2001 vs. 2024: qué hace la clase media para sobrevivir
La actual situación económica en la que casi todos los indicadores son negativos, remite a muchos argentinos a la crisis de 2001. En su momento, las dificultades se veían en los clubes del trueque así como en diversas estrategias que segmentos medios y bajos salieron a implementar en masa. Más de 20 años después, la crisis vuelve a interpelar la supervivencia de las clases medias y bajas, pero con características diferentes. La primera diferencia es que más allá del desastre económico y social aquel, la crisis se originó en la política mientras que ahora es claramente económica.
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Con estrategias que se implementan desde el año pasado y que continúan en medio de indicadores complejos, quienes pertenecen a la clase media hacen malabares para no terminar de caerse. Es que si bien ha habido una desaceleración de la inflación, esta continúa en alza en contraposición con los ingresos que -aunque pueden haberse reacomodado- siguen muy por detrás del aumento de precios. En estos meses, por otra parte, se suman otras dificultades relacionadas con el empleo debido al achique generalizado por la crisis y a la restructuración estatal en danza.
Los últimos datos disponibles del Indec son de enero de este año y el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró una caída de 4,3% en la comparación interanual. Del mismo modo, también hubo una baja mensual con respecto a diciembre de 2023. Durante todo el año pasado, la caída de la actividad fue de 1,6% con un derrumbe registrado en el cierre anual. A esto se suma la inflación que golpea a todos los sectores y que es un elemento que no estuvo en la crisis de 2001 más allá del impacto puntual de la devaluación del uno a uno.
Ventas varias
José Vargas, economista de la consultora Evaluecon explicó que la clase media continúa en una situación compleja y delicada. En especial porque la inflación sigue en alza más allá de la tasa decreciente, lo que golpea directamente a los patrones de consumo habituales. De hecho, los datos de una encuesta realizada recientemente por esta consultora mostraron que siete de cada diez mendocinos no solo bajaron consumo sino que modificaron sus “rebusques” para no quedarse en cero antes del 15 de cada mes. “La clase media intenta mantener el poder de compra con distintas estrategias”, destacó Vargas quien recordó que son cada vez más las personas que tienen al menos dos trabajos lo que en general se da en situaciones informales.
Mientras en 2001, además del trueque y con altos niveles de desocupación se veían parripollos y los tradicionales almacenes o kioscos de barrio, en 2024 se ha modernizado la búsqueda de un nuevo ingreso. En este marco, en vez del trueque proliferan las ferias de productos usados que van desde una mesa o perchero en la puerta de la casa hasta la participación en distintas ferias. Es el caso de Andrea (42) que se ha organizado con las mamás de la escuela para ir a una feria circular que se realiza en un club de Luzuriaga durante todos los fines de semana mayo. “Queremos vender ropa, pero también muebles de bebés que eran de nuestros hijos”, relató Andrea.
El cambio de mirada es alto ya que el grupo de mamis tienen niños de entre 7 y 10 años y, más allá de la planificación familiar, no había aparecido antes la necesidad de vender la silla de comer, la practicuna, el corralito o distintas cosas guardadas en el “cuartito de atrás”. Así, en medio de una suerte de individualismo propio de la época también aparecieron movimientos de cooperación para salir adelante. En 2001, hubo una conciencia similar que se observó con los clubes de intercambio, los movimientos sociales y la creación de espacios para compartir
A esto se suman los cumpleaños a la canasta o en las plazas al mejor estilo pandemia así como las compras cooperativas para abaratar costos y, propio de estos días, el viaje a Chile. Aquí se destaca el ofrecimiento de los que van (o el pedido de los que se quedan) de traer zapatillas, camperas o productos que se consiguen por la mitad del precio.
Chau ahorros
Por otro lado, un clásico de estas épocas tiene que ver con “comerse” los ahorros. Es el caso de Carla quien vive sola en un barrio privado y posee trabajo. Pese a esto, ha tenido que sacar los ahorros para poder sostener diversos gastos que no son ostentosos, pero que hacen a su calidad de vida. Las expensas del barrio y algunas pocas salidas a cenar se encuentran entre ellas. “La clase media está desahorrando para mantener su patrón de consumo típico”, subrayó Vargas. De este modo, los que habían podido comprar dólares los venden a fin de mes para no pasar angustias al tiempo que el dinero guardado debe utilizarse para enfrentar imprevistos.

Cualquier desperfecto en el auto (con mantenimientos que se dejan de lado debido a los costos), arreglos en la casa que no pueden esperar o la compra urgente de algún electrodoméstico se afrontan con el cambio de los dólares debajo del colchón o la utilización de cualquier resto guardado. Las cifras exorbitantes para saldar cualquiera de las necesidades mencionadas no se saldan con el sueldo y, en general, o no permiten financiación o es tan cara que no vale la pena si se tiene la opción. En este punto, pedir plata a un familiar (que también vende dólares) es una práctica cada vez más difundida.
Esta es otra diferencia con lo sucedido en 2001 ya que si bien la crisis fue profunda y la falta de trabajo acuciaba, los precios deprimidos se contraponían a la situación actual de precios inaccesibles para muchos bienes. Ahora, se suma la dificultad de pagar los servicios que ya llegaron sin subsidios y con aumentos, lo que complica la posibilidad de levantar cabeza con costos que se morigeran en el supermercado. Por este motivo y con situaciones complejas de deudas y financiaciones poco convenientes en la actualidad, recurrir a las tarjetas de crédito es otro de los planes B de la clase media que, con desgaste y astucia, intenta tapar el sol con la mano.
