La profecía autocumplida: el Banco Central desborda de billetes
No hay duda que superó todos los pronósticos, hasta los más pesimistas. Muchos pensarán que nos referimos a la inflación, que en agosto marcó por segunda vez consecutiva un nivel de al menos 7% mensual. Podría ser, pero no, ya nos referiremos más adelante al dato del IPC del mes pasado. De lo que estamos hablando es del stock de la deuda remunerada del Banco Central (BCRA) que acaba de rozar los $8 billones. Esto representa un 180% del total de la base monetaria, es decir, de todo el dinero emitido por el BCRA en la economía.
Entonces, en realidad, el BCRA emitió mucho más de lo que aparenta y lo que hizo fue barrer “debajo de la alfombra” el equivalente a dos bases monetarias. ¿Cuál es el problema con esto? El BCRA tiene ahora dos tipos de deuda, una que es la base monetaria por la cual no paga nada, es decir, tiene costo cero porque la gente acepta los billetes y monedas a cambio de nada. Pero la otra, a la cual denominamos deuda remunerada, que son las Letras y Notas del BCRA (entre ellas las más conocidas, las de Liquidez o LELIQ) y los Pases (son colocaciones de los bancos en el BCRA), paga una tasa de interés, llamada de referencia.
Tras conocerse el dato del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de agosto, al otro día en la reunión de Directorio, el BCRA decidió volver a ajustar la tasa de referencia del 69,5% al 75% anual (TEA del 107%). Esta tasa no solo influye en el resto de las tasas de interés pasivas y activas del mercado financiero, sino que está ligada precisamente con la deuda remunerada. Por ende, cada vez que se toca esta tasa de referencia hay un impacto en el stock de deuda del BCRA.
La bola de nieve
A ver si queda claro, haciendo una cuenta de almacenero: por esta montaña de deuda el BCRA debería pagar, a esta tasa, la friolera de $6 billones de intereses anuales.
No hace falta decir que esto es insostenible. Hay dos caminos, o baja la inflación en serio y así el BCRA puede bajar la tasa de referencia para desacelerar el taxímetro de los intereses, o bien, algún día, si no estalla todo antes, habrá que reestructurar esta deuda. Porque pensar en un círculo virtuoso de crecimiento sostenido en el mediano plazo, que dé lugar a que esta masa de dinero se canalice en oferta de créditos para el sector privado, hoy luce de ciencia ficción.
Hasta el momento, el BCRA ya lleva en la cuenta de intereses pagados nada menos que $1,6 billones. Claro que comenzó el año con una tasa del 38% anual y el stock de deuda remunerada apenas superaba el 20 a 30% de la base. Hoy no solo creció el stock en $2,9 billones (aumentó un 169%) sino que además la tasa prácticamente se duplicó.
Por su parte, la base monetaria creció 73% ($623.000 millones) en el mismo lapso. De modo que entre el aumento de la deuda remunerada y el de la base, hubo un incremento de $3,5 billones (+124%). Y todavía algunos se preguntan de dónde viene la inflación.
Dólar soja en la picota
Por eso inquieta la alquimia del nuevo dólar soja, porque tiene un correlato monetario que con semejante berenjenal, al BCRA no le alcanzan las manos para barrer debajo de la alfombra.
Veamos, bajo el nuevo dólar soja de $200, en lo que va de setiembre el BCRA lleva comprados más de US$1.200 millones. ¿Pero saben cuánto emitió para esto?, más de $300.000 millones. ¿Cuánto creció la deuda remunerada? Más de $850.000 millones. Y pagó intereses por más de $123.000 millones. Vale señalar que además la deuda se retroalimenta vía el pago de intereses con más deuda.
A esta altura cualquiera empieza a imaginarse el lío que tendrá el BCRA al terminar de comprar todas las divisas que el ministro Massa acordó con los exportadores, unos u$s5.000 millones. Ni que hablar del déficit que implica comprar divisas a $200 y venderlas a $140, a los importadores y demás destinos.
Emisión, inflación y algo más
Ahora bien, ¿todo esto, apunta a bajar la inflación? Para nada. Supongamos que la expectativa de inflación para septiembre se mantiene en torno al 6% (101% anualizada), la tasa de referencia, en términos reales, pasa a ser positiva, por lo tanto, también el rendimiento de un plazo fijo, algo que no se veía desde noviembre de 2021. Cabe señalar que esto es una demanda constante del Fondo Monetario Internacional.
Pero esta nueva suba de la tasa de referencia tiene por objetivo apuntalar la demanda de pesos ante expectativas inflacionarias que siguen desancladas. Por ende, el BCRA no aspira a bajar la inflación, sino a contener el desborde de expectativas. Con crecientes tasas de inflación, se acelera la velocidad de circulación del dinero, lo cual retroalimenta la dinámica del proceso inflacionario. Un efecto deseado también es alentar que los exportadores e importadores liquiden stocks de bienes transables.
La tarea por delante es titánica. Si vienen más ajustes de tarifas, más aumentos de diversos sectores, la devaluación seguirá al dente y las presiones salariales y sociales en algún momento aflorarán con más virulencia, no es difícil aventurar que en el horizonte mediato haya más inflación y no menos. ¿Será que se está preparando el terreno para aventurarse con un plan de estabilización, en serio? Veremos.

