Por eso también es clave saber a quién seguir y qué información es relevante. Los medios de comunicación cumplen un rol trascendental, porque son estos espacios los que permiten difundir y compartir estas oportunidades.

También hay que entender que tal vez hoy un programa no me sirve a mí, pero puede servirle a mi vecino, a un amigo del polideportivo o a un familiar que está buscando trabajo. Los programas que tiene Mendoza, si bien cuentan con focos etarios específicos, alcanzan a personas de entre 18 y 60 años en el caso de las mujeres, y hasta 65 años en el caso de los hombres.

Esto implica que prácticamente cualquier persona que hoy esté buscando empleo puede acceder a estas herramientas. Y eso es importante destacarlo, porque además complementa lo que se hace desde Nación.

-A propósito del Gobierno nacional, una de las grandes discusiones es la reforma laboral que están impulsando. ¿Qué opinan de estos cambios?

-Nosotros tenemos claro que cualquier reforma que se vaya a hacer necesita una actualización y, sobre todo, comprender las necesidades reales del mercado laboral. Hoy nadie imagina a un trabajador que adquiera un solo conocimiento y lo mantenga intacto durante toda su vida laboral. La capacitación permanente ya no está en discusión. La formación continua es un eje que el Gobierno de Mendoza prioriza y que también se plantea a nivel nacional para incorporarlo dentro de las reformas que se están analizando.

A esto se suma la diversidad sectorial que tiene Mendoza. La provincia no está arraigada a un único sector como su caballito de batalla. Se suma la minería, pero también la logística, la economía del conocimiento... En cada uno de ellos, las modificaciones que pueda tener una reforma impactan de manera diferente. Lo que está claro es que se necesitan personas formadas, que esa formación debe ser permanente y que el Estado tiene que acompañar esos procesos, no solo como garante, sino también como actor activo en ese acompañamiento.

En Mendoza lo hacemos, por ejemplo, a través de formaciones 100% gratuitas, con certificaciones provinciales, nacionales e incluso internacionales, especialmente en la economía del conocimiento, siempre pensando en la demanda existente. Hay un punto muy importante que muchas veces no se tiene en cuenta: no alcanza con formar personas, sino que es fundamental hacerlo en áreas que realmente demande el mercado laboral.

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-¿Qué está demandando el mercado?

-El mercado laboral hoy demanda tanto habilidades blandas como competencias técnicas. Se requieren capacidades como el trabajo en equipo, el liderazgo, la escucha activa, la comunicación y la asertividad. Pero, además de eso, se necesitan competencias concretas.

En este contexto, existe una fuerte revalorización de los oficios y, al mismo tiempo, un crecimiento muy marcado en la incorporación de la inteligencia artificial. El desafío es cómo articular ambas cosas, cómo compatibilizarlas. Ese es uno de los grandes retos que tiene el gobierno, sin dejar de atender a otras poblaciones.

Hoy prácticamente todos utilizan la inteligencia artificial, pero no es lo mismo usarla como si fuera un buscador para consultar una dirección, que emplearla como una herramienta para generar procesos, mejorar tareas y agregar valor. Ahí está la diferencia y también una de las claves de la formación que tenemos que impulsar.

-Aumentar la productividad es quizás hoy uno de los ejes del uso de la inteligencia artificial en las empresas

-Tal cual. Pero también hay que entender que no todas las personas tienen claro cómo usar la inteligencia artificial. Existe, en muchos casos, un proceso previo que implica aprender a utilizar correctamente la herramienta.

Por otro lado, hay personas que no tienen acceso a una computadora y solo cuentan con el celular, por lo que también necesitan una instancia de formación previa. Para eso existen distintos espacios de capacitación. Desde el gobierno, y particularmente desde el Ministerio de Producción, lo que buscamos es la equidad. No todos necesitan lo mismo, y el desafío es cómo generar esas respuestas.

El objetivo es adaptar las políticas sin convertirlas en algo exclusivo o “boutique”. Es complejo, pero se trata de trabajar con lineamientos generales, con trazos gruesos, que permitan incluir a la mayor cantidad de personas posible.

-Otro de los puntos importantes de la reforma es la flexibilización de la relación contractual. ¿Cómo ven este aspecto?

-Hoy tenemos que asumir que ese modelo de trabajador “para toda la vida” ya no existe. Incluso nosotros mismos, como trabajadores, somos cada vez más flexibles. Yo interpelo a quienes nos están viendo, leyendo y escuchando: ¿realmente se imaginan treinta años de su vida laboral haciendo exactamente lo mismo? Por eso es necesario que exista ese cambio, que se dé esa transformación, sin perder los derechos que ya tenemos como trabajadores, sino acompañando el dinamismo que hoy tiene el mercado laboral. Ese es el desafío que tenemos por delante. Creo que es uno de los grandes desafíos del siglo XXI, y no solo para la Argentina, sino a nivel mundial.

-¿Cómo llegaste a trabajar con la generación de empleo en la gestión pública?

-Soy socióloga de formación y especialista en gestión social. Me formé a lo largo de toda mi vida en la educación pública y vengo de una familia muy vinculada a lo social. Mi mamá fue siempre una persona cercana al gobierno, ocupó distintos espacios y, además, fue una militante social. Como digo yo, fue y sigue siendo un gran sostén.

Todo eso me acercó naturalmente, por mi carrera, por mi familia y especialmente por mi madre, a una vinculación clara con la política y con el partido, con la Unión Cívica Radical. Ese recorrido hizo que empezara a trabajar. En su momento no sabía que iba a dedicarme al tema del empleo. Me dieron una oportunidad, la aproveché en el mejor sentido y empecé a especializarme en este campo. Me encanta, lo disfruto y creo que la posibilidad de transformar las realidades de las personas es una de las cosas más lindas que tiene mi trabajo. Es algo que disfruto mucho y que me apasiona. El día que no me apasione, creo que ya no voy a estar ahí.

