Presenta:

La paradoja del dron Bolt-M: ¿puede la inteligencia artificial americana ganar una guerra de descuento?

El dron Bolt-M busca combinar inteligencia artificial y precisión en combate, pero su precio abre dudas frente a la lógica de drones baratos que domina los conflictos actuales.

El dron inteligente de Anduril desafía la economía real de la guerra moderna.

El dron inteligente de Anduril desafía la economía real de la guerra moderna.

Shutterstock

En los campos de batalla de Ucrania, la jerarquía militar del siglo XX saltó por los aires. Un dron FPV o de vista en primera persona, cuesta apenas $500 dólares y se ensambla en un garaje con componentes disponibles en el mercado, sin embargo es capaz de pulverizar un tanque de combate que cuesta millones.

Esta realidad dejó al descubierto una vulnerabilidad crítica en la doctrina de defensa de las grandes potencias y es la incapacidad de producir armas baratas y desechables. En este contexto surge el Bolt-M de la firma estadounidense Anduril, una pieza de tecnología exquisita que intenta, quizás sin éxito, reconciliar la sofisticación de Silicon Valley con la brutal economía de la guerra de desgaste.

El problema central del Bolt-M es su precio. Se estima que cada unidad le costará al contribuyente estadounidense entre $20.000 y $40.000 dólares. Para los generales del Pentágono, acostumbrados a disparar misiles Hellfire de $150.000 dólares, esto parece una oferta de liquidación. Sin embargo, para la realidad del frente actual, donde se consumen miles de drones al mes, el precio es prohibitivo. Estamos ante una "munición merodeadora" que pretende ser el iPhone de los drones kamikaze en un mundo que lo que necesita es el equivalente al fusil AK-47: algo rústico, masivo y, sobre todo, económico.

Venderle este sistema al gobierno estadounidense implica sortear una serie de dificultades que se apilan una tras otra. Primero está la dependencia total del software Lattice, el "cerebro" de inteligencia artificial que promete que el dron atacará su objetivo incluso si pierde la conexión por interferencias enemigas. Pero esta autonomía eleva el costo a niveles estratosféricos comparado con las soluciones que ya funcionan en otros países. Mientras que el Bolt-M busca la perfección algorítmica, los drones rusos Lancet-3, que rondan los $35.000 dólares, ya demostraron ser el terror de la artillería occidental gracias a una eficiencia probada en combate, sin necesidad de tanto "marketing" tecnológico.

Si miramos hacia Israel, los pioneros absolutos en esta categoría, la comparación es todavía más cruda. El Rotem-L de IAI es un cuadricóptero plegable que un soldado puede llevar en su mochila, muy similar en concepto al Bolt-M. La diferencia es que la industria israelí logró sistemas que abortan el ataque y se recuperan, optimizando la inversión. Por otro lado, si se busca verdadera letalidad contra blindados pesados, el Hero-120 israelí es el estándar; aunque su costo supera los $100.000 dólares, su capacidad de destrucción está fuera de toda duda. El Bolt-M, en cambio, se queda en una zona gris porque es demasiado caro para usarse como enjambre contra infantería y quizás demasiado ligero con su carga de 1,4 kilos para garantizar la destrucción de un tanque moderno.

Incluso los sistemas de bajo costo relativo como el Shahed-136 iraní, el dron "cortacésped" que Rusia utiliza para saturar defensas, operan bajo una lógica que Washington parece no comprender y es la sobrecarga. Por el precio de un solo Bolt-M, se lanzan decenas de dispositivos más simples que, por pura estadística, alcanzarán su objetivo.

La apuesta de Anduril es que la inteligencia artificial compensará la falta de volumen.

Argumentan que un operador sin entrenamiento puede ser letal con su sistema. Pero la guerra moderna nos enseña que la cantidad tiene una calidad propia. Al aferrarse a contratos inflados y a requerimientos burocráticos que prohíben el uso de componentes baratos, Estados Unidos corre el riesgo de fabricar "joyas" tecnológicas para una guerra que se gana con chatarra inteligente. El Bolt-M es un prodigio de la técnica, pero en la implacable matemática del campo de batalla, su mayor enemigo no es el radar enemigo, sino su propio presupuesto.

Las cosas como son.

*Mookie Tenembaum aborda temas internacionales como este todas las semanas junto a Horacio Cabak en su podcast El Observador Internacional, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.