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Crisis vs oportunidad: los que "tiran" y los que "frenan" en la economía de Mendoza

Un reciente informe del Ieral puso sobre la mesa la desigualdad del desempeño sectorial en el marco de una moderada recuperación de la provincia.


La economía de Mendoza cerró 2025 con una recuperación moderada, pero lejos de consolidar un crecimiento homogéneo. Al menos así lo afirmó un reciente estudio privado en el que se da cuenta de una recuperación débil, pero desigual, marcada por problemas estructurales y sectores en crisis que conviven con motores emergentes.

Esta realidad fue marcada en el “Informe anual 2025 - Perspectivas 2026 de la Economía de Mendoza” publicado por el Ieral de la Fundación Mediterránea. Detrás del dato general, el comportamiento de los distintos sectores productivos expuso una realidad fragmentada: algunos rubros comienzan a mostrar señales de dinamismo, mientras otros continúan atrapados en una combinación de caída de ingresos, pérdida de competitividad y cambios estructurales.

El informe del IERAL puso el foco precisamente en esa heterogeneidad, que se transformó en una de las claves para entender el presente económico de la provincia.

Motores emergentes: crédito y construcción

Entre los sectores que lograron traccionar la actividad, el sistema financiero aparece como uno de los protagonistas inesperados del año. La reactivación del crédito, especialmente en un contexto de desaceleración inflacionaria, permitió recomponer parcialmente el financiamiento tanto para consumo como para inversión.

Este fenómeno no es menor: durante años, la falta de crédito fue una de las principales limitantes para el crecimiento de las economías regionales. En 2025, en cambio, comenzó a observarse una mayor disponibilidad de financiamiento, lo que generó un impacto positivo en otras actividades.

En paralelo, conforme al análisis del Ieral, la construcción también mostró signos de recuperación, impulsada principalmente por la obra pública. Si bien el dinamismo no fue uniforme en todos los segmentos, el sector logró posicionarse como uno de los pocos con variación positiva sostenida.

Este repunte, sin embargo, tiene matices. Gran parte de la actividad depende del impulso estatal, lo que plantea interrogantes sobre su sostenibilidad en el mediano plazo, especialmente en un contexto de ajuste fiscal a nivel nacional.

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Sectores en crisis: turismo, vino e industria

En el otro extremo, varios de los sectores tradicionales de Mendoza atravesaron un año complejo. El informe señaló que el turismo, uno de los pilares de la economía provincial, mostró un desempeño particularmente débil. La caída en la cantidad de visitantes, sumada a un menor gasto por turista, impactó de lleno en la rentabilidad del sector. Factores como el encarecimiento relativo del destino, la competencia internacional y la contracción del consumo interno explican parte de este fenómeno.

La vitivinicultura, emblema productivo de Mendoza, tampoco logró escapar a la tendencia negativa. El sector enfrenta una combinación de problemas estructurales y coyunturales: sobrestock, precios deprimidos, caída en las exportaciones y un mercado interno debilitado.

El resultado ha sido un deterioro en los ingresos de los productores, que se traduce en menor inversión y en un escenario de creciente incertidumbre para toda la cadena.

La industria, por su parte, continuó lidiando con problemas de competitividad. La apertura de importaciones, el costo logístico y la presión impositiva ha afectado especialmente a las pymes, que encuentran cada vez más dificultades para sostener márgenes y mantener niveles de actividad.

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El consumo de vino cerró el año en alza, pero el balance anual es negativo.

Energía: el desafío estructural

Como lo señaló el Ieral, el sector petrolero merece un capítulo aparte. A diferencia de otras regiones del país, donde la actividad hidrocarburífera muestra un fuerte dinamismo, Mendoza enfrenta limitaciones estructurales que condicionan su desarrollo.

La falta de inversiones, la madurez de los yacimientos y la competencia con otras cuencas más productivas explican el rezago del sector. Esto no solo impacta en la generación de empleo y actividad, sino también en los ingresos fiscales de la provincia.

Un mapa productivo en tensión

El contraste entre sectores dinámicos y sectores en crisis configura un mapa económico en tensión. Por un lado, aparecen actividades con potencial de crecimiento, apalancadas en nuevas condiciones macroeconómicas. Por el otro, persisten rubros tradicionales que no logran adaptarse al nuevo contexto.

Esta dualidad plantea desafíos importantes para la política económica. La pregunta central es cómo potenciar los sectores que muestran señales positivas sin abandonar a aquellos que atraviesan dificultades estructurales.

El rol de la competitividad

Uno de los factores que atraviesa a todos los sectores es la competitividad. El informe destaca que muchas de las actividades en crisis comparten problemas similares: costos elevados, baja productividad y dificultades para insertarse en mercados internacionales.

En este sentido, la discusión sobre impuestos, infraestructura y regulaciones vuelve a cobrar relevancia. Sin mejoras en estos aspectos, resulta difícil que los sectores rezagados puedan revertir su situación.

Perspectivas: entre la recuperación y la incertidumbre

De cara a 2026, el escenario presenta luces y sombras. Por un lado, la continuidad del crédito y cierta estabilidad macroeconómica podrían sostener la recuperación en algunos sectores. Por el otro, los problemas estructurales que afectan a actividades clave como la vitivinicultura, el turismo y la industria no parecen tener una solución inmediata.

Además, el contexto internacional introduce un factor adicional de incertidumbre, especialmente para una provincia con fuerte perfil exportador.