El mayor enemigo de la Argentina
Cuando hago memoria y recuerdo que hace poco más de un año Rusia invadía Ucrania y comenzaba una guerra, quedé incrédulo de que volvamos a la misma senda mediocre de solucionar de esta manera las diferencias que generan los intereses de líderes mundiales. Siento que no aprendemos nada, que si no sabemos controlar nuestras locuras y nuestras ambiciones desmedidas, al final terminamos dibujando nuestro egoísmo con la explicación menos creíble.
Esta guerra que nos circunscribe a todos a nivel mundial es a grandes rasgos un problema, al menos para la provisión de alimentos y energía a gran parte del mundo. Y esta realidad le abrió la puerta a nuevas oportunidades a la Argentina. Es verdad que, en principio, para ambos países la posibilidad, de abastecer a sus compradores era muy compleja, pero así como esto realidad beneficiaba a la Argentina, el aumento en insumos la perjudicaba del mismo modo.
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La guerra no es buena nunca, pero puede ser más o menos mala dependiendo de dónde estemos parados, Y cuando se pelean los dos más importantes productores de trigo y maíz del mundo y tu país sigue a ellos en el ranking de productores, es momento de plantearse cómo aprovechar la oportunidad.
La pregunta es: ¿Qué hizo Argentina para aprovechar esta oportunidad? No mucho realmente, apenas algunas acciones intrascendentes. La avaricia de las partes le ganaron al todo y así como cada uno sintió que iba a vender más caro los commodities agrícolas y el Estado vio la posibilidad de recaudar, más que la de ayudar a su socio (el productor) a sacar el mayor provecho posible, se hablaba de renta extraordinaria peleando por los vueltos.
Al final, los dos países en conflicto reorganizaron sus capacidades en situación extraordinaria, ya que estaban en pleno conflicto y lo que supo ser una oportunidad no buscada, pasó de largo.
Porque como en "La Divina Comedia", escrita por Dante Alighieri en el siglo XIV, mientras dos Estados están en conflicto entre ellos, nosotros elegimos estar en conflicto con el peor enemigo, nos peleamos con nosotros mismos. Y esa guerra nunca, jamás, la ganó nadie.
* Sebastián Nini, periodista agropecuario.