De un terreno abandonado y cuatro socios a uno de los polos empresarios más grandes de Mendoza
Ubicado en el corazón industrial de la Rodríguez Peña, hoy concentra 50 empresas y extiende su comunidad a otras 100 firmas. Los ejes de su crecimiento.
Alexis Atem, fundador y director del Polo Cumbrar.
Lucho Vigazzola/MDZLo que hoy funciona como uno de los polos empresarios e industriales de mayor escala de Mendoza comenzó en 2010 con un terreno abandonado y cuatro empresas con el objetivo común de recuperar el espacio, compartir costos y acceder a servicios que individualmente resultaban más difíciles de sostener. Hoy, manteniendo el espíritu colaborativo el proyecto escaló a 50 empresas instaladas y una comunidad que suma otras 100 firmas con un perfil enfocado en la logística y la innovación.
Como lo contó Alexis Etem, fundador y director de Polo Cumbrar, en una entrevista con MDZ Online, la lógica de compartir gastos dio lugar a algo más amplio. La convivencia empezó a generar contactos, oportunidades comerciales, intercambio de conocimientos y también una red de contención entre empresarios.

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Ubicados en un predio de tres hectáreas en el corazón de la Rodríguez Peña, la clave del modelo está en una premisa sencilla pero poco habitual en el mundo de los negocios: colaborar antes que competir. Por eso, uno de los requisitos para formar parte del polo es que no haya competencia directa entre las empresas, con una firma por rubro o especialización. Esa condición, sostuvo Atem, permite “bajar la guardia” y compartir experiencias, problemas y herramientas que pueden ayudar a otros a crecer.
En un escenario económico marcado por la incertidumbre, el ecosistema también propone otra manera de mirar la coyuntura. En lugar de concentrarse en las dificultades externas, sus integrantes buscan trabajar sobre aquello que sí pueden modificar dentro de sus compañías. De esa filosofía surgieron, además, los espacios de entrenamiento que Atem definió como una “gimnasia mental” para empresarios.
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-¿Qué es Cumbrar?
-Cumbrar es un ecosistema donde hay empresas más de corte industrial y logístico, que tienen sus naves industriales. Después hay un núcleo de oficinas donde, en cada una, hay un grupo de especialistas en algún tema. Esos especialistas, trabajando en conjunto, les prestan servicio a las empresas que están dentro del polo o a empresas que están afuera.
Y como después empezamos a ser muchas las personas que estábamos dentro y no nos conocíamos tanto, empezamos a hacer algunas actividades de entrenamiento conjunto, que son como si fuesen gimnasios, pero para la cabeza.
-¿Cómo empieza este proyecto?
-Este proyecto nació en el año 2010, cuando mi familia compra este terreno. Era un terreno que estaba abandonado. Había actuado acá durante mucho tiempo una empresa del rubro de petróleo. Con la intención de poder sanear este terreno y empezar a hacer algunas actividades productivas, se empezaron a construir primero unas naves industriales. Y ahí vinimos cuatro empresas inicialmente.
Una de las intenciones que teníamos era ver cómo mejorábamos nuestros costos y sumábamos algunos servicios que solos no podíamos. Por ejemplo, el servicio de seguridad o del sereno. Desde lo básico, o cómo tener un solo servicio de internet para todos. Y eso empezó a funcionar, sirvió y nos empezó a dar algunas sinergias, no solo de costos, sino también de poder conocer gente distinta, encontrar algunas sinergias comerciales.
Porque tal vez estar físicamente en un mismo lugar, cuando venía alguien a visitar a una empresa, tenía la posibilidad de encontrarse con otra. Y después también nos dio como una sinergia emocional, porque a veces, o generalmente, tener una empresa tiene muchos sinsabores. Y tener a alguien al lado que te preste el hombro cuando estás mal...
-O que capaz pasó por lo mismo también.
