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Viviendas Asistidas, una empresa con inclusión

La empresa nace como proyecto para resolver una problemática social puntual: que las personas con discapacidad puedan vivir en forma independiente.

El piloto de esta pyme, que hoy cuenta con más de ochenta empleados, respondía al modelo de viviendas descripto en la ley de salud mental del año 2010, aunque con el tiempo se transformó en un modelo de negocios con un corazón social, que sin saberlo sería el disparador para nuestra innovación.

Pasaron unos cinco años para que el modelo se consolidara y apareciera la realidad pyme con sus desafíos reales tales como falta de financiamiento para fortalecer y acompañar el crecimiento orgánico, la dificultad en conseguir colaboradores con los valores que paga el nomenclador de discapacidad, la alta rotación y la necesidad de perfiles con vocación de servicio sumado a la presión tributaria en general y la del empleador en particular.

No es un servicio sencillo el que brindamos desde Viviendas, aunque absolutamente necesario. Así que, como la mayoría de las pequeñas y medianas empresas, el conocimiento de los actores, los valores, el ADN territorial y la responsabilidad por las personas que viven directa o indirectamente de nuestras empresas, nos comprometió a buscar la forma de hacer este proyecto sostenible.

Y llegó un momento en el camino cuando fue imprescindible la profesionalización: redefinimos el norte a pesar de no contar con políticas públicas que acompañen al sector.

Parte de ese camino fue la medición con sistema B: a nivel personal, me inquietaba pensar que el servicio para personas con discapacidad fuera nuestro motor, pero que no estuviéramos generando todo el impacto social posible.

Descubrimos entonces de qué modo diseñar políticas de triple impacto y encontramos buenas prácticas que no teníamos ni documentadas. De hecho, el desarrollo más potente estuvo en la búsqueda y selección de capital humano donde cambiamos el foco tradicional de perfiles y pasamos a articular con otras organizaciones. ¿Por qué no reinsertar laboralmente a personas que quedaron fuera del sistema o que nunca pudieron acceder al empleo formal?

Hoy, la mitad de nuestra nómina cumple con algún criterio de diversidad para la reinserción laboral y esto fue posible al trabajar con organizaciones del tercer sector tales como Fundación Multipolar y Contratá Trans, entre otras. Mujeres al frente del sostén familiar, personas con más de cuarenta y cinco años, con discapacidad, en situación de calle y trans entre tantas minorías son parte del tejido diverso de nuestra organización.

Por eso, después de muchos ciclos de sembrar, aprender a tiempo, no dormir e insistir llegó la cosecha de los premios Flor Categoría Pyme, Fecoba Categoría Diversidad, Vistage Empresaria del Año y HSBC La Nación Categoría Diversidad, pero sobre todo los abrazos de los que estuvieron cada vez que tuvimos que sostener la falta de pago de un financiador, el Covid 19 y distintas crisis que supimos gestionar.

Así, comprendí un día que parte del rol de la dirección de la pyme es la participación en otros espacios en donde las pymes podemos hacer política, aquella de largo plazo y apartidaria como es el caso del Movimiento Nacional Pyme (MONAPY) del que soy parte, acompañando un proyecto de ley integral pyme que busca mejorar las condiciones del sector más eficiente del país: el generador del 42% del PBI y del 70% del empleo.

Sin duda alguna, somos el actor clave para resolver las problemáticas sociales a través de los más de dos millones de puestos de trabajo que podemos generar en un año si se dan las condiciones que proponemos en la ley. Un escenario posible donde crezcan nuestras pymes, nazcan otras y saquemos a la luz el stock de proyectos reprimidos que todos los empresarios pyme tenemos en algún cajón.

*Anahí Tagliani es directora ejecutiva de Viviendas Asistidas y miembro del Movimiento Nacional Pyme (MONAPY).