Sergio Massa en modo campaña electoral, ¡ni Domingo Cavallo se atrevió a tanto!
Terminó la psicosis del sainete de las candidaturas y alianzas para las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). ¿Y ahora? Sólo queda sobrevivir a poco más de un mes y medio de intensa campaña preelectoral y puja mediática. Mientras, el mundo sigue andando. Los problemas siguen ahí. ¿Cómo hará el mago, ahora en su doble rol, para llegar a las PASO sin que la brecha cambiaria estalle? Todo un desafío. Ni Cavallo se atrevió a tanto. Veremos qué depara el destino.
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Mientras tanto, a más tardar el próximo viernes 30, el Gobierno debería pagarle al Fondo Monetario Internacional (FMI) 2.700 millones de dólares. Los tiempos, normales, ya no dan para que el Directorio del organismo financiero internacional apruebe antes de esa fecha un nuevo desembolso. Sí, podría ser que en la última semana del mes el equipo económico de Sergio Massa y Gabriel Rubinstein lleguen a un acuerdo con el staff del FMI, lo que se conoce como un “staff-level agreement” (acuerdo a nivel de personal técnico), que es el paso previo.
Al respecto, cabe señalar que durante la administración de Alberto Fernández nunca se dio que pasaran menos de dos semanas entre la fecha del acuerdo con el staff y la aprobación del Directorio.
El FMI no quiere aparecer como el “villano” de la novela de la campaña del oficialismo. Por su parte, el Gobierno, y sobre todo el Palacio de Hacienda, saben que la economía, tal cual como está, no soportaría nuevas inyecciones de estrés. Por ende, ambas partes tienen incentivos para llegar a un acuerdo. Sin embargo, no pareciera que será muy fácil darle forma a este nuevo acuerdo que, necesariamente, incluiría concesiones de ambos bandos.
Pulseada sin fin
Pero ocurre que el Gobierno ha pasado de incumplir el espíritu de las metas del FMI en 2022 a directamente incumplir las metas del segundo trimestre de este año, y cuando solo restan 49 días para las PASO, no cabe duda que al equipo económico, ahora liderado por el candidato a la presidencia por el oficialismo, le será difícil doblarle el brazo para que devalúe.
Es más, si hoy en día el país sigue bajo la calificación de “performing” con el FMI, es decir, que la deuda está bajo condiciones normales de pago, es para justamente evitar un ajuste tradicional del tipo de cambio oficial.
En ese caso, en el mercado le ven más probabilidades a que Economía vaya por el lado de aplicar “devaluaciones” sui géneris, vía aplicar impuestos a dedo a algunos bienes y servicios importados, aunque vaya en contra de los manuales del organismo.
Por eso, el mercado sigue muy atento, a pesar de la parafernalia preelectoral, a las negociaciones con el FMI. Ya operaron vencimientos por 2.700 millones de dólares y la Argentina hoy no dispone de los dólares para hacer frente a ese pago. Podría claro, como muestra de buena voluntad, realizar un pago parcial utilizando de unos 1.900 millones de dólares utilizando DEGs (Derechos Especiales de Giro) y algo de reservas propias.
Pero el problema aquí es que los tiempos se acortan. Argentina tiene hasta fines de junio para regularizar su situación y la reunión del FMI es recién el 7 de julio. El riesgo, entrar en un círculo vicioso: si Argentina no paga lo vencido no podría acceder a nuevos desembolsos, pero estos, de ocurrir, serían después de la reunión del Directorio del organismo. También cuesta imaginar que el FMI adelante financiamiento para que haga que el BCRA intervenga a diestra y siniestra sobre los tipos de cambio financieros (CCL y MEP).
Además, no hay que soslayar que no existe período de gracia con el FMI. Si el país no paga a fin de mes, entra en default y no podrá recibir financiamiento del organismo hasta que no se haya subsanado el evento. Vale señalar que nunca en el Gobierno de Fernández usaron divisas para pagarle al FMI, sino que siempre fueron los mismos fondos desembolsados por el organismo los que se usaron para pagar vencimientos.
Encima, a comienzos de julio hay que pagarle a los acreedores privados los cupones de los bonos Globales y Bonares por casi 1.000 millones de dólares. Y las reservas netas del BCRA son negativas. En fin, será este argumento de otra saga para Netflix. Veremos.

