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Dólar fuerte y recesión: el informe económico que preocupa a la Argentina

Al cóctel de inflación y recesión se le agrega la inestabilidad política mundial de la mano de la continuación de la guerra en Ucrania, la dimisión de Boris Johnson dejando al Reino Unido sin un líder por ahora y el asesinato del ex premier japonés, Shinzo Abe.
Foto: Pexels
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En un mar cargado de inflación, temor a la recesión, guerra y desorden político navegan los inversores que no paran de afrontar problemas. Por su parte, el mercado de divisas ya se acomoda al ritmo de la recesión mundial fortaleciendo la posición del dólar. De ahí que los inversores cambiaron el enfoque de los bancos centrales a la economía.

El primer semestre del año ha sido un duro examen para los mercados, pero el segundo da la impresión de que lo va a ser aún más. Muchos arriesgan que los mercados tocarán fondo en los próximos meses, y de ahí en más aventuran recuperaciones. Sin embargo, no menos cierto es que el consenso aguarda un contexto recesivo a nivel global que ya empieza a verificarse. Al
cóctel de inflación y recesión se le agrega una pisca de inestabilidad política de la mano de la continuación de la guerra en Ucrania, la dimisión de Boris Johnson dejando al Reino Unido sin un líder por ahora, hasta el asesinato del ex premier japonés, Shinzo Abe.

No obstante, habría dos cosas que los inversores deberían tener claro para posicionarse de cara al segundo semestre del año y que los analistas de Richard Bernstein Advisors (RBA), con sede en Nueva York, las resumen en: la Reserva Federal (FED) continuará endureciendo la política monetaria y las ganancias continuarán desacelerándose. Pero en este contexto además hay otro factor a tener ya presente y que los estrategas del mercado de divisas vienen señalando: la fortaleza del dólar continuará.

La gente de RBA explica que si hubiera que construir una matriz de 2x2 de posibles entornos de mercado en los que hubiera que elegir entre que la FED endurezca su política o la relaje y elegir entre que los beneficios se aceleren o se desaceleren, es muy poco probable que los inversores eligieran la combinación de endurecimiento de la FED y desaceleración de los beneficios.

“Esa ha sido históricamente una combinación menos común pero desfavorable para los mercados de renta variable, pero parece ser la que podrían enfrentar los inversores durante la segunda mitad de 2022”, advierten.

Ha habido períodos en los que la FED elevó las tasas a pesar de la desaceleración del ciclo de ganancias (es decir, 1989 o 2005). “Sin embargo, si nuestro pronóstico de crecimiento de las ganancias está en el camino correcto y la FED continúa subiendo las tasas de interés, los inversores podrían enfrentarse a esta combinación relativamente rara”, señalan.

En un contexto como el actual, en RBA siguen sobre-ponderando sectores tradicionales de ciclo tardío, como la energía. Sin embargo, reconocen que no se puede ignorar que los beneficios se están desacelerando y eso favorece a los sectores defensivos tradicionales, como los productos básicos de consumo, la sanidad y los servicios públicos. "Nuestras carteras cambian para reflejar la evolución en la economía global. Hemos sido grandes admiradores de la energía y seguimos creyendo que ofrece el mejor crecimiento secular a largo plazo. Los ciclos tienden a alterar las historias seculares y ahora estamos más sobre-ponderados en bienes de consumo que en energía", concluyen en su último informe.

Pero por otro lado, tenemos el mercado de las divisas que mostró un cierre de semana de intensa volatilidad, que dejó para la historia el momento de la caída del euro a mínimos de 20 años contra el dólar y, lo que es más importante, que dejó a la moneda única encarada hacia la paridad con su contraparte estadounidense. Además la libra no lo ha pasado mejor y cedió a niveles de precio no vistos desde la pandemia frente al dólar. Lo más significativo es que en el ánimo de los operadores y cambistas ya se instaló el temor a una recesión, por la persistente elevada inflación y el deterioro de algunos indicadores económicos, y eso se traduce, a la postre, en un dólar fuerte.

Esto implica un cambio frente a la tendencia de meses anteriores en que las divisas cotizaron en gran medida en consonancia con la lucha de los bancos centrales contra la inflación, reflejando así las fuertes oscilaciones de los rendimientos relativos. Sin embargo, con los datos macroeconómicos de junio, que han sorprendido predominantemente a la baja, los mercados han cambiado su enfoque hacia el creciente riesgo de una recesión mundial. Por lo que los operadores esperan que el crecimiento mundial se desacelere aún más, por lo que el dólar debería seguir fuerte durante más tiempo.

Si bien reconocen que puede ser un temor un poco exagerado, lo que sí es real es el efecto que este sentimiento tiene en los mercados donde impera la huida del riesgo, ha perjudicado al euro. La moneda europea perdió más del 9% en lo que va de año y ha alcanzado prácticamente la paridad 1 a 1 con el dólar. Además de la aversión al riesgo y la fortaleza generalizada del dólar, la falta de reacción del Banco Central Europeo (BCE) y de prisa por subir las tasas han perjudicado a la divisa.

Como si fuera poco se ha acentuado la preocupación por una crisis energética en Europa en los últimos días, y podría suponer una amenaza para la economía de la Eurozona, lo que suma una presión adicional a la moneda común. Mientras tanto, el dólar sigue beneficiándose de su condición de divisa refugio y de la agresividad de la FED, que intenta hacer frente a la elevada
inflación mediante agresivas subas de tasas de interés. Por el lado de la libra esterlina, las perspectivas son moderadas. Las incertidumbres políticas constituyen un lastre para la moneda británica y pese a que se vivió un breve respiro tras la
salida del primer ministro, Boris Johnson, los vientos en contra derivados de los fundamentos económicos actuales, una pronunciada estanflación y un Banco de Inglaterra menos agresivo que muchos otros, son más dominantes, señalan los estrategas de Julius Baer.

Explican que no creen que la política sea un apoyo importante para la libra, sino que es un motor mucho más dominante el entorno de estanflación (inflación estimada por encima del 10% anual y una marcada desaceleración del crecimiento económico) hará que probablemente el Banco de Inglaterra suba las tasas de interés con menos intensidad y en menor medida que
sus pares.

Pero quedan las otras dos monedas por excelencia, el franco suizo y el yen. Respecto de la divisa suiza, gestores de J. Safra Sarasin se muestran optimistas porque apuestan a que seguirá beneficiándose de su ventaja en materia de inflación, que se mantendrá hasta bien entrado el próximo año. Es probable que el Banco Nacional Suizo (BNS) permita que su moneda se siga
apreciando, dado que ya no considera que el franco esté muy valorado. Por ello pronostican que la reciente dinámica de los depósitos a la vista de los bancos sugiere que el BNS no ha intervenido a favor de su moneda en las últimas semanas, por lo tanto, durante el resto del año, la paridad euro/franco suizo debería cotizar mayormente por debajo de la paridad.

También son positivos con el yen japonés, que está históricamente barato según múltiples parámetros. Ocurre que existen varios factores que podrían invertir la tendencia de debilitamiento del yen, como un posible ajuste del objetivo de rendimiento del Banco de Japón o una ventaja de rendimiento algo menor en EE.UU.