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Cómo un chico de 8 años explicó el grave problema económico que tiene Argentina

Al querer cambiar sus ahorros ($1.700 repartidos en un montón de billetes) a euros, un chico de 8 años explicó uno de los males económicos. Su padre le entregó unas pocas monedas. "Mirá todo lo que te di y lo que me das vos", le reprochó su hijo. Un problema que en otros países no existe.

Para los argentinos que ya tienen en sus espaldas unos cuantos años, hablar de inflación y devaluación no es algo extraño. Es fácil de entender. Sin embargo, para un niño de 8 años es un mundo indescifrable. Federico tiene un hijo de esa edad y están a punto de emigrar a Francia, junto a su mujer y su otra hija.

Una pequeña anécdota, que se viralizó por Twitter, sirvió para mostrar la gravedad del problema económico. “Mi hijo (8 años) me pidió que le cambie sus ahorros a euros (1.700 p)…le doy 7 euros (3 monedas de 2 euros y 1 de 1 euro) y me dice…Pero papá mirá todo lo que te di yo y lo que me das vos…vergüenza me daba explicarle el por qué…” publicó en la red social.

En diálogo con MDZ, Federico contó la sorpresa que sintió al escuchar a su hijo: “De forma simple explicó el mal que sufre la Argentina que ya no tiene moneda”. Sin quererlo, su hijo entendió el problema que los funcionarios no quieren aceptar. En pocas horas, en la cuenta @fede1978ivani, recibieron más de 20.000 likes.

El hecho podría quedar en una historia más de las que se leen en Twitter, pero va más allá. Es una de las causas por la que muchos argentinos eligen dejar el país.

El caso de Federico y su familia fue contado hoy por MDZ. El sábado va a emigrar junto a su familia.

Es un empresario de 43 años y no es la primera vez que, frustrado, deja a la Argentina. Veinte años atrás, antes de la crisis del 2002, la falta de oportunidades que ofrecía el país lo llevó a buscar un futuro mejor en el exterior.

Aquel momento fue distinto. Soltero, más joven y sin tantas responsabilidades, la decisión no tenía la carga emocional como la que toma esta vez.

Tampoco las causas son, esencialmente, las mismas. La cuestión económica fue determinante en ese entonces. Hoy hay una mezcla de motivos. Pero antes hay que entender por qué regresó.

Después de la devaluación del 2002, el país parecía encarrilarse y el crecimiento que se registraba en esa época fue determinante para inclinar la balanza que, en uno de sus lados, acumulaba el peso de la nostalgia, los afectos, los sentimientos.

Creí que la Argentina se iba a recuperar y por eso volví. Invertí, trabajé, aposté por el país, pero me equivoqué. La realidad me volvió a quitar las ilusiones. Me parte el alma hacerlo porque sé el dolor enorme que significa emigrar. Dejar la familia, los amigos. Cada cena de despedida es muy dolorosa y me siento mal porque es voy a ir por segunda vez” dijo a MDZ.

Ahora no es sólo lo que él siente. Hay una familia detrás.

“Tengo una hija de 12 años y un hijo de 8. ¿Qué perspectivas pueden tener acá? La economía es inestable, la inflación no para, les va a ser imposible acceder a una vivienda. Además, está el problema de la seguridad. Están creciendo y van a querer salir, estar con sus amigos, y no se puede vivir con miedo todo el tiempo hasta que vuelvan a casa”, explicó con angustia.

La decisión no fue sencilla porque sus hijos no entendían los motivos. “¿Por qué nos vamos, papá?”, le preguntó el menor.

“Fue duro. Siempre tratamos de tenerlos como en una burbuja. No hablamos de los problemas del país. Así que tuvimos que explicarles que era por el bien de ellos. Que al principio iba a ser difícil, pero que a la larga era la mejor decisión. Nos dijeron que confiaban en nosotros. En dos o tres meses tal vez nos digan que no se adaptan. No sé. Creemos que es lo mejor para ellos”, relató.

La cuestión económica también tiene su peso. Federico es productor y exportador de frutas finas. Tiene dos emprendimientos en sociedad con su padre en diferentes provincias. Como tantos argentinos que trabajan, sufren las consecuencias de una economía caótica.

“Es muy difícil crecer en la Argentina. Producir, esforzarte, todo es complicado. Muchos creen que sólo se trata de plantar y cobrar. No tienen idea. Hay que trabajar todos los días, los fines de semana, los feriados y, aún así, no ves los resultados”, explicó.

También, como otros argentinos, sufre el permanente cambio de las reglas de juego: “No se puede planificar. Todo es difícil. Cuando le explico a un cliente de afuera que los dólares que me paga yo no los recibo, que me dan pesos a una cotización de 100 y yo tengo que comprarlos a 185, no lo pueden creer. No sos el dueño de la plata que ganás trabajando. El año pasado, después de tanto esfuerzo, terminé hecho. No gané. Incluso, algo tuve que poner”.

Todas estas cosas hicieron que Federico y su familia se sumen, desde el sábado 26, a la lista de argentinos que emigran.

Su destino será Francia. Allí ya tiene planificado el alquiler de un campo para la producción de arándanos y cerezas. Seré el comienzo de una nueva vida.

“No quiero pasar mis últimos veinte años de vida productiva en la Argentina, donde no hay garantías que le pueda dejar algo a mis hijos. No nos queda otra que tomar esta decisión. Lo hacemos por ellos”, reconoció.