-Seguramente que ya pasó por lo mismo. O también ponerte contento cuando a tu vecino le va bien. Y eso me parece que termina siendo un poco la esencia que tenemos en Cumbrar, que es blindarnos un poco de la coyuntura, del día a día, del ruido que hay, que a veces no te deja pensar con profundidad. Y poder ver que, si la persona al lado está invirtiendo, está apostando, ¿cómo nos contagiamos de eso?
-Está esa idea de que los parques industriales o los polos, en diferentes temáticas o rubros, están más asociados a un servidor público que lo pone a disposición de empresas privadas. Acá es de privados a privados. ¿Cómo funciona ese negocio?
-Sí, mirá, me pasó una cosa. Generalmente, las cosas que vas haciendo son por experiencias personales. Yo hace mucho tiempo era científico, después participé en una incubadora de empresas, desarrollamos una empresa y, cuando queríamos salir de esa incubadora e ir al medio, no encontrábamos un lugar donde pudiéramos estar.
Y creo que, partiendo de esa premisa, fue que empezamos a idear algo de esto. Era un lugar donde podíamos estar varias empresas que no compitiéramos entre nosotros. Uno de los requisitos que tenemos acá es que solo pueda haber uno por rubro y que tengamos ganas de colaborar.
Creo que la colaboración, bien entendida y viniendo de un grupo de emprendedores, gente que quiere hacer cosas, es una herramienta que es súper potente, súper poderosa. La colaboración bien entendida y bien gestionada hace que surjan cosas que son maravillosas.
-Decías que arrancaron cuatro empresas. ¿Cuántas son hoy?
-Hoy, en total, somos más o menos 50 empresas que estamos radicadas en el polo, pero después, en estas actividades que hacemos con una frecuencia semanal, vienen más de 100 empresas de afuera. Entonces, en total, tenemos como una comunidad de unas 150 empresas.
-También mencionabas que solo puede haber una por rubro, ¿qué rubros tienen acá en Cumbrar?
-Las empresas que están acá adentro, más allá de lo que hacen, a nosotros nos gusta ver quiénes son las personas que las dirigen. Y en eso tenemos empresas que son de rubros súper tradicionales, pero que tienen ganas de eso que hacen tradicionalmente, ir siempre mejorando. Hay muchas empresas que son de distribución, de alimentos, de bebidas, que tienen muchísimo para enseñar, por el volumen de operación que tienen, a empresas tal vez más jóvenes, que no tienen ese volumen, pero tienen las ganas de poder aprender.
Después hay muchas empresas que son de los rubros de más innovación, de salud, de movilidad eléctrica, de monitoreo de combustibles, de alimentación, sistemas de alimentación que hoy no existen en Argentina y que se están desarrollando.
Y gran parte de las empresas son profesionales que prestan servicio. Y eso lo tenemos partido en tres partes. Están los profesionales que todo el mundo conoce qué es lo que hacen: los arquitectos, los abogados, los escribanos. Después hay un núcleo de profesionales que son gente que hace algo que en tu empresa vos lo hacés porque alguien te obliga. Que, si tal vez no quisieras, no lo hacés. Están, por ejemplo, los profesionales de riesgo y seguro, de higiene y seguridad. Y después hay una tercera parte que son cuestiones más de inspiración, o que, si ya tenés ordenadas estas cosas, vos podés pasar a esa parte.
Entonces, por ejemplo, si querés pedir un financiamiento, pero no estás ordenado y no tenés esto, tal vez es difícil pensar que un financiamiento te va a resolver esas cuestiones. O pensar en un e-commerce o en comercio exterior. Ese es un poquito el esquema que tratamos de tener.
-¿Con qué realidad conviven hoy esas empresas?
-Es una realidad extremadamente variada. Hay empresas a las que les está yendo muy bien y otras a las que no tanto. En general, dentro del polo son empresas que, nosotros decimos, son empresas que hacen la tarea. Son buenos estudiantes, son aplicados. Son prolijos. Y tratamos de que no haya locos.
-¿Locos en qué sentido?
