De herederos en la industria a revolucionarios del paradigma empresarial argentino
Valentino Romano y Tomás Karagozian, empresarios industriales y creadores de “La Fábrica”, charlaron con MDZ Online en el marco de la visita a Mendoza.
Tomás Karagozian y Valentino Romano, dos de los creadores de "La Fábrica Podcast" y referentes jóvenes de la industria argentina.
Sol Devia/MDZRepresentantes de la nueva generación de empresarios industriales en el país llegaron la última semana a Mendoza para repasar procesos productivos en la vitivinicultura y la olivicultura. Esta visita fue el marco ideal para conocer a Valentino Romano y Tomás Karagozian, dos jóvenes dedicados a la industria por herencia, pero que han logrado imprimirle su impronta cambiando el paradigma para la concepción del “Hecho en Argentina”.
Ambos son dos de los creadores de “La Fábrica Podcast”, un de los más escuchados en el país, y llegaron a la provincia en el marco de una nueva edición de su segmento Turismo Industrial, donde recorren diferentes partes del país para conocer procesos productivos, en este caso los de Familia Zuccardi en el vino y en el aceite de oliva, con las visitas a Piedra Infinita y Zuelo, de la mano de Sebastián y Miguel Zuccardi.
Durante su estadía en la provincia, los jóvenes charlaron en una entrevista con MDZ Online y compartieron su visión sobre la industria argentina. Lo que necesita el país para seguir creciendo, el asociativismo y el nuevo paradigma empresarial al que abrieron juego fueron algunos de los temas que mencionaron.
-¿Cómo nació la idea de “La Fábrica”?
-Valentino Romano (VR): Arrancamos el podcast por un proyecto que tenemos que se llama ‘Che Alta Industria’, que arrancó hace cinco años y donde mostramos procesos productivos. Eso creció, fue avanzando y un día decidimos que además de mostrar el proceso productivo, teníamos que mostrar las caras y las personas que estaban detrás de esos procesos productivos. Y ahí nace ‘La Fábrica’.
-Tomás Karagozian (TK): Igual, todo esto es consecuencia de algo anterior, que es que nosotros creemos que el sector industrial, el sector empresario, quizás no tanto el emprendedor, tienen una mala imagen y en parte es la imagen que nos merecemos por no haber sabido dedicar ni tiempo, ni esfuerzo, ni dinero, para mostrar quiénes somos, cómo lo hacemos. En una charla que tuvimos con Daniel Hadad, que fue muy interesante, el describía cómo iban a cambiar los paradigmas de la comunicación, donde en el pasado había pocos emisores y muchos receptores, donde esos receptores justamente por estas herramientas que tenemos en la mano, se iban a convertir en emisores y un poco lo que nosotros veíamos o creemos es que así como hoy discutimos el contenido, también se discuten las formas, la gente quiere algo más genuino, más real y lo que nosotros tenemos que hacer es democratizar y abrir un poco la forma en la que nos comunicamos.
Quizás los sectores empresarios industriales estaban acostumbrados a comunicar con voceros, pero nosotros creemos que genera mucho más empatía una línea orgánica y un mensaje con múltiples emisores que creen empatía en el territorio donde vive. Lo que nosotros estamos tratando de hacer es un cambio de paradigma en cómo nos vinculamos con la sociedad.
-¿Cómo llegaron a la industria?
-VR: Por herencia familiar. Soy tercera generación de industria maderera. Pero no me sentía identificado con la industria nacional hasta que empecé con esto. Primero conocí a Tomi (Tomás Karagozian) en un grupo y de ahí pasé de ser un comercial maderero a ser industria nacional Ese fue mi primer acercamiento.
-TK: En mi caso, en mi familia siempre se respiró industria. Mi abuelo arrancó como emprendedor muy de abajo en la industria textil, después la empresa la continuó mi papá y creció mucho. En casa siempre se mezcló la parte de la empresa y de la familia. Somos muy apasionados por lo que hacemos, por generar trabajo y, como nos enseñó mi abuelo, devolverle a la Argentina lo que el país le dio a mi familia.
