El dato del exterior que ayuda al Gobierno a tapar la falta de dólares
La Argentina tiene suficientes problemas como para importar otros, pero a veces las circunstancias hacen que una crisis internacional agrave los males locales.
Esto es lo que sucede en el mercado automotor argentino desde hace más de un año. El desabastecimiento de 0km es muy grande. Comprar un auto nuevo puede significar una espera de más de siete meses y se deben pagar valores exorbitantes. Incluso, es difícil conseguir vehículos usados a buen precio.
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El motivo principal es el cepo importador que dispuso el Gobierno Nacional por la falta de dólares. Las restricciones para acceder a divisas derrumbó la participación en el mercado de vehículos del exterior.
Por el lado de los nacionales, si bien se está incrementando la producción, hay un problema de fondo que está sufriendo la industria automotriz a nivel mundial que sirve para disimular la delicada situación de las fábricas locales. La crisis por el faltante de semiconductores está afectando a todas las empresas desde mediado del 2020, como consecuencia de la pandemia, y todavía tardará entre seis y diez meses en solucionarse. Esto está provocando que falten autos en todo el mundo porque la producción no lograr satisfacer la demanda.
En Estados Unidos, por ejemplo, hay demoras de varios meses para acceder a un 0km. Esto está provocando una suba de precios sin precedentes. En los últimos doce meses, los valores de los autos nuevos crecieron más de 11%. Esto impactó también en el segmento de los usados con incrementos de más de 30% en un año. Las automotrices reconocen que este problema está beneficiando sus balances.
Toyota Motor y Honda Motor se mostraron, la semana pasada, optimistas sobre sus perspectivas de beneficios para todo el año, ya que el escaso suministro de vehículos provocado por la escasez de chips permitió a los dos mayores fabricantes de automóviles de Japón cobrar más a sus clientes.
Toyota y Honda, al igual que otras automotrices, están recortando la producción porque no encuentran suficientes semiconductores en medio de las interrupciones de la cadena de suministro relacionadas con el COVID y la competencia por el componente clave con otras industrias, como la electrónica. Sin embargo, una menor producción significa que sus clientes están más dispuestos a comprar autos con menos incentivos financieros que las firmas suelen ofrecer para atraerlos.
"Estamos viendo una nueva reducción del 10% de los incentivos en Norteamérica durante la segunda mitad del año comercial, después de que antes se redujeran a la mitad, hasta los 1.000 dólares", dijo Kohei Takeuchi, director general de Honda.
La situación se replica en los fabricantes europeos, que ven mejorar su rentabilidad ante la escasez de productos. En la Argentina, la mayoría de las terminales sufren en carne propia esta crisis de los chips. Por operar en un mercado marginal, lejos de los países centrales y con un volumen exiguo, están a la cola en la lista de espera de semiconductores. Las casas matrices dieron directivas de priorizar la producción en los países más importantes a costa del resto. Esto impacta directamente a las fábricas locales.
La semana pasada, una de las automotrices más importantes de la Argentina tuvo que suspender la producción durante tres días por falta de insumos importados. En otros casos, las paradas en la línea de montaje son permanente por problemas logísticos. Trabajan algunas horas y deben cesar la actividad hasta la llegada de piezas. Otra terminal necesitan aumentar el ritmo de fabricación, pero no lo hace porque no puede garantizar la provisión de autopartes. Todo es una cadena que se genera por el problema de fondo que es el desabastecimiento de chips. Hay que recordar que más del 70% de las piezas que se utilizan para fabricar un auto en la Argentina llegan del exterior.
Este techo que está poniendo a la actividad la escasez internacional de semiconductores está tapando el problema más serio que tiene el país que es la falta de divisas.
Cuando dentro de unos meses esta situación tienda a normalizarse y las fábricas locales busquen subir el ritmo de producción para cubrir la demanda que están teniendo -especialmente para la exportación – se verá hasta dónde el Banco Central tendrá capacidad de entregar divisas.
Las automotrices reciben un cupo de dólares para cubrir tanto las necesidades de importación de piezas como de vehículos. Desde el Gobierno Nacional aseguran que los dólares para la industria no van a faltar. Todas reconocen que deben sacrificar la llegada de modelos del exterior debido a que las divisas que reciben apenas alcanzan para cubrir el abastecimiento de insumo para mantener la plantas produciendo.
Como hoy existe ese techo que impone la falta de chips, sumado a la decisión de las casas matrices de privilegiar los mercados más importantes, la falta de divisas queda en un segundo plano. Hacia finales de año, se sabrá si habrá dólares suficientes. Ya no se podrá poner la excusa de la crisis de los semiconductores