La transformación de los viñedos en Mendoza que explica la estrategia de la industria vitivinícola
Desde los años 90', la vitivinicultura argentina viene impulsando un proceso de transformación hacia la calidad enológica, conforme a los requerimientos de los mercados internacionales. Sin embargo, en los últimos años esa tendencia resiste aún a pesar de que el total de las hectáreas sembradas están perdiéndose, entre la venta de tierras por falta de rentabilidad y el crecimiento de los emprendimientos inmobiliarios.
En 1999 se sancionó la Ley 25.163 -se reglamentó recién en 2004-, mediante la cual establecieron las normas para la Designación y Presentación de Vinos y Bebidas Espirituosas de Origen Vínico en Argentina. A partir de ella se fijaron los criterios para el uso de las IG o Denominaciones de Origen (DOC), las cuales solo pueden explotarse con uvas de variedades aptas para vinos de calidad.
Mediante esa ley y las resoluciones que le sucedieron -en diciembre de este año se publicó la última- se estableció el listado excluyente de uvas aptas para la elaboración de vinos de calidad. Hasta el momento son solo 50 (27 tintas, 20 blancas y 3 rosadas), las únicas con las cuales se pueden hacer vinos varietales. El resto se utiliza para vinos genéricos o en su defecto -si no están validadas para la producción de vino- mostos y jugos.
En un informe que publicó recientemente el Instituto Nacional de Vitivinicultura se reveló que estas variedades de uvas ya implican el 74% de las plantas de vid sembradas en Argentina. Un número alto si se considera que en el 90 representaban solo el 36%, en los 2000' el 57%, en el 2010 el 61% y en 2020 el 66%.
Este dato es la propia muestra del crecimiento de la estrategia de la industria, que implica rentabilizar y dar valor agregado, adaptándose a la demanda de un mercado cada vez más ávido de vinos de calidad. Un fenómeno que mundialmente se conoce como premiumización..
También se atribuye al incremento de los mercados de exportación. El presidente del INV, Carlos Tizio, habló con MDZ al respecto. "Se debe a la demanda de calidad en el mercado externo, como por ejemplo en Estados Unidos con el varietal Malbec". Para explicarlo, el funcionario agregó que para 1990 había menos de 10 mil hectáreas de este varietal, en relación a las más de 45 mil que hubo en 2023.
"Hubo una caída en las variedades de Baja Calidad Enológica como las rosadas Criolla Grande, Cereza y Valencia; y las blancas como Pedro Giménez. Variedades de menor demanda, que son utilizadas para vinos básicos en el mercado interno, que no tienen demanda a nivel internacional salvo en su uso para mosto concentrado", agregó Tizio.
El caso de Mendoza
El informe hace una comparativa entre la evolución de las hectáreas de uvas de calidad en contraste con la caída de la totalidad de las plantas de vid, que actualmente es de 201.095 hectáreas en todo el país. Un número casi idéntico a la que existía en 2000 pero un 7,6% menor respecto al 2010.
Es decir, hay merma en viñedos en el país pero cada vez más uvas estás aptas para vinos de calidad. Sin embargo, la comparación es del 20% con respecto al 2000 pero un 1% menor con respecto al 2010. Es decir, en el balance nacional la sangría de viñedos se "comió" también a las de calidad. En Mendoza eso no sucedió.
En la provincia la superficie total es de 143.531 hectáreas, de las cuales 141.414 son de uvas aptas para producir vino o mosto. De este segundo número, el 75,8% está sembrado con variedades de calidad.
La cantidad de hectáreas con uvas de calidad han aumentado un 30,3% respecto al año 2000 y un 1,8% respecto al año 2010. Es decir, como nunca en la historia hay viñedos de calidad en Mendoza. La participación de estas variedades en el año 2000 era de 59,1% y en el 2010 de 69,5%.
Otro dato a tener en cuenta es que en Mendoza predominan ampliamente las tintas dentro de estas uvas, con el 81,6%. Las blancas solo representan el 18,1% y las rosadas el 0,3% restante. Esto se debe a una drástica merma de las uvas blancas que respecto al 2010 hay un 25% menos. Las tintas aumentaron 10,8% y las rosadas 12,2%.
El fenómeno de las blancas es nacional. De hecho el principal impacto histórico es la merma historia de las rosadas, que en 1990 representaban el 64%, en los 2000' el 26%, en los 2010' el 29%, en el 2020 el 26% y el año pasado el 25%. Esto se explica por el predominio que tenían las uvas criollas en la vitivinicultura del siglo pasado y cómo el crecimiento de los proyectos vitivinícolas con uvas importadas fueron dejándolas al margen.
Aún así, Mendoza, en su calidad de principal elaboradora de vino fino, está lejos de ser la que mejor proporción de uvas de calidad tiene. De hecho, detrás de Santa Fe, San Juan y Catamarca es la cuarta que peor proporción tiene. Esto se debe a la amplitud de negocios relacionados con las uvas (mosto y jugo) que tiene y su tradición de criollas. En cambio, provincias como Santiago del Estero, Chubut, San Luis y Salta directamente vieron nacer a su propia industria vitivinícola con el objetivo de producir estos vinos finos.
En Mendoza, los tres departamentos del Valle de Uco (Tupungato, Tunuyán y San Carlos) son los que tienen la mayor participación de variedades finas, superando el 99%. Los departamentos del este son los que tienen menor participación.
Por último, el informe detalla que la uva que más creció en la provincia es el Malbec con 13 mil hectáreas más que en 2010. La que más disminuye es el Cabernet Sauvignon, con 2.6 mil hectáreas menos.