-Locos en el sentido de que hagan locuras. El primer requisito es sobrevivir y ser rentable. Entonces, cuando vemos que hay empresas que están haciendo cosas que creemos que... Porque al final del día, muchos, y nos cansamos de escuchar empresarios, le echan el 100% de la culpa al contexto.
Yo tengo 43 años y, desde que empecé mi actividad, el contexto creo que nunca ha sido favorable. Entonces, empresas que hablan tanto del contexto y vos mirás adentro de sus empresas y no están ordenadas. O son empresas que son puro proceso y les falta corazón. No hay cariño. Son empresas que tal vez no les va a terminar yendo bien independientemente del contexto.
Dentro de las empresas que veo acá, a veces miro las estadísticas y ese rubro está muy mal, pero a esa empresa le está yendo bien. Y veo que están ganando ese pedacito de mercado que tal vez otras empresas… Creo que hay que trabajar mucho. Es súper desafiante el contexto, pero me parece que siempre ha sido igual. Y creo que un emprendedor, un empresario, tiene que hacer algo de mea culpa de qué cosas estamos haciendo mal.
-Vuelvo a una de tus primeras respuestas y esto del gimnasio para el cerebro. Contame qué es eso.
-Bueno, en esto de hacer la tarea o cómo nos mantenemos las empresas con buenos hábitos, creo que a veces hoy, a través de una red social, pensamos que estamos aprendiendo. Creo que hay una brecha grande entre la ignorancia y el conocimiento, y después de la inacción a la acción.
En Mendoza, en Argentina y hoy en el mundo hay herramientas para aprender que son fabulosas. En Mendoza tenemos una calidad universitaria que es genial, hay escuelas de negocio, hay un montón de asociaciones de empresarios que se enfocan en que podamos aprender. Pero lo que tratamos de hacer a veces es ver cómo nosotros, enseñándonos entre nosotros, podemos aprender.
Una de las mejores formas de aprender es tener que enseñar. Entonces empezamos a armar estos espacios que no son de autoayuda. Está prohibido hacer catarsis. Y el primero que armamos fue un espacio para practicar nuestras habilidades comerciales.
-¿Cómo funciona?
-Todos venían: “Me bajó la venta, no sé...”. Y, en vez de ponernos a llorar o ir a prender fuego la Casa de Gobierno, lo que tratamos fue esta respuesta. Ahí lo que tratamos de hacer es, sin docentes, sino usuarios finales de algo —en este caso, gente que tiene que comercializar sus productos o sus servicios—, cómo nos vamos enseñando entre nosotros. Hay un coordinador y eso se va haciendo con una frecuencia semanal. Igual a un gimnasio, pero para la cabeza.
-Esto por ahí rompe un poco esa idea que se tenía antes en el mundo de los negocios de que, si vos descubriste la fórmula de la Coca-Cola, ni loco la compartís. Y acá es todo lo contrario: lo que a mí me funciona, lo pongo a disposición de todos.
-Sí, y creo que sigue siendo así. En este caso, me parece que una de las cositas es que, como son empresas que no compiten en el mismo rubro…
Esta mañana estuvimos viendo dos empresas que fueron a una feria contando sus secretos y sus cosas. Pero bueno, uno fue a una feria de logística y el otro de salud. Entonces creo que eso habilita mucho a un buen diálogo y una buena confianza. Me parece que eso a veces no pasa en cámaras que son de un mismo sector. Si yo soy de la cámara de algún producto específico, ahí sí tal vez voy a ser más reticente a contarle mis cosas a mis competidores.
Una cosa que también vemos en esto de cómo entrenamos la cabeza es que ir al gimnasio a nadie le gusta. Al principio te duele abandonar, buscamos muchas excusas para no ir. Y en este caso creo que poder meter una parte, no sé si lúdica o algo…
-Más social quizás.
-Social, con profundidad. No un networking liviano. Esa profundidad hace que surjan cosas que creemos que son las que después hacen que las empresas que están en este ecosistema, o rodeadas, no les vaya tan mal cuando les tiene que ir mal y les vaya mucho mejor cuando las cosas van bien.




