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Crisis cambiaria: ¿qué tan caro o tan barato está el dólar?

La sensación térmica del crawling peg del BCRA es que se acumula un atraso descomunal. Mientras que los dólares paralelos inyectan la impresión que se está en una crisis terminal. Ni una cosa ni la otra. Claro que la gente, con salarios “súper competitivos”, sienten distinto.

El aquelarre cambiario volvió al centro de la escena económica. No sólo se despertó el dólar blue, que sobre el cierre de la semana pasada trepó por encima de los $210 (subió 2,4%), sino también los dólares financieros (CCL a $228 y MEP a $223) que acusaron el impacto de la creciente incertidumbre marcando precios que ya coquetean con los $230 (aumentaron 7%). Mientras tanto, el dólar oficial se mantuvo casi inerte en los $122. Hoy, estas subas se intensificaron con el blue llegando a $215, el CCL a $ 237 y el MEP a $ 230.

Así volvieron a retumbar en el mercado las alertas sobre los peligros de retrasar el tipo de cambio, sobre todo bajo la lupa de la actual dinámica inflacionaria y la pérdida de reservas. Al fin y al cabo, todo esto no hace más poner nuevamente sobre el tapete el eterno interrogante de que si el dólar ¿está barato o caro? Y en ese caso, para bien o para mal, ¿cuánto lo está? Lo que también lleva a preguntarse para quién está caro o barato un dólar billete de casi $230. Hoy, por ejemplo, si alguien viaja al exterior y comer una pizza le cuesta, digamos, 20 dólares, estamos hablando de $4.200 equivalentes al blue. Un monto que ya de por sí hace ruido a cualquier bolsillo de ingresos medios. Por lo que a veces el sentido común es, quizás, un buen consejero.

Ahora bien, en primer lugar no puede soslayarse que bajo un proceso inflacionario como el actual, donde la distorsión de los precios relativos domina la escena, es difícil saber a ciencia cierta qué está en precio y respecto de qué. Así y todo, en el caso del dólar los economistas suelen recurrir al cálculo del tipo de cambio real para tener un parámetro de referencia. Claro que hay quienes suelen tomar algún atajo utilizando índices estándar como por ejemplo el Índice Big Mac, elaborado por la revista británica especializada The Economist, donde toman el precio del famoso sándwich de McDonald´s en los distintos países donde opera la cadena y así comparan dónde sale más caro y más barato en dólares, y de esta manera determinan si la moneda de ese país está sobrevaluada o subvaluada frente al dólar.

Por ejemplo, a comienzos del 2022, según el Big Mac Index, el peso estaba “devaluado” en más de un 26%. O sea, podría decirse en buen romance que el dólar estaba caro. Ya que según el Índice, el tipo de cambio implícito era de $77,45 (a ese valor el sándwich costaba igual en Argentina que en EE.UU.) cuando el tipo de cambio oficial en ese entonces era de $105,02. Por lo tanto no deja de ser más que un mero termómetro de una sensación térmica. Cálculos similares surgieron en los últimos años utilizando por ejemplo el “café latte” de la cadena Starbucks.

En todos los casos se trata de referencias rápidas y sencillas. Si un café con leche en dicha cadena cuesta mucho más caro en dólares en Buenos Aires que en Nueva York, sin duda algo está pasando. Y viceversa. Pero no brinda una idea acabada de dónde se está parado. Por eso se recurre a la evolución del tipo de cambio real. Ello implica tomar los valores nominales en cada momento del tiempo y actualizarlos al momento actual ponderando la inflación externa y la doméstica. Así, resumiendo, se calcula el tipo de cambio real. Y lo que nos dice es a cuánto equivaldría hoy ese dólar de tal período, o bien cuánto valdría el dólar de hoy en otro momento del tiempo. Veamos entonces dónde estamos parados para tener una somera dimensión cuando alguien habla de “caro” o “barato”.

En primer término analicemos el caso del tipo de cambio oficial, el que hoy cotiza a $122. Por ejemplo el dólar de $60 con el que asumió Alberto Fernández, y sobre el cual dijo que era “un valor razonable”, hoy sería equivalente a uno de $141, según cálculos de Macroview. Al comparar los tipos de cambio real en varios períodos históricos considerados de atraso cambiario vemos por ejemplo que el dólar “tablita” de Martínez de Hoz, de la llamada época de la “plata dulce”, hoy sería equivalente a $69 mientras que el de la Convertibilidad a poco más de $81.