Cuando digo que no imagino a alguien trabajando treinta años en lo mismo, también me lo pregunto a mí misma: ¿cómo me veo? Yo me veo en algún lugar donde pueda transformar realidades. Y eso tiene que ver con el lugar que cada uno ocupa. No hace falta que sea en el Estado, ni en un cargo específico. Tiene que ver con otras cuestiones.

Puede ser desde una unión vecinal, acompañando en un centro de jubilados, en un merendero, en la universidad donde doy clases o en el Polo TIC, donde soy presidenta. Tiene que ver con eso: con entender que, desde el lugar que a cada uno le toque ocupar, es importante acompañar al otro o a la otra y poder contribuir a transformar su realidad. Eso es, en definitiva, lo que nos pasa a todos los que abrazamos esta tarea: lo hacemos desde ese lugar.

-¿Cómo ves la evolución del empleo de Mendoza?

-Más que pensar cómo me veo, lo importante es entender que estamos trabajando, y eso es lo central. Venimos trabajando con un pie firme desde la política pública, desde el gobernador hasta cada una de las funciones, pasando por el ministro, pero con un objetivo muy claro: generar empleo genuino.

Mendoza lo viene haciendo. A veces los números son fríos o difíciles de dimensionar, pero cuando se observan los resultados de una política de empleo como Enlazados, que alcanza a casi 38.000 personas -el número exacto es 37.983-, se entiende el impacto. Estamos hablando de cerca de 38.000 puestos de trabajo formales. Y lo más relevante es que el 65% de esas personas continúa dentro del mercado laboral formal una vez que deja de existir el incentivo de la provincia.

Esto también suele generar debate: se dice que consiguen trabajo porque la provincia paga una parte. Pero la pregunta clave es qué pasa cuando la provincia se retira y durante cuánto tiempo dura ese acompañamiento. Ese incentivo es por cinco meses. Después, el proceso continúa. Y que el 65% sostenga la relación laboral formal demuestra que la inversión del gobierno es efectiva.

Esa persona pasa a trabajar en blanco, a tener obra social, aportes jubilatorios, vacaciones. Empieza a consumir en el comercio del barrio, a mover la economía. Muchas veces deja de depender del sistema de salud público, del transporte público, porque puede acceder a una bicicleta, una moto o algún vehículo. Se genera movilidad social y económica. Esa es una inversión pensada en el largo plazo.

Ahí aparece uno de los grandes debates de la política pública y de lo que viene a nivel de reformas: la reforma previsional. Necesitamos personas que aporten al sistema, porque de lo contrario es insostenible. Este no es un problema solo del gobierno provincial o nacional, también impacta en el sector sindical. Si cada vez tenemos menos trabajadores registrados y menos aportantes, el problema se profundiza a largo plazo.

La población está envejeciendo, los años de vida se extienden y la pirámide demográfica empieza a invertirse. Vamos a tener cada vez más población adulta y adulta mayor, y menos población joven. Por eso es clave fortalecer el empleo formal y ampliar la base de trabajadores activos que puedan sostener el sistema en el futuro.

-¿Cómo es la vinculación de lo público con la parte sindical?

-Trabajamos mucho con el sector empresarial, con las cámaras, con el sector sindical y con el sector académico. Para nosotros son socios estratégicos, no solo a la hora de conocer sus demandas, sino también en los procesos de formación.

Hay que tener en cuenta que en la Argentina, a lo largo de muchos años, el sector sindical ha creado escuelas de oficio y centros de formación que hoy son referentes en algunos rubros, como sucede en la construcción. Son espacios que cuentan con certificaciones de competencias y que también resultan claves a la hora de formar personas. Lo mismo ocurre con el sector académico: no es lo mismo que certifique una universidad a que lo haga una persona de manera individual. Eso también importa y tiene valor en el mercado laboral.

Otro actor fundamental son las cámaras empresarias. No solo porque nuclean a los empresarios, sino porque conocen de primera mano cuáles son las demandas reales del sector. Ahí tenemos ejemplos concretos. En diciembre, por ejemplo, cerramos el curso de mujeres conductoras de mediana y larga distancia. Se trata de un oficio históricamente masculinizado, donde las mujeres suelen estar ausentes. Empezar a trabajar en estos espacios implica entender que muchas veces la barrera no es la formación ni la capacidad técnica, sino una cuestión cultural.

Muchas veces las mujeres no nos animamos, o la sociedad nos impone límites. Pero cuando logramos articular y trabajar en conjunto, las cosas suceden. Hoy son veinte mujeres que no sabían conducir y que ya completaron la formación. Algunas ya están en relación laboral formal y estamos trabajando con las empresas para que el resto también pueda incorporarse. Fue un programa muy exitoso, con muy buena llegada, pero sobre todo con un objetivo claro: abrir la puerta y sostenerlas para que puedan acceder al empleo.

Lo mismo ocurre con otros ejemplos, como el de las tractoristas. Se trata de un oficio profundamente masculinizado dentro del sector rural, que además busca sostener el arraigo. Allí también hubo mujeres que se subieron al tractor y, de hecho, los formadores nos decían que tenían un desempeño incluso mejor que el de los varones. Y esto no tiene que ver con competir, sino con demostrar que las capacidades están y que, cuando se generan las oportunidades, los resultados aparecen.