Globalización, guerra y el centro del mundo virando hacia el Asia-Pacífico
El mantra de la globalización, prohijado en gran medida por las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y que se había convertido en el segundo milenio en el credo dominante de la mayor parte del orbe, ha llegado a su fin.
A la crisis financiera desatada por la burbuja inmobiliaria (2007-2008), se sucedieron prácticamente sin solución de continuidad, la crisis sanitaria derivada de la pandemia del covid-19, la crisis ecológica resultante del calentamiento global, y la crisis geopolítica provocada por la invasión rusa a Ucrania.
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Desde ya que cada una de estas crisis es el resultado emergente de procesos de larga data, que se fueron incubando en los intersticios, fragilidades, inconsistencias y contradicciones del propio sistema de acumulación.
En la compleja e inestable arena de la política y la economía internacional, agravada por las derivas irresueltas y peligros latentes de tamaños desatinos, hay una reversión de las políticas liberales que caracterizaron el ya lejano y no menos controvertido “Consenso de Washington”.
En efecto, ahora los principales países se organizan en torno de grandes alianzas regionales, mediante la constitución de mega bloques comerciales (Unión Europea, T-MEC, RCEP, Mercosur, etc.), que actúan en su plano interno como extensas zonas de libre comercio entre países con valores e intereses compartidos (friend-shoring) y en su plano externo como mercados protegidos y relocalizados en torno a sus casas matrices (back-shoring).
Esta nueva integración regional expresa no sólo las razones económicas y comerciales en danza, sino fundamentalmente las preocupaciones estratégicas y políticas en liza.
A estas alturas queda claro que Estados Unidos, en defensa de su posición hegemónica crecientemente disputada por China, cambió radicalmente su estrategia política y sus prioridades en la agenda global. La revitalización de las viejas alianzas de inteligencia militar (QUAD, FIVE EYES) y la creación de nuevos acuerdos de asociación estratégica y económica en el Indo-Pacífico (Aukus, Cptpp, IPEF), conforman un arco de seguridad de los intereses norteamericanos que va desde Japón y Corea del Sur, en el norte, hasta Australia en el sur, pasando por Filipinas en el sudeste asiático, que da cuenta de la alta sensibilidad y valor estratégico de esta región.
A más de un año de la desatinada decisión política y garrafal error estratégico del autócrata ruso, Vladimir Putin, de invadir Ucrania, los desafíos y respuestas que esta feroz guerra híbrida demanda a la comunidad internacional no admite dilaciones ni vacilaciones.
Mucho menos especulaciones o improvisaciones cuando se trata del respeto a las normas de convivencia y resguardo de valores supremos como la vida y la libertad, la paz y los derechos humanos básicos, la autodeterminación de los pueblos, la soberanía y la integridad territorial, entre otros, pues su permanencia o escalamiento no solo agravará las tensiones y acelerará las disputas entre las potencias en pugna sino también amenazará seriamente la paz mundial.
Pero el verdadero escenario de la lucha estratégica, política, militar, económica y tecnológica entre los Estados Unidos y la República Popular China por el liderazgo mundial es la región del Asia-Pacífico, ahí se definirá el nuevo orden internacional, imponiendo sus condiciones, fijando sus prioridades, estableciendo su dinámica, y forjando el destino de la sociedad internacional.
Es en el Far East donde, parafraseando al célebre historiador británico Arnold J. Toynbee, el futuro de la humanidad será puesto a prueba.
* Rubén E. Galleguillo, Doctor por la Universidad Complutense de Madrid, Magíster en Relaciones Internacionales.