Examen del Gobierno ante el FMI por el "crawling peg" y la devaluación
El equipo económico se juega en estas horas una carta importante. La estrategia oficial para convencer al Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre que no es necesario una devaluación dura para poder corregir la política cambiaria, reduciendo la brecha entre el dólar oficial y el blue y los dos financieros (MEP y CCL) vía devaluaciones diarias y controladas, está en cuestionamiento serio desde Washington.
Este esquema conocido como "crawling peg" propuesto por el equipo negociador ante el organismo financiero internacional, es la propuesta desde Buenos Aires para evitar decisiones más radicalizadas.
Y desde la capital norteamericana se le dio a los argentinos la oportunidad de mostrar que el esquema puede dar resultados, con una sola medición: que la brecha se reduzca.
Si esto no ocurre, y si el país aún quiere hablar de una reestructuración del acuerdo con el FMI, se deberán discutir otras alternativas. Por todo esto, las horas que corren son definitorias. Y el equipo negociador argentino tendrá que demostrar en estas precisas jornadas, que transcurren desde el lunes pasado y hasta fin de mayo, que la estrategia es posible.
Lo complicado es que son días en los que los operadores financieros presionan por correcciones cambiarias, luego de la aparición fantasmal de la inflación de 8,4% de abril, conocida el viernes de la semana pasada.
El resto del contenido del acuerdo ya está negociado y con todos los capítulos importantes sobre la mesa. Ya se sabe que el acuerdo implica el giro desde el organismo que conduce Kristalina Georgieva por unos U$S10.600 millones, correspondientes al dinero que el FMI debía girar hasta diciembre.
A cambio, el Fondo no pedirá que el país pague los vencimientos que rigen trimestralmente hasta fin de año. Por su parte, el gobierno argentino se comprometió a subir de manera drástica los subsidios a los servicios públicos, especialmente electricidad y gas.
En el primer caso, los incrementos para las familias que aún detentan subsidios alcanzaría casi el 200%, con un 65% de promedio general. En el caso del gas, el alza llegará al 100% y el promedio al 45%. Avanzará el acuerdo para intentar aplicar el revalúo inmobiliario, se promete control del gasto electoral en lo que resta del 2023 y mejoras en la recaudación.
Si fuera por todo esto, ya habría acuerdo y Sergio Massa estaría en una nueva etapa negociadora, en este caso, con la oposición para que la nueva versión del acuerdo de Facilidades Extendidas esté siendo aprobada por el Congreso.
Sin embargo, todo se complica al hablar de la política cambiaria. El FMI está dispuesto a girar el dinero, pero con dos condiciones técnicamente innegociables:
1) Los dólares sólo sirven para reforzar las reservas del Banco Central.
2) Las divisas no pueden utilizarse para ejecutar política cambiaria o monetaria.
El mensaje del FMI es simple: los U$S10.600 millones deben quedar en el Central como si fuera una exhibición tipo vidriera, donde la finalidad es simplemente poder observar. Pero de ninguna manera podrían utilizarse para cualquier decisión de intervención en la economía argentina.
Mucho menos si esa política se ejecutara a través de un tipo de cambio como el actual, navegando cerca de los 230 pesos. Sólo con una apreciación del dólar oficial el FMI estaría dispuesto a analizar alguna alteración a la prohibición. Pero nunca en las circunstancias actuales.
Los Estados Unidos están presionando para que las negociaciones con Buenos Aires lleguen a buen puerto, a raíz de lo ya conversado (y cerrado) en las reuniones que Alberto Fernández y Sergio Massa mantuvieron con sus pares de la Casa Blanca. Y que el máximo responsable de las negociaciones técnicas, y de recibir las presiones de la administración Joe Biden, es el chileno Rodrigo Valdés, flamante director gerente para el Hemisferio Occidental, quien asumió su cargo por la puerta grande de los problemas: atender y solucionar las enésimas negociaciones por un acuerdo entre el FMI y Argentina. Con el kirchnerismo en Buenos Aires.
El economista chileno, que asumió el cargo el 1 de enero pasado, está diariamente frente a las computadoras desde donde aún vía zoom, los funcionarios argentinos y los técnicos del FMI negocian la continuidad del acuerdo de Facilidades Extendidas. El 2 de mayo Valdés se presentó ante los funcionarios del Palacio de Hacienda como la persona que hacia delante se haría responsable de la negociación final, un rol que hasta ese día mantenía la número dos del FMI, la indo-norteamericana Gita Gopinath.
La número dos del organismo ya volvió a su rol de principal referente del staff permanente del Fondo, haciendo gala de su extracción de personal burocrático de la institución. Algo que Valdés, obviamente, no es. Ahora, hacia adelante, se verá en el caso argentino la verdadera estructura de poder que nació luego de la llegada del chileno al sexto piso del edificio central del Fondo.


