Tensión internacional

Qué representa a nivel económico el conflicto entre España y Argentina

Si algo le faltaba al guisado libertario era una escalada diplomática con la madre patria. Los intereses españoles están a la expectativa, pero ya lo venían estando hace más de una década.

Jorge Herrera
Jorge Herrera miércoles, 22 de mayo de 2024 · 07:09 hs
Qué representa a nivel económico el conflicto entre España y Argentina
Foto: Noticias Argentinas

Si uno se guiara por la tónica del entredicho diplomático entre el presidente español, Pedro Sánchez, y su par argentino, Javier Milei, y cómo repercutió en el ambiente financiero de la península ibérica diría que, parafraseando a los migrantes gallegos, “¡aquí non pasou nada!”.

Claro que el amplio abanico de medios ibéricos se ocupó de la escalada diplomática con Argentina pero por ejemplo la bolsa de Madrid ni pareció anoticiarse. Los papeles españoles vinculados directa o indirectamente con negocios en el país tuvieron vaivenes normales en sus cotizaciones.

Que España ostente un lugar de privilegio en el ranking de inversores extranjeros de Argentina tampoco dice mucho luego de más de tres décadas donde no hubo ningún flujo de inversión directa extranjera de la magnitud de los años ’90. Hace décadas que la “Inversión Externa Directa” (IED) viene a cuentagotas y muy enfocada a negocios específicos como el sector de hidrocarburos.

Quizás España, mejor dicho los inversores españoles no salieron a tiempo y quedaron prendados del devenir criollo. Cierto es que la mayoría de los inversores internacionales de IED desembarcan con miras al largo plazo, no son “golondrinas” que vienen a hacer “trading”, esos son los financieros, sobre todo el hot money.

Stock capital de España, año 2020 (miles de millones de euros)

Por eso el propio tenor de la repercusión del entredicho entre ambos presidentes, y algunos funcionarios y políticos españoles, en el sector empresario refleja más la idea de que hay que bajar los decibeles. Esto no implica que no importe porque como siempre bien recuerda el politólogo Rosendo Fraga, las crisis escalan por error de cálculo. O sea, mejor no tirar de la cuerda.

Hay más de un centenar de empresas españolas que operan en el país, con un cúmulo de inversiones por más de 18.000 millones de dólares, según Carlos Cuerpo, ministro de Economía español. Habría que recordarle al señor ministro que esos miles de millones fueron llegando al país con todo tipo de gobierno, por lo que, de no mediar trasnochadas iniciativas como una nacionalización (como Repsol-YPF 2012), difícil que revean sus negocios por un contrapunto entre el líder socialista y el libertario. Se van cuando no vislumbran ninguna rentabilidad al porfolio de sus inversiones internacionales.

Esos más de 18.000 millones de dólares acumulados son los que posicionan a España como el segundo mayor inversor internacional de Argentina por detrás de Estados Unidos. Los datos del ICEX muestran que de los más de 40.000 millones de dólares que se acumularon desde los ’90 hoy apenas queda poco más de un tercio y han llegado menos de 8.000 millones en la última década.

Entre las empresas españolas que operan en Argentina se destacan corporaciones como Telefónica, Santander, BBVA, Inditex, Iberdrola, Naturgy, Acerinox, CAF, Día, Mapfre, Prosegur o Indra, además de compañías catalanas como Grifols, Puig, Freixenet o Codorníu.

Cuando Milei ganó las elecciones y llegó al poder las empresas españolas estaban expectantes sobre todo por las promesas de campaña. Hoy siguen con prudencia la consecución de los planes libertarios que todavía no despejan la incertidumbre que destrabe inversiones directas. Por más que el Gobierno se ufane del interés inversor, no tanto como lo hizo el de Cambiemos, lo cierto es que al igual que el resto de los países están en modo “wait & see”. Pero lo que seguro no quieren ni esperan los españoles es que a la incertidumbre y los ajustes sobrevengan medidas autárquicas contra sus intereses.

Existe el mito que las empresas españolas abandonaron la región tras la crisis de comienzos de los 2000. El argumento central de este relato es que la volatilidad y baja rentabilidad de las inversiones iniciales, junto a la inseguridad jurídica y el pobre crecimiento económico, disuadieron a los empresarios de seguir aumentando su exposición en una región en donde es difícil generar valor para los accionistas, señala un estudio de mediados del año pasado de Carlos Malamud, José Juan Ruiz y Ernesto Talvi.

Los datos no corroboran la hipótesis de la retirada de la inversión española en América Latina tras las crisis de 2001-2003. “Ocurrió lo contrario: entre 2007 y 2020, por cada 100 euros invertidos, 30 fueron a América Latina y 55 a EE.UU. y otros países desarrollados no comunitarios. La UE sólo captó un 4% de la IED neta española”, sostienen los autores.

Pero en ese contexto lo acontecido en Venezuela y en Argentina explica el impacto negativo sobre la rentabilidad del portfolio de sus inversiones en la región.

Para ponerlo en blanco y negro, “América Latina ha contribuido con 25% (27.000 millones de euros netos) de la creación de valor que ha supuesto el proceso de inversión iniciado a finales de los ’90 (100.000 millones de euros). Una cifra ligeramente inferior a la que le correspondería por su peso en el stock total de inversión”.

“La razón de ello es que en el continente se ha generado un tercio de la destrucción total de valor, como consecuencia de Argentina y, sobre todo, de Venezuela: más de 15.000 millones de euros, unas pérdidas que cabe atribuir a proyectos de inversión erróneos sino a la volatilidad macro y regulatoria que ambos países han padecido en las últimas dos décadas”, explican los autores.

Mientras que Brasil y México suponen el 73% de la creación bruta de valor y, si se añade Chile, se llega al 93%. Estos tres países son el núcleo del éxito de la inversión española en el exterior en el periodo 2007-2020.

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