Reducir la inflación con acuerdos políticos, la lección que Javier Milei puede traer de Israel
Javier Milei comenzará en horas a formalizar el acuerdo estratégico más importante de su gobierno entre Argentina y otro estado independiente y soberano. Incluso, por su volumen político, quizá superior a los Estados Unidos, si se midieran las relaciones por lo que había y lo que se formalizará.
Entre ambos países existe hoy un mínimo de comunicación económica, con un comercio bilateral que para 2023 no es significativo para ninguno de los dos estados. Incluso, si se compara el ejercicio anterior y el 2022, el intercambio comercial va para atrás.
Un análisis de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) muestra que en 2023 el intercambio comercial entre Argentina e Israel fue de 525 millones de dólares, un 11,8% menor a 2022. Según el informe, el comercio bilateral volvió a caer, luego de tres años de crecimiento continuo, manteniendo el comercio entre ambas partes un valor superior a los 500 millones de dólares, valor solo alcanzado entre 2021 y 2023.
Esta caída del comercio bilateral es explicada en gran parte por la caída de las exportaciones argentinas (en cantidad) debido a la fuerte sequía que afectó al país y a la baja de precios internacionales. Para la CAC, el año pasado las exportaciones de Argentina hacia Israel fueron de 341 millones de dólares, marcando una baja del 15% con respecto al año anterior.
Entre los principales productos exportados se encontraron carne bovina, deshuesada, congelada (37,2%), carne bovina, deshuesada, fresca o refrigerada (29,3% del total) y maíz en grano (5,9%).
En el caso de las importaciones, la entidad menciona que las importaciones argentinas desde Israel alcanzaron los 184 millones de dólares, implicando una baja del 5,1% con respecto a 2022. Los principales productos importados fueron herbicidas, acondicionados para la venta por menor con el 10,4%, polietileno densidad mayor a 0,94, sin carga, en formas primarias con el 10,2% y aparatos interruptores, seccionadores y conmutadores con el 6%.
Lecciones por aprender
Hay mucho por crecer y por avanzar en el intercambio comercial, pero evidentemente no será por este lado donde la alianza estratégica que se abre entre Argentina e Israel en estas horas a partir del viaje oficial de Javier Milei pueda concretarse.
En realidad, la gran enseñanza israelí a la Argentina podría pasar por otro terreno. Y por las lecciones que la sociedad de ese país puede brindarle a la clase política criolla (incluyendo a los libertarios) sobre cómo solucionar el principal problema crónico económico que bombardea insistentemente a la sociedad argentina desde 2007 a hoy e in crescendo. Y que la clase dirigente de ese país pudo solucionar.
Israel pudo reducir su inflación de un 450% en 1985 y 400% en 2011 (los dos fogonazos inflacionarios pasados en ese Estado) a 3% anual el ejercicio pasado, sin renunciar a un crecimiento promedio de 3% interanual en más de una década. De hecho, en diciembre de 2023 el alza de los precios llegó al 0,1%.
Revolución del Cottage
Así se llamó en Israel a la revuelta popular de agosto de 2011, que cambió radicalmente, y para mejor, la economía del país. Luego de la crisis financiera de 2008 de la primavera árabe a partir de 2010, y cuando se pensaba en Israel que el malestar general estaba controlado, el 5% de la población salió a la calle (unas 500.000 personas) -y no por el eterno conflicto en los más de 70 años de historia del Estado con los vecinos árabes-, sino por un disparador inusitado.
Los israelíes salieron masivamente de sus hogares a protestar por una serie de notas periodísticas donde se mostraba que el queso cottage (el preferido de las mesas familiares locales), costaba en el país 35% más que en Europa. Y que la explicación era que el proveedor israelí era una empresa láctea monopólica llamada Duva, propiedad de una de las familias empresarias fundadoras y que tenía al mercado interno cooptado (dominaba el 90%), con la prohibición explícita de importar, subsidios del Estado y créditos blandos. Y, además, se descubrió, evadía impuestos.
La indignación se generalizó y provocó que comenzarán a discutirse todos los precios de la economía local, incluyendo los servicios públicos, los celulares, los alimentos y bebidas, los combustibles y el transporte. Si bien el IPC israelí no se disparó a los niveles hiperinflacionarios de comienzos de los 80, la sociedad estaba convencida que no quería volver a experimentar aquella zozobra y le exigió a la clase dirigente de su país medidas urgentes.
El Gobierno advirtió que en todos los casos fue que el costo local de proteger a unas 20 familias que dominaban todos los sectores era de pagar sobreprecios de entre 20% y 35% promedio a los mercados europeos. Y, lo peor, la respuesta de las autoridades nacionales (el jefe de Estado era Benjamín Netanyahu, el actual primer ministro), era de justificar los precios y pedirle a la población que colabore y no proteste.