En ese camino nos fuimos conociendo, tuvimos un paso por lo institucional y hoy estamos con ‘La Fábrica’ como un espacio propio. La verdad que es muy lindo lo que nos dio la industria, estos amigos industriales (en referencia a las personas que los acompañaron en el evento en Mendoza), poder hacer programas como Turismo Industrial, vincularnos con emprendedores o industriales de primera, segunda o tercera generación, yendo a un movimiento un poco más colectivo, el ayudarnos y el entender que generacionalmente tenemos que compartir un poco más. Es un sueño de hace mucho tiempo que se está concretando.
-¿Qué se llevan de esta visita en Mendoza?
-TK: Haber conocido a Sebastián en Piedra Infinita y todo lo que nos contó sobre el vino o en Zuelo con Miguel, donde aprendimos de los varietales y el aceite, te permite abrir la cabeza. Más allá del rubro en el que se inserte cada uno, es interesante porque uno puede aplicar las cosas que aprende a sus propias empresas, en sus propios sectores. Desde los mecanismos de comunicación, de venta a cómo diversificar, de ir hacia la calidad y la trazabilidad. Esto nos da un aprendizaje total.
VR: Antes creo que había una crítica muy grande al industrial y había un recelo entre industriales por mostrar sus fábricas. Creo que nosotros al abrir las puertas de las fábricas ahora también permitimos abrir las historias de aquellos industriales, estamos cambiando ese preconcepto que había.
-¿Cómo viven ustedes este cambio de un poco patear un el tablero de lo tradicional en la industria?
-TK: Ahora estamos un poco con el lema este de “lo viejo funciona” y a lo viejo se lo respeta. De hecho, somos muy respetuosos de la historia, de la experiencia. Si mirás nuestros episodios, tenemos jóvenes emprendedores, pero también a personas como Rodolfo Viegener, que debe tener más de 80 años. Nos encanta aprender de ellos.
Pero como generación tenemos que venir a imprimir algo distinto, no solo a nivel comunicativo o desde lo sectorial, sino en nuestras empresas. Tenemos sectores tradicionales que apalancados en las tecnologías aumentan su productividad y además mejoran su impacto, por ejemplo, ambiental y social. Y esas son preocupaciones u ocupaciones que tiene una nueva generación y que lo exigen con reglas de mercado, con países que exigen certificaciones o trazabilidad. En el pasado esas son cosas que quizás ni se pensaban y hoy son necesidades para participar en el mercado global.
Como generación creo que tenemos que ser muy respetuosos de donde venimos, pero también entender entendemos que las mismas recetas, las mismas herramientas no necesariamente son las que necesitamos de cara al futuro. En mi caso, yo pasé por un proceso de ese estilo en nuestra compañía. Siendo muy respetuosos de quienes somos, ponemos en duda qué es lo que tenemos que hacer hacia delante. Y son procesos complejos. El cambio y la resistencia cultural a veces son un tema clave que tenemos que afrontar con empatía, cercanía y diálogo para no golpearnos en ese cambio.
-VR: Lo que me gusta de la nueva generación, que creo que es algo distintivo nuestro, es que somos asociativistas. Nos ayudamos entre todos, no importa el problema que uno tenga, siempre nos separa un mensaje de WhatsApp de distancia para darnos una mano.
-TK: De hecho, tenemos grupos de ayuda industrial donde en dos o tres minutos surge una respuesta a cualquier tipo de problema. Y vale un montón tener a cientos de personas dispuestos a ayudar.
-VR: Es el verdadero “nadie se salva solo”.
-¿Cómo ven el futuro de la industria en Argentina?
-TK: Creo que el presente y el futuro son las comunidades y cómo cada uno repiensa cómo las construye. Esto trasciende lo comercial. Por ejemplo, hace poco tuvimos una entrevista con Mi Gusto donde contaron que armaron su propia comunidad donde prueban productos. Incluso nosotros desde La Fábrica estamos armando una comunidad para ayudarnos.
