Tensa relación bilateral

Argentina y China, en prudente diplomacia por el swap, inversiones y negocios

Los fuegos de artificio de la retórica del Gobierno frente al gobierno chino tienen un límite en los compromisos asumidos por el país en el marco del acuerdo por el intercambio de monedas.

Carlos Burgueño
Carlos Burgueño jueves, 11 de abril de 2024 · 10:24 hs
Argentina y China, en prudente diplomacia por el swap, inversiones y negocios
La relación de la Argentina con China atraviesa un momento complicado, pero ninguno de los dos países quiere dinamitar todos los puentes. Foto: Cancillería vía X

“Todo se va a arreglar”. “La sangre no llegará al río, y el río permanecerá limpio y fluyendo”. “Sólo hay que negociar”. Con estas tres frases, un alto representante del gobierno de Javier Milei le explicó a MDZ cuál es la situación del tema más peligroso que Argentina mantiene en su relación con China, durante los tiempos de gestión libertaria y declaraciones contrarias al régimen de Beijing.

Qué hacer con la deuda de unos U$S 9.000 millones que el país mantiene con ese país por la ejecución del “swap” que el país oriental le otorgó a la Argentina durante el gobierno de Alberto Fernández; y que quedó flotando como deuda externa no estructurada ni establecida con plazos e intereses claros. Y que, en consecuencia, China podría reclamar en cualquier momento. 

Según la visión del Ejecutivo local, y luego de varias embestidas cruzadas de comienzo de la gestión argentina actual, el gobierno de Milei y el de Xi Jinping mantienen un prudente y semi secreto diálogo por las vías más útiles que encontraron los dos gobiernos: la de los negocios.

El presidente Javier Milei cruzó varias veces al régimen de Beijing, pero buscan que la sangre no llegue al río.

Actualmente los dos estados reestablecieron relaciones sólidas por canales diplomáticos, donde queda establecido que sólo se tratarán cuestiones de dinero, tanto en lo financiero como en lo comercial. Y que no tiene sentido ensuciar esta vía de comunicación con trabas políticas.

Sin onda

Se sabe, y se reconoce, que no hay “onda” entre los gobiernos de Milei y Xi Jinping. Pero se establece mutuamente también que la relación comercial y económica es lo suficientemente sólida de un lado hacia otro, como para no generar más ruido entre las partes que entorpezcan el intercambio bilateral de bienes, servicios y yuanes.

Desde Buenos Aires se menciona que es el mejor camino para transitar durante estos cuatro años. Y se cree que la siempre vigilante y enigmática Beijing optará por el mismo criterio, dado que son demasiadas las relaciones establecidas entre los dos países como para romperlas del todo.

En definitiva, entienden en la Casa Rosada, la Cancillería y el Ministerio de Economía, China es un Estado milenario, sabio, prudente, con políticas de Estado históricas y que, en todo caso, sabrá mantener el statu quo actual, a la espera de mejores tiempos con otros gobernantes en la Casa Rosada.

En consecuencia, no es el tiempo de romper todo. Y por romper todo se hace referencia a la devolución rápida e inmediata de los dólares girados durante la gestión anterior en el marco del esquema de “swap”. A fines de la gestión de Alberto Fernández le sirvió al gobierno anterior para sostener viva la débil llamada de divisas para financiar importaciones y no paralizar definitivamente la industria argentina.

Un exultante Alberto Fernández, junto a Xi Jinping durante su viaje a la República Popular China.

Por otro lado, saben desde Beijing una realidad, cuyo conocimiento se comparte, curiosamente, con Washington, Londres, Nueva York y todas las sedes financieras del globo: Argentina no tiene los dólares para pagarle a nadie. Ni enemigos ni amigos. Donde quiera que se ubique Beijing dentro de estas dos opciones, el país no podrá pagarle la deuda. que, por otro lado, no está escrita en cuanto a sus condiciones. Por lo que se especula en Buenos Aires, será una cuestión a considerar en el segundo semestre, cuando el gobierno de Javier Milei tenga más claro cuál es el panorama monetario y cambiario de su primer año de gestión. 

Los ejes del swap

Como casi todos los acuerdos monetarios a los que llega el país, la habilitación de este instrumento también fue siempre polémica. Un “swap” es un mecanismo por el cual Argentina y China se comprometen a habilitar eventualmente el cambio de divisas, sin la intervención de terceras monedas, en este caso, el dólar.

El aporte de capital lo hace el Banco Central de China, bajo la certeza de que los yuanes originales serán eventualmente utilizados. Mientras tanto, hasta que se ejecute el cambio, quedan como libre disponibilidad del depositante: el BCRA. La idea china fue otorgar este dinero en cuotas, como garantía para el intercambio financiero entre los dos países para la construcción de las grandes obras en el país comprometidas con el país asiático, fundamentalmente la represa Cóndor Cliff-La Barrancosa (ex Cepernic-Kirchner); un proyecto que en algún momento el gobierno de Mauricio Macri prometió clausurar pero que, precisamente por la vigencia del “swap” decidió mantener vigente.

