Sin sorpresas: cuál es el boletín de calificaciones de Sergio Massa
El ministro de Economía Sergio Massa cumple un año al frente del Palacio de Hacienda, con un balance mixto. En primer lugar, hay que recordar cuál fue el punto de partida, en medio de una gran turbulencia cambiaria que había llevado dólar blue de $260 el 4 de julio en el inicio de la gestión de Silvina Batakis tras la salida de Martín Guzmán, a cerrar en $338 el 22 de julio luego de coquetear durante gran parte de la jornada con los $350. Un salto de 30% en apenas 20 días.
En ese contexto, Massa se propuso estabilizar las principales variables económicas y lograr una relativa tranquilidad del tipo de cambio. Rápidamente, inició viajes a Estados Unidos, donde buscó dar señales de confianza en el Fondo Monetario Internacional, la Reserva del Tesoro y se reunió con inversores. También viajó a París para encaminar la deuda con el Club de París.
Fue el puntapié inicial de una gestión que puso en foco intentar un ordenamiento de la economía, pero fundamentalmente aferrándose al programa de Facilidades Extendidas que había negociado Guzmán en marzo de 2022 con el Fondo Monetario Internacional.
Y ese cumplimiento de las metas acordadas en materia de reducción del déficit fiscal, emisión monetaria y acumulación de reservas convirtieron a Massa en un "garante" de la estabilidad, incluso reconocido por los diversos actores económicos.
Pero desde hace tiempo la economía argentina está sentada en el primer carrito de una montaña rusa, y tiene muchas dificultades para la salir del día a día. Para colmo en el último trimestre del año pasado, se manifestaron con fuerza las consecuencias negativas de la sequía, que según estimaciones privadas generó pérdida de casi US$20.000 millones sólo en exportaciones, más el impacto en la actividad y la caída de la recaudación.
Como suele pasar en la Argentina el fiel de la balanza es el sector externo o traducido a lenguaje llano, la falta de dólares en el Banco Central. Cuando Massa asumió al frente del Ministerio de Economía el Banco Central tenía US$37.819 millones de reservas brutas, pero también importantes compromisos por delante.
El conejo de Sergio
El ministro sacó un conejo de la galera, y dispuso una virtual devaluación específica para la cadena valor de la soja, pagando $200 por dólar a los exportadores de soja (poroto) y derivados, cuando el dólar oficial estaba en torno a los $147. El llamado dólar soja I fue éxito rotundo para las alcaídas reservas del Central, capturando US$ 8.123 millones de los exportadores, cuando la previsión inicial era de US$ 5.000 millones.
La zanahoria del tipo de cambio diferencial tuvo dos versiones más de dólar soja, un dólar agro para economías regionales, más una segunda versión de este dólar agro, y el actual dólar maíz, que espera liquidaciones por US$ 2000 millones hasta el 31 de agosto, aunque a siete ruedas de iniciarse ya alcanzó los US$ 1356 millones.
Todo eso, sin embargo, no fue suficiente para lograr recomponer las reservas del Banco Central, que con algo más de US$ 24.000 millones de reservas brutas y más de US$ 7500 millones de reservas netas negativas, es hoy la principal preocupación de los agentes económicos.
El boletín de calificaciones de Massa tiene otros importantes rubros en los que tiene que recuperar. Claramente, la inflación es el punto más crítico. Cuando Massa asumió la inflación corría a un ritmo del 7% mensual, mientras que la inflación anualizada estaba en 78,5%. El último dato del Indec (junio) marcó un índice de precios al consumidor de 6% y de 115,6% en los últimos doce meses.
La montaña rusa
A nivel de tipo de cambio, la variación es bien notoria. Mientras el 3 de agosto de 2022 el dólar oficial cotizaba a 139,31 y el blue estaba en $298, mientras que este miércoles se ubica en $570, nada menos que un salto de 91,3%.

Estas variaciones, claramente tienen impacto en el nivel de actividad, que pasaron de un crecimiento de 0,4% en agosto de 2022 a una caída de -0,1% en mayo de 2023 (último dato oficial), siempre en términos desestacionalizados. Pero más grave aún es cuando se observa el desempeño anual. Mientras hace un año la actividad económica corría a un ritmo de6,4% de crecimiento, en mayo último el dato mostraba un derrumbe de -5,5%.
En parte eso se debió a la sequía, pero no exclusivamente. También inciden los problemas para importar insumos y bienes intermedios, las dificultades para acceder al tipo de cambio oficial, y la baja en el consumo por la inflación.
En cuanto al empleo, el ministro y ahora precandidato presidencial tiene para mostrar buenos indicadores. El desempleo en el tercer trimestre de 2022 fue del 7,1%, mientras que en primero de este año (último dato oficial) quedó en 6,9%.
A nivel de comercio exterior y generación genuina de dólares el escenario es preocupante. Entre agosto del año pasado y junio de este año el déficit de la balanza comercial pasó de 300 millones de dólares a 1727 millones, en especial por el derrumbe interanual de las exportaciones (-35,4%) en junio pasado, versus una caída interanual de 6,9% en agosto de 2022, frente al mismo mes del año anterior.


