De Carlos Menem a Javier Milei: la historia de Telefónica en la Argentina llega a su final
La aprobación oficial de la venta a Telecom acelera el retiro de la compañía española y marca el cierre de una etapa iniciada con las privatizaciones de los años noventa.
El foco de la historia se concentra en la autorización parcial y con condiciones de la compra de Telefónica por parte de Telecom. Como se sabe, la compañía deberá desinvertir fuertemente en los próximos 18 meses para que la adquisición, por la que se pagaron unos US$1.400 millones, quede en firme. Concretamente, la disposición oficial indica lo siguiente: “El Tribunal de Defensa de la Competencia (TDC), órgano decisor de la Autoridad Nacional de la Competencia (ANC), sobre la base de un informe técnico elaborado por el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), informa que ha resuelto imponer un conjunto amplio de condiciones que supeditan la adquisición de Telefónica Móviles Argentina por parte de Telecom, empresa del Grupo Clarín, con el objetivo de evitar que esta operación constituya la formación de un monopolio que perjudique a los usuarios y a la libre competencia”.
Esta es una parte de la noticia. Hay otra historia por detrás. La autorización por parte del Gobierno implica que la presencia de Telefónica de España en la Argentina comienza a tener su epílogo. Y que, en pocos meses, cambios de nombres incluidos, la empresa europea ya no tendrá presencia en la Argentina. Es, entonces, el final de una, casi, leyenda.
La historia de Telefónica en la Argentina está estrechamente vinculada al proceso de privatizaciones impulsado durante la presidencia de Carlos Menem. La compañía española desembarcó en el país en 1990, cuando el Gobierno decidió dividir y privatizar la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel), que hasta entonces mantenía el monopolio estatal de los servicios telefónicos.
La privatización fue lanzada formalmente mediante el Decreto 62/90 y contempló la división de ENTel en dos regiones: Norte y Sur. Telefónica de España se adjudicó la zona Sur, mientras que la zona Norte quedó en manos del consorcio que luego daría origen a Telecom Argentina. La adjudicación fue firmada en junio de 1990 y la transferencia efectiva del control se concretó el 8 de noviembre de ese año. Desde entonces nació oficialmente Telefónica de Argentina.
La llegada de Telefónica ocurrió en un contexto de fuerte deterioro de la infraestructura de telecomunicaciones. A fines de los años ochenta, conseguir una línea telefónica podía demandar años de espera y el sistema mostraba graves problemas de inversión y modernización. La privatización incluyó compromisos de expansión y mejora tecnológica que, según los pliegos originales, implicaban inversiones por unos 5.000 millones de dólares durante la década siguiente.
Durante los primeros años de gestión privada, Telefónica desplegó una profunda modernización de la red, digitalizó centrales telefónicas, expandió el acceso a líneas fijas y posteriormente lideró el desarrollo de la telefonía móvil a través de Movistar. También participó en la expansión de internet de banda ancha, fibra óptica y servicios digitales, convirtiéndose en uno de los principales actores del mercado argentino de telecomunicaciones.
Tras más de tres décadas de presencia en el país, la compañía llegó a contar con alrededor de 20 millones de clientes entre telefonía móvil, internet y otros servicios, además de más de 10.000 empleados directos. La marca Movistar se consolidó como uno de los tres grandes operadores de telecomunicaciones del mercado argentino.
La trayectoria de Telefónica también estuvo marcada por numerosos conflictos políticos y regulatorios. Durante los años noventa recibió cuestionamientos por el régimen de exclusividad otorgado a las empresas privatizadas, que les permitió operar sin competencia plena durante varios años. Posteriormente enfrentó discusiones por tarifas, regulación del sector, licencias de telefonía móvil, asignación de espectro radioeléctrico y condiciones para el despliegue de nuevas tecnologías.
En los últimos años, los conflictos se trasladaron al terreno de la concentración económica. En febrero de 2025, la casa matriz española anunció la venta de Telefónica Argentina a Telecom Argentina por 1.245 millones de dólares, como parte de una estrategia global para reducir su exposición en América Latina. La operación generó una fuerte controversia política debido al peso que tendría la empresa fusionada en el mercado local de telecomunicaciones.
El gobierno de Javier Milei suspendió inicialmente la transacción por presuntos riesgos de concentración y ordenó una revisión por parte de los organismos de competencia. Finalmente, en junio de 2026 autorizó la operación, imponiendo condiciones que incluyen la cesión de millones de clientes, la devolución de espectro y otras medidas destinadas a limitar posiciones dominantes en distintos segmentos del mercado.
Con esa decisión concluye una etapa de más de 36 años de presencia de Telefónica en la Argentina. La empresa que llegó al país como una de las principales protagonistas de las privatizaciones de los años noventa termina su ciclo local en medio de un nuevo debate político: ya no sobre la privatización de una empresa estatal, sino sobre los límites de la concentración en el mercado de las telecomunicaciones.