La respuesta fue que la elegantísima avenida boulevard Rothschild se copó de gente y que la clase media hizo su primera protesta masiva en la historia del país. A partir de allí el clima cambió y la situación derivó en lo que la economía israelí muestra en la actualidad.
Números sobre la mesa
De una inflación del 350% en los '80, bajó a menos del 2%, o como los últimos años, llegó a la deflación. En 2020, año de pandemia, los precios cayeron 0,7%; fenómeno explicado por la caída del consumo por la cuarentena obligatoria. La inflación se controló así con un acuerdo político que se mantiene hasta hoy, y que demandó cuatro meses de negociaciones en el parlamento y el Ejecutivo israelí.
El crecimiento se mantiene desde aquellos días hasta en el promedio de 3% anual y hay déficit fiscal y comercial que deriva en la "enfermedad holandesa". Esto es, un ingreso de divisas que termina siendo perjudicial para la economía. El nivel de ingresos llega ya al de un país europeo y el nivel de vida se lo compara con Bélgica y Países Bajos. Por caso, ya superó a España. El Estado israelí toma deuda al 2% anual, y cualquier empresa con los papeles en orden puede conseguir crédito a 10 años a menos del 3%. Un crédito hipotecario para una familia tipo con niveles de ingresos medios cuesta 5% total, incluyendo comisiones y los intereses pueden descargarse de ganancias.
Luego de la crisis de 2011 los precios generales en la economía bajaron un 5%, con casos testigo como los taxis (20%), celulares (80% en cuatro años), transporte en general (10%) y esparcimiento (20%). Esto sin bajar la presión impositiva que, los israelíes, consideran muy alta. Esta se basa en el tributo a las ganancias y llega al 35% promedio con un tope de 45% para los salarios altos.
El IVA se ubica por ley en 12% y no existen tributos criollos como el impuesto al cheque, ganancia mínima presunta o ingresos brutos o a los activos. De hecho, cuesta explicarlos a tributaristas locales sin que pongan cara de horror.
Educación y defensa
Al analizar la distribución del presupuesto local, curiosamente, el principal ítem no es defensa (que ocupa el segundo lugar y es clave en la seguridad del país), sino educación. Ese es el sector donde el Estado destina más recursos. Y, a diferencia de la Argentina, el principal capítulo de educación explicado en el presupuesto es "inversión en infraestructura". La explicación es simple: modernización permanente de los colegios e inversión en tecnología de última generación. Luego, en segundo lugar, según el dinero del presupuesto, aparecen los sueldos de los docentes y no docentes.
Israel tiene crónico superávit comercial. Dato curioso en un Estado que debe importar casi la totalidad de sus alimentos y la energía ya que, como ellos mismos lo definen, es el único desierto en Medio Oriente sin petróleo. Con euforia se anunció el año pasado que Israel encontró gas y que demandará unos tres años poder extraerlo. Hasta tanto, también habrá que importarlo.
Muchos de los empresarios plantean como otro activo la velocidad de acción del sistema judicial. Se habla de un promedio de seis meses para resolver cualquier discrepancia entre privados o privados y el Estado que deba resolverse en la Justicia. Esto incluye casos de evasión impositiva y corrupción, hasta disputas por "dumping" o cualquier discusión por desinteligencias entre privados.
Las reservas del Banco Central de Israel, donde Mario Blejer fue alguna vez director, superan hoy los u$s150.000 millones, lo que derivó en un problema de nuevo encarecimiento de la moneda local y de sobreapreciamiento de la economía. De hecho, Tel Aviv es hoy la séptima ciudad más cara del mundo.
Es además una de las sedes mundiales de las monedas virtuales, con el lanzamiento exitoso por ahora de una bitcoin con reservas en diamantes, para evitar la especulación financiera. Además, aseguran, cada inversor es controlado para evitar que el dinero que llega a la criptomoneda provenga del lavado de dinero u otros delitos comerciales.
Tel Aviv y su "city", son una de las pocas plazas financieras donde las casas de cambio tradicionales permiten las operaciones con este tipo de monedas virtuales. Israel está calificada como una economía 100% en blanco. Pero no siempre fue así.
Se estimaba a mediados de la década del 80, que la evasión superaba el 40%, un nivel aún mayor al que detentaba Argentina en esos años. Hoy, se menciona, está realmente mal visto el empresario de cualquier tamaño que maneja parte de su economía en negro y el usuario, consumidor o incluso empleado que lo permite.
Al que es acusado por estos delitos, es señalado por la sociedad, directamente, como un antipatriota que priva a la nación de recursos para la defensa y la educación. La sociedad es la propia policía de los precios, sin necesidad de intervenciones directas de los gobiernos.