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Sebastián Pérez: “Hoy las pymes se plantean cuánto vale ser el dueño de la energía y no tener que comprársela a un tercero”

Es uno de los tres socios fundadores de una empresa de energía solar que, desde Mendoza, comenzó con calefones solares domésticos y hoy se proyecta a la región con soluciones que incluyen sistemas fotovoltaicos y diversos equipos domésticos e industriales. La oportunidad de genera la energía.

Cuando la electricidad era muy barata y la idea de la sustentabilidad no estaba tan difundida, el ingeniero Sebastián Pérez dejó de lado un doctorado y se atrevió a emprender junto con otros dos colegas. En Mendoza crearon un calefón solar doméstico con el objetivo de buscar soluciones y cumplir el “sueño de resolver problemas reales”. Hoy es gerente general y uno de los socios fundadores de Energe, una empresa de energía solar que se proyecta en la región.

Energe nació hace 16 años con ese producto que sirve para calentar el agua que se utiliza en casa y hoy está a punto de mudarse para poder ampliar su producción, optimizar procesos e incorporar productos. La compañía centra en la provincia la fabricación y cuenta con 35 puntos de venta en todo el país y 10 franquicias; una de ellas inaugurada hace poco en Uruguay. El motivo de buscar un espacio más grande tiene que ver con el objetivo de exportar a México y Panamá; algo que ya han hecho y pretenden sistematizar.

Hace poco, se convirtió en una de las pocas empresas nacionales reconocidas este año por el ranking internacional Great Place to Work. “Para nosotros fue un gran logro, ya que el buen ambiente de trabajo  es de una importancia mayúscula”, expresó Pérez. En el crecimiento proyectado para este año también está la producción del calefón solar doméstico con materiales más económicos con el fin de extender su uso. 

- ¿Con qué empezaron y qué hacen ahora?
Con la idea de dedicarnos a buscar soluciones, comenzamos con los calefones solares, que es por lo que la empresa es más conocida. Después de este producto de escala doméstica, desarrollamos el de 90 y el de 260 litros. para pasar después a sistemas impulsados que calientan el agua. Esto es para hospitales, clubes y otros grandes espacios, ya que calientan de 2.000 a 4.000 litros de agua. También sirven para calentar el agua de las calderas para industrias. Desde hace unos ocho años, comenzamos a trabajar con sistemas fotovoltaicos que utilizan la energía del sol para generar energía.

- ¿Quiénes son sus clientes, quiénes consumen energía solar?
Son múltiples los actores que demandan este tipo de soluciones. Por ejemplo, la agroindustria utiliza mucha agua caliente para el lavado de frutas y verduras, también para lavar barricas. Todo es susceptible de ser intervenido por nosotros y, en vez de calentar el agua u otros líquidos de forma habitual, es posible utilizar energía solar. Incluso poseemos sistemas que climatizan el aire de los edificios o el agua de las piscinas.
Además, está la gama de energía solar en el área industrial donde el proyecto más grande que tenemos es un parque solar en Santa Rosa de 8 megavatios de potencia en 16 hectáreas y más de 20 paneles. Por otra parte, tenemos soluciones para pymes estándar que necesitan un sistema fotovoltaico, ya que la factura de la luz se hace cada vez más difícil de pagar. Pensar en este tipo de soluciones puede reducir sensiblemente y hasta cero la energía que se demanda de la red y producir dentro de la pyme lo que se consume.

Foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ

- Hasta hace un tiempo la energía en Argentina era muy barata por los subsidios, pero hoy esto ha empezado a cambiar. En medio de una crisis energética mundial ¿cuál es la mirada que ustedes tienen?
Por los bajos costos, el uso de este equipamiento al principio tenía que ver con una decisión ambiental y hoy, por el aumento en el valor de la energía, se suma la pata económica. Si se lo compara con la energía convencional, el costo de recupero es entre seis y nueve años, con una tecnología que tiene treinta años de uso. Antes se tardaba mucho más en amortizar la inversión. Si el proyecto compite con generación de energía eléctrica a base de combustibles líquidos, no resiste análisis ni ambiental ni económico, ya que reemplazar nafta o diésel por energía solar tiene un retorno de inversión que está en el orden de los dos años o menos.