Finalmente, Javier Milei dio la orden, casi en persona, de suspender el proyecto más importante de infraestructura vigente, dentro del marco de paralización de toda la obra pública en todo el país. Decisión de la que sólo se salvó la reversión del gasoducto del Norte.  

Antecedentes

El primer “swap” fue firmado en 2009 durante la presidencia de Martín Redrado en el BCRA, para reforzar los resguardos ante eventuales crisis internacionales y cuando las reservas alcanzaban el récord del 15% del PBI. En total ese acuerdo se cerró por unos US$ 10.200 millones a tres años, con la opción de extender el plazo. Redrado lo negoció con su par chino, Zhou Xiaochuan, para acordar un intercambio de monedas que ambos países pudieran pedir uno del otro y que luego deberían ser repagados.

El gobernador Axel Kicillof, activó el segundo tramo del swap cuando estuvo al frente del Palacio de Hacienda.

Los permisos de operatoria para el BCRA eran amplios. Se podían convertir los yuanes en dólares en los mercados internacionales, o directamente utilizarlos para el intercambio bilateral. En su defecto, también podrían mantenerlos como parte de las reservas nominadas en la moneda norteamericana. Sin embargo, con el tiempo, el instrumento comenzó a desdibujarse.

El segundo movimiento con China se activó en el tercer trimestre de 2014, durante la gestión de Axel Kicillof en Economía y de Juan Carlos Fábrega en el BCRA, por unos US$ 3.800 millones, transferidos en el último trimestre de ese año. La novedad de esa operación fue que se justificó bajo el comienzo de las obras para el levantamiento de la represa santacruceña Cepernic-Kirchner, que la constructora china Gezouba había ganado en licitación en sociedad con la local cordobesa Electroingeniería. El acuerdo total fue por unos US$ 11.000 millones, en liquidaciones sucesivas dependientes del avance de las obras.

Durante el primer semestre de 2015 se concretó un nuevo desembolso por unos US$ 3.700 millones, completando hasta ese momento un total de US$ 6.500 millones. El dinero proveniente de China había llegado en un momento justo para apoyar los últimos tramos del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuando la falta de dólares y el ostracismo en los mercados internacionales ya era preocupante.

Las reservas rondaban los US$ 30.000 millones, y las posibilidades de la Argentina de recurrir a los mercados financieros internacionales a tasas razonables eran nulas. El acuerdo de renovación del “swap” con China, llegó en un momento ideal para poder sostener las reservas y hacer frente a eventuales corridas antes del final del gobierno kirchnerista. Para finales de 2014, unos US$ 3.000 millones del acuerdo ya se habían utilizado. De hecho, unos US$ 2.000 millones provenientes de este financiamiento, se utilizaron para cancelar el pago final del Boden 2015.

Vino entonces el cambio de gobierno, y la decisión de Mauricio Macri de revisar el contrato de Gezhouba para construir la represa aún llamada Cepernic- Kirchner. La primera y pública decisión del actual Gobierno fue la de congelar la obra, bajo sospechas de corrupción y de impacto ambiental negativo. Sin embargo, hacia julio de 2016, desde Beijing le recordaron a Buenos Aires que parte del dinero para la obra ya había sido gastado (y no precisamente para avanzar con la represa), con lo que de levantarse el proyecto, el dinero debía ser devuelto.

Fue así que se “renegociaron” las condiciones del “swap”; la obra volvió a la vida con otro nombre (en adelante se llamaría Cóndor Cliff-La Barrancosa), y el “swap” se reactivaría. Se renovó el mecanismo por unos US$ 11.000 millones con una vigencia de tres años más, con lo que las reservan en yuanes llegaron a unos US$ 8.000 millones. 

La historia continuó con la activación de “swap” financiero (dinero en efectivo) en el segundo trimestre del 2023, en momentos en que en el gobierno de Alberto Fernández comenzaban a escasear peligrosamente los dólares, con una campaña política que se avecinaba peligrosamente negativa para el entonces oficialismo. China comenzó a habilitar tramos de a 3.000 millones de dólares del “swap” que fueron utilizados durante la gestión como depósitos de “libre disponibilidad”, pero concentrados en el financiamiento de importaciones de origen chino y la ejecución de la represa Cepernic-Kichner.

En total se ejecutaron unos U$S 9.000 millones (nadie sabe el monto exacto ni las condiciones), los que ahora podrían entrar en conflicto de pago con Beijing. O no.

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