De la política al petróleo: cómo José Luis Manzano se convirtió en el empresario energético más ambicioso de la Argentina
Ex diputado y ex ministro de Menem, el mendocino construyó desde cero un holding que hoy abarca energía, medios, minería y telecomunicaciones, según el portal Minergy. La compra de Shell es su movimiento más grande.
José Luis Manzano, cabeza de un holding con múltiples intereses, acaba de sumar Shell en Argentina.
Imagen generada con IAHay una forma canónica de hacer negocios en la Argentina: primero la empresa, después el gobierno, después la empresa de nuevo, con los contactos del gobierno. José Luis Manzano hizo exactamente lo contrario. Llegó a la política sin dinero, acumuló poder institucional durante una década y, cuando salió, convirtió ese capital político en un holding que hoy controla o influye en buena parte de la cadena energética del país. La compra de los activos de Shell —894 estaciones de servicio, la refinería de Dock Sud, una planta de lubricantes, dos aeroplantas y dos terminales de combustibles, por un total de US$ 1.420 millones — es el movimiento más grande de su carrera y el que mejor ilustra hasta dónde llegó quien fue diputado provincial por Mendoza a los 27 años.
Nacido en Tupungato en 1956, Manzano cursó sus estudios en Medicina en la Universidad Nacional de Cuyo, especializándose en Medicina Laboral. La medicina fue un título, no un destino. Militante de la Juventud Peronista y figura clave de la llamada Renovación Peronista, ingresó a la Cámara de Diputados en 1983, ya consolidado dentro del partido gobernante en Mendoza. En el Congreso nacional fue jefe de bloque peronista y uno de los oradores prominentes en debates clave, como la Ley de Divorcio.
El ascenso de Carlos Menem a la presidencia en 1989 catapultó a Manzano a su momento de mayor poder institucional. Fue designado ministro del Interior en 1991, convirtiéndose en uno de los funcionarios más jóvenes y poderosos del gabinete. Desde ese puesto gestionó la política interna del gobierno en uno de sus períodos más turbulentos: las privatizaciones, la reforma del Estado y motorizar la reelección presidencial.
Su salida fue abrupta y polémica. Lo reemplazó Gustavo Béliz. La renuncia estuvo ligada a las denuncias de corrupción que circulaban en torno al gobierno de Menem, y a una frase que el periodista Horacio Verbitsky le atribuyó —y que Manzano siempre negó haber pronunciado— y que dio título a un libro sobre la corrupción de esa era: "Yo robo para la corona". En 1993, luego de finalizar su gestión, emigró a los Estados Unidos para profundizar su actividad académica y desarrollar su actividad empresaria. Pasó por las universidades de California en San Diego y Georgetown, donde estudió finanzas y relaciones internacionales. Fue un exilio estratégico, no una retirada.
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A partir de 1996 comenzó a desarrollar su carrera en la función privada como consultor internacional. Ese año, junto a su coterráneo Daniel Vila, fundó lo que con el tiempo se convertiría en el segundo grupo de medios del país. Pero los medios fueron solo la punta del iceberg. La columna vertebral del holding que Manzano fue construyendo es energética.
A través de Integra Capital, que fundó dos años después de su renuncia como funcionario de Menem, posee acciones en empresas centrales en energía y medios de comunicación: es dueño de una parte de Edenor, Metrogas, la petrolera Andes Energía —hoy Phoenix Global Resources— y la eléctrica Andina PLC. Cada adquisición siguió una lógica precisa: apostar por activos regulados o semi-regulados en sectores donde los contactos políticos y la lectura de la coyuntura valen tanto como el capital.