AFJP: un intento fallido para resolver la crisis del sistema previsional
En el artículo anterior habíamos hecho referencia al estado del sistema previsional argentino durante los años ochenta y comienzos de los noventa. El sistema tal como estaba, necesitaba encarar una serie de reformas para no quedarse obsoleto, ante los cambios que se estaban produciendo en las sociedades.
En ese contexto, y después de haber dejado atrás la crisis hiperinflacionaria, el gobierno menemista, con Domingo Cavallo como ministro de Economía, encararía la privatización parcial del sistema. Pero ese proceso no obedeció solo a una necesidad de modernización, sino que estuvo motivado por una disputa entre sectores de poder.
Para entender esto hay que recordar que el sistema, hasta ese momento, funcionaba mediante cajas previsionales que se habían ido constituyendo a lo largo del siglo pasado. Cada sector tenía su caja, los ferroviarios, los bancarios, etc. Esas diversas cajas habían sido unificadas en tres grandes cajas durante el gobierno de Juan Carlos Onganía.
Foto: MDZ.
Más allá de la discusión ideológica con respecto a la concepción neoliberal del Estado, fue la disputa en torno al control de las cajas previsionales, lo que determinó las distintas decisiones políticas que se toman al respecto. Cuando Domingo Cavallo entrega una parte importante del sistema previsional al sector privado lo que hace es sustraerla no solamente del ámbito estatal sino también del control sindical.
Inicialmente, había alrededor de veinte Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP), que con el tiempo se fueron reduciendo a la mitad. En términos generales estaban divididas en dos grupos. Por un lado, una pequeña parte que pertenecía a los sindicatos y que fueron rápidamente desapareciendo. Y por el otro, las que pertenecían al sistema financiero y que fueron reabsorbiendo a los afiliados de las aseguradoras sindicales, a medida que desaparecían.
Estas últimas serán las AFJP propiamente dichas, las que muchos recuerdan, que hacían publicidades con jóvenes corriendo maratones para simbolizar la carrera de la vida y que tenían nombres que daban sensación de solidez y prosperidad, como Consolidar, Orígenes o Siembra.
La propuesta que realizaban era seductora y se encontraba en parte legitimada por la realidad económica argentina. La pérdida de valor de las jubilaciones era un problema que venía desde antes. Ya el presidente Raúl Alfonsín había dictado la emergencia previsional, con el objetivo de limitar las demandas al Estado por este motivo. Y la debacle de la hiperinflación no había hecho más que agregar leña al fuego.
Ante ese panorama de incertidumbre, las AFJP ofrecían a quien optara por ellas la posibilidad de tener una cuenta personal en la que era posible consultar el estado de sus fondos. La lógica del pacto intergeneracional era reemplazada por una lógica de capitalización personal, según la cual la jubilación de una persona sería el resultado de las inversiones que la aseguradora fue realizando con sus aportes a lo largo de su vida.
Como suele suceder en Argentina, la reforma de las AFJP se realizó prácticamente de la noche a la mañana. La gente se vio obligada a optar entre el sistema de reparto, que permanecía con importantes modificaciones, o pasarse al régimen de las AFJP, sin que se les dieran las explicaciones y la información necesaria para analizar la decisión.
Para colmo, si uno no optaba por su cuenta, era derivado directamente al sistema de las AFJP. Y una vez que entraba en el mismo ya no era posible volver al reparto. Mientras que quien optaba por el reparto podía pasarse a las AFJP. Es decir, que se generaron las condiciones para empujar a la mayor parte de las personas hacia las AFJP.
¿Era mejor ese sistema de capitalización que el de reparto?
La verdad es que en Argentina nunca lo sabremos, porque las AFJP tendrían un final tan abrupto como su comienzo. Unos catorce años después, volvimos al sistema de reparto. A pesar de que todavía se encuentran vigentes las dos leyes que habilitaron la creación de las AFJP, éstas son la ley 24.241 y la 24.463, llamada Ley de Solidaridad, quienes nos oponíamos a ella la llamábamos ley lápida.
¿Cuánta gente llegó a jubilarse por una AFJP?
Una cantidad ínfima, que no permite realizar un análisis significativo. Y este es un dato relevante a tener en cuenta. Porque objetivamente las AFJP funcionaron mientras tenían población joven que aportaba al sistema. Es decir, mientras el dinero circulaba en una sola dirección. Antes de que tuvieran que empezar a pagar de manera masiva desaparecieron.
Esto ocurrió en el 2008, en el contexto de la crisis financiera que estaba sacudiendo a la economía global. Se venían los tiempos de las vacas flacas y había una coincidencia de intereses, al sistema financiero ya no le interesaba el negocio de las AFJP y al Estado argentino le interesaba poder disponer de la inmensa masa de los fondos previsionales.
En el próximo artículo intentaré resumir algunas de las idas y vueltas del sistema previsional entre el 2008 y la actualidad. Pero para cerrar este artículo quiero volver a enfatizar un punto.
Más allá de cuestiones ideológicas, la historia de las AFJP pone en evidencia el alto grado de fragilidad institucional de nuestro país. Tanto su creación, una medida de derecha, como su desaparición, una medida de izquierda, fueron realizadas rápido y mal, sin detenerse a escuchar ninguna crítica, prácticamente sin consultar a técnicos o especialistas de diversa índole y sin prever ninguna consecuencia. Es el modus operandi de quien quiere realizar una estafa, apurando a su víctima para que no tenga tiempo de pensar en lo que está firmando, confundiéndola con datos técnicos incomprensibles y moviéndose rápido para no ser detectado.
Ese es el modo en que los políticos tratan a la población argentina. A casi treinta años del surgimiento de las AFJP, no podemos decir que las cosas hayan cambiado.
* Dr. Eugenio Semino, Defensor de la Tercera Edad - presidente de Sociedad Iberoamericana de Gerontología y Geriatría (SIGG).