De modo que ninguno de estos casos se compara con el actual. Incluso, tomando referencias más cercanas como el caso del dólar de Kicillof, de 2015, este sería hoy equivalente a uno $88, o el de Sturzenegger, en la era Macri, a $93. De modo que el dólar hoy de $120 frente a esos tipos de cambio atrasados está más alineado. Claro que frente al de $141, cuando asumió Fernández, o el de diciembre de 2020 que hoy sería de $145, surge un incipiente atraso. Pero estamos hablando de un atraso, digamos de $20 en líneas generales. Algo así como un 17%. Lo que es fácilmente recuperable, sin generar un salto cambiario. Entonces, desde el punto de vista de la competitividad de la economía argentina, no habría mayores discrepancias.

Al respecto, según el Estudio Broda, el promedio histórico 1997-2022 del tipo de cambio real multilateral se ubica por debajo de los $143, lo cual convalida la visión de que el dólar oficial no está significativamente retrasado. De lo contrario se escucharían las tradicionales voces de la UIA clamando por un ajuste por la pérdida de competitividad. El salario es el ejemplo más claro. A un dólar como el actual, los salarios en dólares de la economía no están para nada desalineados. Todo lo contrario. En dólares, las remuneraciones promedio de la economía son por demás competitivas, no solo frente a los principales socios comerciales. De no ser así ya se oirían los reclamos industriales, y no los hay. Una señal.

Pasemos ahora al tipo de cambio real financiero o paralelo. Una referencia más cercana a los sentimientos criollos. Pues bien, un dólar paralelo como el actual no es disruptivo. Vayamos por ejemplo al dólar post Malvinas (julio/agosto´82), ese dólar hoy equivaldría a $372, o el de la Hiperinflación de 1989 que sería de $402 de hoy. Ambos casos son buenas referencias históricas de dólares vinculados con crisis terminales. De ahí se explica el susto que se llevó Alberto Fernández cuando tuvo una mini crisis en octubre del 2020 que llevó el dólar paralelo a niveles de $304 de hoy.

En cambio, los dólares de la época pre Alfonsín (setiembre/octubre ´83), o de principios de Menem (agosto/diciembre´89), incluso en la etapa pre y post Plan Austral, son dólares que traídos a valores de hoy son de entre $220 y $270. Son tipos de cambio reales asimilables o acordes a una macro inestable e incierta. O sea, es propio de un contexto de inestabilidad como el actual y similar al de los ’80 con Alfonsín y Menem.

Según cálculos de Macroview, el dólar pre Malvinas (abril/mayo ´82) hoy sería de $180, el de pre Alfonsín de $266, el del pre Austral (noviembre´83/mayo´84) de $241 y de $217 (junio´84/junio´85), mientras que el del post Austral y Plan Primavera (julio´86/febrero´89) de $204, y el del arranque de Menem de $253. Por ejemplo el de Cristina (enero’12/dicembre´15) sería hoy de $136 mientras que el de los últimos meses de Macri hoy equivaldría a $179.

Alberto comenzó con uno equivalente a $235 de hoy y salvo el episodio de octubre del 2020, ha venido bajando desde los $258 de enero hasta los $211 de mayo pasado. Desde el punto de vista de hacia dónde va la macro estos tipos de cambio paralelos son propios de una economía inestable. Dicho esto, $300 o más, no es lo mismo. Entonces, los valores que hoy suenan escandalosos tras las últimas subas son inherentes a los desequilibrios macro propios de la economía argentina. Por ahora, no son disruptivos. En buen romance es una brecha cambiaria de 70%, manejable, pero que sigue conduciendo a la decadencia. Otro cantar sería una brecha del 100%, o sea, un dólar paralelo hoy de más de $300.

Por lo tanto, cuando se dice livianamente que el dólar está barato o caro, son varias las aristas a contemplar. Y más allá de que haya miles de reservas de argentinos para ir al Mundial, ese accionar es propio de la brecha. Porque no se ven hordas de turistas argentinos invadiendo el exterior como años atrás, amén del efecto pandemia. Es cierto que el Gobierno viene ajustando el tipo de cambio oficial por detrás de la inflación para anclar, sin éxito, las expectativas inflacionarias. Pero tampoco es un retraso grosero. Y en cuanto al dólar accesible para todo el mundo, el paralelo, los valores actuales dan cuenta que viajar o comprar en el exterior no es para nada “barato” para el clásico segmento de clase media “viajera”.

Más allá que se tenga o no dólares “encanutados”. Todo tiene un costo de oportunidad. Vale como ejemplo el comentario de un conocido consultor que explicaba esta problemática del dólar caro o barato, señalando que a fines de año “le dolió” pagar un almuerzo en EE.UU. en cambio ahora, si bien seguía siendo mucho más caro que en Argentina, le dolió menos. Claro, el dólar paralelo del verano era de casi $260 de hoy ($5.200 una pizza) mientras que en los últimos meses bajó a $205/$210.