Me parece que vamos a hacia empresas con mayor personalidad, donde la figura de quién lo hace es importante, pero además se construyen comunidades que trascienden lo comercial y que tiene que ver con la venta indirecta, con generar algo distinto, un amor por la marca, un amor por lo que hacemos y con encontrar una identidad que perdure en el tiempo.
-¿Cómo se lleva esto que ven para el futuro con la realidad político-económica que hoy tiene el país?
-TK: La industria es súper heterogénea. Si vos preguntás cómo está la industria hoy, habría que ver cada cuál, porque tenes algunas de una naturaleza más exportadora, otras más de mercado interno y que lo que pasa en Argentina y el mundo les afecta de manera diferente. Muchos creemos que era insostenible un modelo con 14 tipos de cambio y que claramente, las condiciones de estabilidad macro y previsibilidad son fundamentales para un país desarrollado. Pero así como creemos eso, vemos que todos los países del mundo que se han desarrollado también han tenido estímulos micro y una política industrial a largo plazo, planificación.
Desde mi punto de vista, no el de La Fábrica, creo que está bien lo que se está haciendo a nivel macroeconómico, pero falta entender que somos un país de 47 millones de personas y que tenemos que estimular el trabajo, la producción y el valor agregado nacional. A veces veo como que mágicamente se logra disociar al consumidor del trabajador. También creo que al consumidor hay que darle buenos productos al mejor precio posible, entendiendo que tiene que haber un equilibrio entre el consumo y el trabajo. Es un equilibrio difícil y no hay solución fácil a problemas complejos. Esto requiere diálogo, de acercar, de pensar juntos de manera colectiva.
Nosotros como generación militamos una Argentina que no se para en falsas antinomias, de la industria o el campo, decimos que es la industria y el campo, son los trabajadores y los industriales, son los sectores tradicionales y los de base tecnológica… Hay algunos, y no me remito a este Gobierno, sino de manera transversal, que siguen esa lógica de poner todo en términos antagónicos que, desde mi punto de vista, atrasa.
-¿Cuáles son las políticas puntuales que hacen falta para que a la industria en general le vaya bien?
-TK: Una es el crédito. Estamos al lado de un país como Brasil que tiene 70% de acceso al crédito sobre el PIB, Chile 100%, países europeos están arriba de 100% y nosotros nos tenemos que conformar con un 4% o 5%. También tenemos a Paraguay, donde vos podés ir y financiarte con dos años de gracia a ocho años, en Brasil es similar y acá tenes cinco o seis meses de gracia y tenés que amortizar a dos años. En una Argentina que quiere aumentar la oferta y para aumentar la oferta requiere de capital propio porque no hay crédito, es muy probable que ese aumento de oferta lo pague el consumidor en ciclos cortos.
Después tenemos la infraestructura. Te pongo un ejemplo personal, tengo fábricas en diferentes lugares y en una provincia como Corrientes tuve 365 fallas eléctricas en un año. Cuando hablamos de competitividad, ¿cómo puedo ser productivo con este escenario? Otro caso, la minería quiere exportar, pero necesita tendido eléctrico, agua, rutas… Hay que empezar a entender que, por supuesto, la minería será importante, como ya lo es el petróleo, pero esto requiere planificación.
-¿Cuáles son las industrias con mejor proyección en Argentina en el mediano y largo plazo?
-TK: Claramente hay un foco muy importante en el oil & gas. Estamos trabajando para que se le de atención al desarrollo de proveedores porque creemos que a través del empleo uno puede distribuir partes de crecimiento, pero con eso solo no alcanza. Justamente en esta lógica necesitamos a los sectores industriales tradicionales, necesitamos al campo, la minería, oil & gas, al menos hasta que tengamos un país un poco más desarrollado y un poco más justo a nivel federal.
Creemos en una lógica verdaderamente federal por más que los dos somos de Buenos Aires, en mi caso el interés está en el interior y esta posibilidad de estar conociendo todo el día industriales nos hace entender las asimetrías que tenemos. Que el norte nuestro pague el gas tanto más caro que nuestro sur o el centro, es ilógico, porque ya paga un costo logístico mucho más alto.




