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Javier Milei, el círculo rojo y la confirmación en Amcham: sin maridaje

El economista y candidato presidencial decidió no participar en el encuentro de la AmCham este martes, y hablar ante un auditorio que a priori sería afín a sus ideas. Las razones del rechazo a la invitación y por qué puede instalarse un cortocircuito entre los empresarios y el referente liberal.
El candidato presidencial Javier Milei rehusó asistir al encuentro de la AmCham en el que se reunió gran parte del empresariado nacional, un auditorio con el que mantiene algunas diferencias importantes. Foto: Noticias Argentinas
El candidato presidencial Javier Milei rehusó asistir al encuentro de la AmCham en el que se reunió gran parte del empresariado nacional, un auditorio con el que mantiene algunas diferencias importantes. Foto: Noticias Argentinas

Javier Milei fue invitado formalmente a participar del encuentro de este martes en el Alvear Icon de Puerto Madero organizado por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina (AmCham).

El titular de La Libertad Avanza tenía reservado, al igual que el resto de los precandidatos a presidente de la Nación, un espacio para que exponga su visión sobre la economía general con el centro en su propuesta de dolarización en particular.

Iba a hablar en horario central de las 11 de la mañana, con Alejandro Fantino de presentador y organizador para los momentos de las preguntas. Enfrente habría una selección amplia de referentes del círculo rojo, incluyendo los principales empresarios del país, además de la diplomacia a pleno que tiene que ver no sólo con el comercio exterior con los Estados Unidos, sino con Occidente.

Todo en un marco de defensa plenipotenciaria y a ultranza del capitalismo y la libertad de comercio y empresas, incluyendo los reclamos airados de la necesidad de un tipo de cambio racional. En síntesis, un lugar para que Milei pueda lucirse. Sin embargo, el libertario declinó la invitación, y viajó a Tucumán para profundizar el apoyo a sus candidatos para las luego fallidas elecciones en esa provincia.

La defensa cerrada de la dolarización es uno de los aspectos que diferencian a Javier Milei del empresariado nacional.

Consultados los presentes en el evento de Puerto Madero, la interpretación sobre la ausencia del que, según las encuestas de estos tiempos, sería el candidato más votado en las elecciones PASO del 13 de agosto, es que Milei y el círculo rojo no tienen hoy por hoy buen maridaje.

Y que la relación mutua, que a priori deberían ser fluidas dadas las ideas que defiende el economista, es de resquemores, desinteligencias y desconfianzas mutuas y cruzadas. En otros términos, se miran con recelo.

Visiones divergentes

Milei cree que los empresarios del círculo rojo argentino forman parte, casi en su totalidad, de la "casta". Que muchos son prebendarios, que viven del Estado, que crecen a base de subsidios, que fomentan el déficit fiscal, que reclaman protecciones permanentes y antieconómicas, que no pueden competir, que pertenecen en algunos casos a sectores que no tienen lugar en la industria y los servicios en un país libre y que, en definitiva, no apoyan su modelo y prefieren versiones más light de la libertad como Horacio Rodríguez Larreta o Sergio Massa.

Y que, en definitiva, no hay mucho por debatir con este sector de la sociedad. Menos en épocas de campaña electoral donde los votos están en otro lado. Como en La Matanza, donde sorpresivamente Milei crece en las encuestas.

Los empresarios participantes del círculo rojo presentes en el Alvear Icon invitados por la AmCham, una verdadera selección local, tienen una visión que va cerrándose sobre el libertario.

Creen que efectivamente trajo un aire fresco a la política y que ejerce un rol de faro o foco al que la clase dirigente electiva está obligada a mirar e ir virando la conducción de la nave. Y que este es el principal, y posiblemente único, aporte a la historia de la democracia argentina que puede hacer como participante de la visa política local.

Sin embargo, creen con seriedad, que el éxito y el crecimiento electoral de su postura, y la confirmación que todas las encuestas serias lo ubican en el primer lugar para las PASO debe llamar más a la alerta que a la positividad conceptual. Creen que la posibilidad ya más viable y analizable de un triunfo electoral de Milei, o incluso el hecho de convertirse en un referente inevitable para la gobernabilidad futura del presidente que surja de las elecciones de este año, mueve más a la preocupación que a la satisfacción.

Se entiende que Argentina necesita liberación máxima en su tipo de cambio y mayor flexibilidad para el comercio exterior, además de la búsqueda en shock del equilibrio fiscal. Sin gradualismos. Todo de manera rápida y urgente sin perder tiempo. El problema para los integrantes del círculo rojo son las políticas y decisiones económicas y sociales que defiende Milei para lograr esos objetivos.

Por razones obvias de autoconservación no creen en la liberalización total de la economía, y la creencia en la necesidad de perder todos los sectores industriales que haya que sacrificar en la búsqueda de esa meta.

Saben los empresarios que las ideas del libertario, llevadas al extremo, terminarían con los cierres de industrias como las automotrices, autopartistas, textiles, plásticos y todo lo que deba competir con importaciones desde el exterior. Ni hablar de las empresas vinculadas a las obras públicas, que ven los proyectos de Milei como, simplemente, su final.

Dolarización a la carta

Pero lo que más resquemores genera es la propuesta de dolarización que Milei defiende no sólo como posible, sino como la única e imprescindible para terminar con la inexistencia de la moneda doméstica. El círculo rojo la considera técnicamente utópica.

Para los empresarios Javier Milei tiene posiciones extremas, que no necesariamente apoyan.  

Y que, de aplicarse, debería hacerse a un tipo de cambio de $2.000 o su actualización a diciembre 2023, y con un endeudamiento directo de no menos de U$S30.000 millones, en un país donde el riesgo país obligaría a pagar una tasa de 30% anual.

Pero el principal temor que genera la propuesta, según el análisis empresarial, es su imposibilidad política. Se considera que este proyecto, con un Milei ya presidente, nunca pasaría por el Congreso (pensar en que el libertario tenga mayoría en el Senado es imposible), y que la promesa del candidato de llamar a un plebiscito popular luego de un rechazo parlamentario directamente provocaría una asonada popular insostenible en la Argentina de hoy. Y que, luego de ese momento, la estabilidad misma de las instituciones republicanas estaría en peligro.

En este marco, hasta que las partes no mantengan diálogos constructivos, habrá distancias y distorsiones entre Milei y el círculo rojo. Nada nuevo en realidad entre este grupo y la dirigencia argentina.

Por lo que se observó y conversó en el Alvear Icon, aún a casi tres años y medio de haber salido del Ejecutivo, tampoco Mauricio Macri pudo reparar su relación con el grupo. En este caso, y además de los reproches mutuos por la política económica del gobierno de Cambiemos, la falta de apoyo en momentos clave de crisis de gestión y la negatividad a delegar supuestos privilegios, los empresarios le reclaman al exPresidente por cuestiones judiciales. Varios de los integrantes del círculo rojo pasaron por la justicia. Y, para muchos, eso es imperdonable.