Cómo manejar nuestro dinero evitando las "traiciones" de nuestro cerebro
Tomar decisiones inteligentes sobre el manejo del dinero es clave. Las "tentaciones" y los mecanismos para sostenerse.
Manejar el dinero en tiempos de crisis es difícil.
Archivo.Vivimos en una sociedad en la que creemos tomar decisiones y actuar de manera lógica, es decir, pensadas y basadas en el análisis y los números. Sin embargo, en la práctica el ser humano muchas veces no siempre responde a esta racionalidad, y eso pasa porque nuestro cerebro muchas veces funciona en base a procesos que condicionan lo que elegimos.
Muchas veces le pregunto a mis alumnos, si se consideran racionales a la hora de administrar su dinero, ahorrar e invertir, y la respuesta automática es: “Claro, por supuesto, sin lugar a dudas”. Luego de unos segundos y ante de la pregunta de cómo administrar el dinero para tener una jubilación digna el día de mañana, empiezan a dudar y terminan recordando gastos innecesarios en algunos gustos, sin haber pagado el total de la tarjeta o reservado algo de capital de acuerdo a un plan mensual y muchas veces admiten que no son tan racionales para auto administrarse.
Primero repasemos los manuales de las finanzas personales. Si tenemos un ingreso, debemos pensar primero que pagaremos lo esencial: vivienda (cuota o alquiler), luego los compromisos fijos como seguro, servicios de la casa, escuela, supermercado y tarjeta de crédito. Podemos pensar que en estos gastos se nos van de un 40 a un 60% de nuestros ingresos.
Reglas clave
Luego podemos reservamos un 20-30% para erogaciones variables como combustible o transporte, ropa o gastos fuera de la casa o compras de cercanía. Somos humanos y lógicamente el esparcimiento es también importante, por lo que es razonable destinar un 10% de nuestros ingresos para gastos personales y gustos como salidas, cine, entradas de recitales etc.
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Finalmente siempre se recomienda reservarse de un 10% a un 20% del ingreso mensual para ahorros e inversiones (entiendo que estamos en época de vacas flacas, sin embargo nunca debemos resignarnos a no ahorrar, dado que tener este hábito desde jóvenes, y aunque empecemos con poco dinero, es clave en el tiempo).
Lo anterior expuesto, nos permite hacernos a la idea de la relevancia de construir un capital para luego transformar ese dinero en mejoras en la calidad de vida como comprar una propiedad, un auto o montar un pequeño negocio. También brinda respaldo en momentos en los que nos podemos encontrar con inestabilidad laboral, sin trabajo o con ingresos temporalmente menores. Por lo que, el capital reservado e invertido claramente juega un papel importante en la planificación personal y familiar.
Ahora en Argentina, producto de las reiteradas crisis económicas que hemos afrontado podemos observar dos efectos claves. El primero es que existe una fuerte desconfianza en los bancos y en el sistema financiero: quienes han ahorrado en plazos fijos o dejado sus dólares en el banco, muchas veces han perdido su dinero o sufrido un corralito para volver a tenerlo.
Las "traiciones" de nuestro cerebro
El segundo efecto y más importante en estos tiempos, es que la inflación sostenida y la cultura del consumo hace que parezca más lógico consumir hoy antes que postergar la compra, ya que existe incertidumbre ante los procesos futuros: mañana no sabemos qué pasará o cuánto será el valor real del dinero, o incluso hasta si lo consiga.
A grandes rasgos —y esto lo voy a desarrollar en próximas notas— cuando consumimos hoy, por ejemplo salimos a cenar o pagamos una entrada para ver a nuestra banda favorita, el cerebro activa circuitos vinculados con la recompensa, la anticipación y el deseo. Entre ellos aparece la dopamina, que no funciona exactamente como la “molécula de la felicidad”, sino como una señal que nos empuja a buscar aquello que promete placer, o gratificación inmediata. El problema es que esa recompensa inmediata suele sentirse mucho más intensa para nuestro cerebro que un beneficio futuro, cómo ahorrar, invertir o construir un fondo para la jubilación. Por eso muchas veces elegimos un consumo que nos da satisfacción ya, aunque financieramente no sea una decisión racional seguir gastando mientras todavía no terminamos de pagar el saldo de la tarjeta. El cerebro no siempre juega a favor del bolsillo; muchas veces prefiere el placer inmediato antes que la tranquilidad financiera de largo plazo.
En conclusión, debemos entender que nuestro cerebro nos puede traicionar, entregándose al marketing, las publicidades y las redes sociales que nos quieren vender, aprovechándose de la felicidad instantánea y una tarjeta de crédito incendiada el día después. Por lo cual es importante ser ordenados con el dinero, llevando un control de gastos y si algo nos hace dudar, siempre podemos comprarlo mañana o ir al próximo recital.