- Por esta escasez o mayores costos ¿las empresas han comenzado a anticiparse?
Sí. En los últimos dos o tres años se ha visto un interés muy marcado en las pymes porque, esencialmente, se garantizan la energía para funcionar. La situación energética que se vive en Europa, entre otras cosas, pone de manifiesto cuánto vale tener ese kilovatio hora. No me refiero al vector eléctrico en sí, sino al kilovatio hora térmico, a la energía: cuánto vale ser el dueño de esa energía y no tener que comprársela a un tercero.
Ese concepto de seguridad energética se ha instalado mucho y cada vez más empresas adquieren estos sistemas, no sólo por una cuestión económica sino también por tener la energía. Hace poco un empresario bodeguero me decía que tenía la posibilidad de crecer, pero no contaba con la energía necesaria para ampliar las líneas. Con este tipo de sistemas uno se genera su propia energía y es muy interesante.

- ¿Cuáles son las regiones que demandan energía solar?
La tecnología solar es bastante flexible, puede adaptarse a las diferentes condiciones climáticas. Claro que hay regiones en Argentina o Uruguay que están mejor valuadas para la energía solar, pero en realidad se puede realizar en casi cualquier lugar. Por ejemplo, Uruguay demanda desde lo doméstico a lo industrial pero no por lo ambiental ya que tienen una matriz hidroeléctrica que es bastante limpia. El tema es que pagan la energía entre cinco y seis veces más que en Argentina, por lo que el tiempo de recupero es mucho más rápido y por eso tenemos muy buena recepción.
También porque los productos que usamos son muy buenos, robustos y confiables. Hoy se valora mucho la confiabilidad de la inversión, ya que si bien el precio es una variable a tener en cuenta, cuando empezás a hacer un mantenimiento que no estaba planificado ni bien costeado, todo se dificulta. Los equipos que instalamos son bastante libres de mantenimiento y cuando hay que hacer algo está identificado qué hay que hacer. Nuestros proveedores austríacos nos hacen tener niveles de stock y partes para repuestos, con el objetivo de serviciar rápidamente al cliente y que aproveche todo el tiempo las placas que están en su techo: o sea que estén y generen energía.
Las franquicias y las sucursales comerciales en diversos puntos del país tienen que ver con estar cerca de los clientes, captar sus necesidades para darles una solución más personalizada y rápida que si lo hiciéramos solo desde Mendoza o Buenos Aires.

Foto: Rodrigo D'Angelo / MDZ

- ¿Cuál es la relación entre minería y energías sustentables?
La minería, metalífera o no, es una actividad que se realiza lejos de los puntos urbanos y no se puede pensar sin energía. Por eso creemos que es una dupla que puede tranquilamente ocurrir e, incluso, tenemos proyectos para abastecer algunas mineras. Son propuestas muy interesantes desde lo tecnológico, ya que por su complejidad, ubicación y altitud requieren de parámetros de ingeniería muy desafiantes. La minería puede llevar la actividad desde kilómetros o generarla in situ.

- ¿Cómo es emprender desde Mendoza?
Es duro ya que, en general, emprender no es fácil -independientemente del lugar- por el hecho de aventurarse a saltar a algo que es un gran signo de pregunta. Sin embargo, la felicidad con la que uno trabaja, la satisfacción personal de haber creado algo, de dar trabajo y de hacer lo que uno se propuso no te lo puede dar otra cosa a nivel laboral. Personalmente, creo que es algo muy llenador y que con eso tiene que ver el éxito, más allá de lo económico.

- ¿Fue más complejo hacerlo desde Mendoza?
Compramos el 80% de nuestra materia prima en Buenos Aries y tal vez podríamos tener menores costos de producción o más fácil acceso a mano de obra calificada si estuviéramos allá. Al mismo tiempo, emprender en Mendoza está bueno porque primero que es nuestra casa y nos gusta la provincia. Además, está bien conectada ya que ahora que tenemos planes de expansión que incluyen el abastecimiento a México o Panamá -algo que ya ha pasado- vamos a salir por Valparaíso y llegar más rápido que si tuviésemos que salir por el Atlántico.
Con relación a las ventajas comparativas, uno de los proyectos es producir un climatizador de piscinas para elevar la temperatura del agua. Para eso se utilizan pellets de prolipropileno; algo que fabrican en el parque industrial de Luján, por lo que estaríamos al lado de la materia prima con la facilidad que eso implica. Como todo en la vida, tiene sus pros y contras.  Lo importante es como uno los encara, cómo se plantea los desafíos cuando ocurren y cómo los comienza a solucionar.