Presenta:

Cómo se está cocinando el inminente acuerdo entre el FMI y la Argentina

El propio ministro de Economía admitió que en algunas horas se alcanzará un nuevo entendimiento con el organismo financiero multilateral. Cuál es el perfil del nuevo acuerdo y por qué es clave para el país, en medio de una campaña electoral que empieza a mostrar el juego de cada candidato.
El ministro de Economía Sergio Massa espera viajar en los próximos días a cerrar un nuevo acuerdo con el FMI y estrechar la mano de la titular del FMI, Kristalina Georgieva. Foto: FMI / Miniisterio de Economía
El ministro de Economía Sergio Massa espera viajar en los próximos días a cerrar un nuevo acuerdo con el FMI y estrechar la mano de la titular del FMI, Kristalina Georgieva. Foto: FMI / Miniisterio de Economía

Argentina y el Fondo Monetario Internacional(FMI) están a punto de cerrar un nuevo acuerdo, para extender la vigencia del actual programa de Facilidades Extendidas, al menos hasta diciembre del 2023.

El país, a través del gobierno de Alberto Fernández, bajo negociación de Sergio Massa, se comprometerá además a sentarse a negociar luego del cambio de presidente, discutir un nuevo acuerdo de largo plazo y con nuevas metas y objetivos. Es una discusión que, además, debería extenderse no más allá del primer trimestre del 2024.

Ese acuerdo sería el que reemplace al actual programa de Facilidades Extendidas, y la intención del organismo que maneja Kristalina Georgieva es que una de las primeras gestiones del próximo Ejecutivo sea cerrar un acuerdo de largo plazo. Pero, mientras tanto, no dejar que el principal deudor del FMI caiga en default y lleve también al propio organismo a una crisis interna también difícil de manejar.

Kristalina Georgieva, directora Gerente del FMI, será clave en la negociación final.

La intención de las partes negociadoras es que el acuerdo pueda pasar por el Congreso Nacional y se convierta en ley, descartándose que, al menos parte del oficialismo y la oposición, apoyarían con los votos, lo que se podría consolidar de dos maneras.

O bien una ley directa que desde Economía se envíe a Diputados y luego al Senado durante julio, o incluyendo los términos del acuerdo en el próximo proyecto de ley de Presupuesto que el Ejecutivo enviará en septiembre al Poder Legislativo. 

La confirmación que Sergio Massa es el candidato del oficialismo para las próximas elecciones, que hasta septiembre será la persona que maneje el destino del Palacio de Hacienda y que lo que se discuta y arregle con el ministro de Economía tendrá solidez política dentro del oficialismo, obviamente, cambió el panorama de las discusiones entre Buenos Aires y Washington.

Y que -al menos según se vive la situación en Hacienda- haya más espacio para discutir racionalmente la aceptación por parte del staff técnico del organismo multilateral, que la apuesta estratégica cambiaria de Economía puede ahora desplegarse en el tiempo y ser efectiva.

Esto es, la aplicación del mecanismo de crawling peg con devaluaciones graduales con unos puntos por arriba de la inflación acumulada mensualmente, en lugar de una caída en el valor del peso de manera rápida y violenta. Lo segundo, siempre fue negado por Massa tanto como ministro, y ahora de manera más enérgica como candidato a presidente.

Sergio Massa necesita cerrar con el Fondo para evitar el default, pese a la oposición que expresa en público y en privado la vicepresidenta Cristina Fernández de kirchner.

Ningún político que se precie de tener competitividad puede avanzar en una carrera electoral, siendo el eje de aplicación de una devaluación que haga perder poder adquisitivo a sus votantes. Por el contrario, su apuesta personal ante el votante es que la eficacia y defensa de los ingresos del votante medio, el sector electoral social que definirá esta y todas las elecciones presidenciales. 

Lo que se evitó ahora es un rompimiento en las relaciones bilaterales entre Economía y el FMI. Los técnicos del organismo y los funcionarios de Hacienda saben que ahora están casi obligados al entendimiento y el acuerdo, y que en definitiva todo ahora es cuestión de tiempo y voluntad negociadora.

Y que ya no hay relojes políticos argentinos que aceleren discusiones, ante la certeza que las personas que forman parte del equipo local permanecerán en sus cargos hacia delante. Dicho de otra manera, se sabe que lo que se discuta y acuerde en las discusiones abiertas desde hace nueve semanas, será lo que se respete.

Al menos hasta que haya un cambio de gobierno en Argentina, algo que, dada la lista de candidatos ya confirmada, funcionaría para ratificación de políticas de entendimiento con el FMI y no para el conflicto y la continuidad de las Facilidades Extendidas. Se entiende ahora que, gane quien gane en las próximas elecciones presidenciales, habrá un gobierno acuerdo friendly con el organismo. Y que, en todo caso, lo que se discuta en estas dos semanas será una transición a momentos y acuerdos mejores en cuanto a calidad institucional y plazos de ejecución. 

Mientras tanto, corre el tiempo renovado por 15 días para que el país pague los US$2.800 millones que vencían el jueves de la semana pasada, correspondientes al segundo pago del año del programa de Facilidades Extendidas vigente.

Las escasas reservas internacionales del Banco Central están al tope de la agenda del Gobierno. 

Se negoció con el FMI que hasta fin de mes (eventualmente la primera semana de julio) haya tiempo para cerrar el vencimiento con liquidaciones tradicionales del organismo o un adelanto del pago por parte de la Argentina bajo la utilización de los DEGs (Derechos Especiales de Giro) del propio organismo, depositados en las cuentas del Banco Central.

Era el esquema original pensado para la semana pasada y que hubiera implicado una situación de default selectivo. Lo que se negociará en estas horas y en los próximos 10 días tendrá que ver con esta situación financiera. Para la definición de un acuerdo de mayor plazo, ahora se sabe que hay algo más de tiempo.

Pero, como le dejaron en claro en Washington a los viajantes del Ministerio de Economía a la capital norteamericana de esta semana, habrá que mostrar a la verdadera conducción política del FMI cierta voluntad de avance y comprensión mutua para que las negociaciones tengan éxito.

En horas se preparan las valijas del viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, y del responsable de Economía para la relación con los organismos financieros internacionales, Marco Lavagna, para comenzar a cerrar todas estas incógnitas. Y, si hay éxito, lo que se espera es que un próximo avión sea abordado por Sergio Massa, en lo que sería tanto una negociación por su cargo de titular del Palacio de Hacienda y un acto político donde el candidato del oficialismo muestre su versión de gestor y solucionador de problemas. Seguramente los ejes en los que basará su propuesta política para los votantes medios.